Año del Señor 2018
26 de agosto 
 
Hola, buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.                              
 
NO INTERPRETES, PREGUNTA
 
Acabamos de terminar de rezar Laudes, la oración de la mañana. Mirando al coro de enfrente, me he encontrado a cuatro monjas orando y dando gloria y alabanza a Dios. Mirándolas me he dado cuenta de lo distintas que son cada una. 
 
Cada hermana estaba sentada de una manera, empezando por los pies: una los tenía juntos; otra, separados; otra, encogidos para dentro, y la otra vueltos uno hacia otro...
 
He seguido subiendo la mirada y he visto que en sus manos tienen el breviario todas, pero cada una abierto de una manera, y la altura de las manos es en todas distinta. 
 
Después, fijándome en sus caras, me he dado cuenta de que cada una estaba orando de manera diferente: una con los ojos cerrados, otra mirando el libro... 
 
Y he dado gracias al Señor porque nos ha creado diferentes. Es un misterio: no ha querido personas iguales; cada uno tenemos nuestra impronta y todas son válidas y buenas. Me daba cuenta de la riqueza de ser diferentes, porque en esa diferencia es donde te complementas.
 
Sin embargo, también hay que ser realistas y reconocer que en la diferencia es donde saltan chispas. Sí, el ser diferentes es una fuente de oportunidades para aprender a vivir, pero también es lo más difícil. 
 
Creo que en la convivencia hay varias normas que no debemos saltarnos, y que Jesús siempre tuvo en su vida. Una de las más importantes es que nunca interpretó, sino que preguntó. Cuando los enfermos se le acercaban, Jesús lo que hacía era preguntar: “¿Qué quieres que haga por ti?” No interpretaba, dejaba que la persona se expresara.
 
Pero lo que a mí me pasa es que muchas veces interpreto... y el resultado es que me equivoco. Anoche una hermana dijo: “Qué frío hace“. Rápidamente otra se levantó y cerró la ventana, mientras otra le ofreció una chaqueta. En realidad, si escucho bien, me daré cuenta de que solo ha dicho que hace frío, pero yo puedo interpretar que quiere que cierre la ventana o que le pase una chaqueta. Y, por supuesto, estas interpretaciones fallaron, porque la hermana no quería nada de eso, solo era un comentario. 
 
Pero lo curioso fue la reacción de las demás, diciendo que no cerrasen la ventana, que no era para tanto. Total, que en un minuto no te imaginas la que se lió por interpretar el comentario (hecho con buena voluntad, eso no lo dudo) de “qué frío hace”. 
 
Las interpretaciones son lo que más daño hace a la convivencia, ya que, por una parte, muchas veces te puedes equivocar; y, además, no aprendes a hablar sencillamente. 
 
Por eso, daba gracias al Señor, porque me daba cuenta de que Jesús, aun sabiendo lo que tenemos en el corazón, nunca nos va a interpretar: quiere que seamos nosotros los que se lo digamos sencillamente.
 
Hoy el reto del amor es no interpretar y preguntar. Seguro que hay cosas en tu vida que te cuesta entender, y no comprendes por qué el Señor actúa así; pero te invito a que no Le interpretes, hoy pregúntale a Él. Después mira a tu alrededor y descubre la belleza del día que tienes por delante. No interpretes al otro; cambia la interpretación por amor y pregunta. Seguro que encontrarás muchas buenas sorpresas.
 
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¡Feliz día!
 
 
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