Si bien, como hemos dicho ya y como se verá más adelante, la doctrina del Sagrado Corazón hunde sus raíces en los propios orígenes del cristianismo, su formulación expresa fue ante todo objeto de revelaciones privadas. Lo cual se explica por el hecho mismo de su importancia, debida a su carácter totalmente «interior», como señala justamente H. Montaigu en su excelente libro sobre Paray. El cristianismo tiene por dogmas oficiales los misterios, que, por otra parte, son también los arcanos de la vida contemplativa; Cristo desveló algunos desde el comienzo; los demás, poco a poco, en el transcurso de la historia de la salvación. Este es el caso del «misterio del Corazón». Y así se explica su carácter escatológico: la revelación de este misterio, que es el centro más interior de todo el misterio de Cristo, estaba reservada al período del «Fin de los tiempos», o dicho de otro modo, al fin del ciclo de nuestra humanidad. Eso es lo que se desprende de una revelación recibida del apóstol San Juan por Santa Gertrudis (siglo XIII). La santa le preguntó por qué no había escrito nada sobre el corazón de Cristo; San Juan le respondió: «Mi misión era anunciar a la Iglesia naciente la doctrina del Verbo increado de Dios Padre; pero, por lo que se refiere a este Corazón sagrado, Dios se reservó hacerlo conocer en los últimos tiempos, cuando el mundo comenzase a caer en la decrepitud, para reavivar la llama de la caridad ya enfriada.
Por eso, muy al contrario de no ser más que una devoción entre otras, el culto al Sagrado Corazón, que viene de lo más profundo del cristianismo, aparece como la tentativa, por parte del Cielo de enderezar y renovar toda la tradición cristiana, en el campo de la espiritualidad individual, por supuesto, pero también, cosa que suele olvidarse o incluso ignorarse, en el campo intelectual y en el campo social. (Jean Hani, El Culto al Sagrado Corazón. Mitos Ritos y Símbolos)

 

Confieso que no tengo muchas devociones, pero una de estas pocas es el Sagrado Corazón de Jesús, por lo que he ido recogiendo documentación, libros e información diversa sobre Él. Hablar del Sagrado Corazón de Jesús es hablar de Cristo mismo como centro y sentido de todo lo que existe y por lo tanto, centro de nuestra vida. 

Seguramente a muchas personas les parezca que este tipo de devociones están pasadas de moda y que son entretenimiento de personas mayores sin gran cultura. Nada más lejos de la realidad. Las devociones son caminos actualizados de acceso a los misterios que nuestra fe nos señala. 

Santa Gertrudis la Grande (12561301) fue una religiosa benedictina alemana de gran cultura filosófica y literaria. Fue una de las primeras personas a las que se reveló el Sagrado Corazón, varios siglos antes de que  Santa Margarita de Alacoque (16471690) difundiera la devoción de forma definitiva. 

Quizás la pregunta más directa que nos podamos hacer, desde nuestro utilitarismo postmodeno, sería ¿Qué nos aporta el Sagrado Corazón en pleno siglo XXI? Jean Hani, estudioso del tema, señala la razón de que el Sagrado Corazón no fuese revelado antes: “Dios se reservó hacerlo conocer en los últimos tiempos, cuando el mundo comenzase a caer en la decrepitud, para reavivar la llama de la caridad ya enfriada” y esta razón es válida para la época que nos ha tocado vivir. La llama de la caridad cristiana no goza de sus mejores momentos. Muchas personas se preguntan qué nos aporta el cristianismo que el buenismo relativista no nos ofrezca de forma mucho menos comprometida. La sociedad nos muestra que el buenismo es a lo que deberíamos aspirar y por desgracia, muchos cristianos han tomado esta bandera sin pararse a pensar. ¿Qué deberíamos pensar? ¿No se trata de ser buenos? 

Cristo nos señaló dos pasos adicionales que van más allá del buenismo: el misericordia y la santidad. La misericordia conlleva padecer junto a los que sufren y actuar para que el sufrimiento desaparezca o sea el mínimo posible. La santidad, da un paso más allá, puesto que conlleva caridad, que es el amor que nos une a Dios. Hablar de santidad suena a otro siglo, no lo niego, pero no se debe a que esta palabra se haya borrado de las Sagradas Escrituras, sino a que procuramos no encontrarnos con ella. 

Si dejamos a un lado el envoltorio sentimental que el romanticismo ha dado a la palabra corazón, nos damos cuenta que hablar de corazón es hablar de centro, sentido y objetivo. El Sagrado Corazón de Jesús nos señala la centralidad de Cristo y la necesidad del equilibrio en nuestro ser. Nos señala que fe, esperanza y caridad son imprescindibles para el cristiano que busca el don de la santidad. Orar al Sagrado Corazón de Jesús es orar solicitando la misericordia a Cristo mismo con las palabras de la oración del Corazón: 

Jesuscristo, Hijo de Dios, ten piedad de mi, pecador 

¿Qué nos aporta el Sagrado Corazón en pleno siglo XXI? Nos aporta un signo que nos sirve de referencia en nuestra fe, esperanza y caridad. Un elemento central que nos equilibra en nuestra vida cotidiana y de fe. Nos aporta un signo interior visible que hace presente la definición que San Juan hizo de Dios: “Dios es Amor