Por primera vez en la historia un Papa renuncia libremente y si presiones  al Pontificado.

Para mí no es un adiós con nostalgia sino lleno de gratitud.

Gracias por tus ocho años de ministerio; los has realizado con una vocación exquisita; sabemos que no era tu estilo ni talante corretear de aquí para allá. Y tú, con gestos humildes, te has enfrentado a muchedumbres en muchos países.

Gracias por tu palabra luminosa en estos ocho años de Pontificado. Tu palabra entrañable nos hecho fácil de entender lo que era difícil.

Gracias por haber afrontado los problemas de la Iglesia con valentía. Por no amilanarte en las noches de zozobra cuando parecía que el Señor dormía.

Gracias porque has aguantado hasta el límite de tus fuerzas físicas.

Gracias porque tus últimas palabras en Castel Gandolfo iluminan, no solo tu recorrido humano y espiritual, sino el de todos los creyentes y de todos los hombres: “Ahora solo soy un peregrino en su última etapa sobre la tierra.”  FELIZ VIAJE PEREGRINO. Un día nos encontraremos al final del camino.

Gracias por certificarnos, de nuevo, que la barca de Pedro la guía el Señor Jesús y no el Papa. Que pertenece al Señor Jesús y no al Papa.

Gracias por tu generosidad en el agradecimiento. Ni una palabra de reproche para los que no te sirvieron con fidelidad.

Gracias por las palabras de tu última audiencia pública con el pueblo de Dios:

    “Es cierto que recibo cartas de los grandes del mundo: de los Jefes de Estado, de los jefes religiosos, de los representantes del mundo de la cultura, etc. Pero recibo también muchísimas cartas de personas sencillas  que me escriben simplemente desde su corazón y me hacen sentir su afecto, que nace estar juntos en Cristo Jesús, en la iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe, por ejemplo, a un príncipe o a un grande que no conocen. Me escriben como hermanos y hermanas o como hijos e hijas , con el sentido de una relación familiar muy afectuosa.

Aquí se puede tocar con la mano qué cosa es la Iglesia: no es una organización ni una asociación de fines religiosos o humanitarios; sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Experimentar la Iglesiade este modo y poder tocar con las manos la fuerza de su verdad  de su amor es motivo de alegría, en un tiempo en que tantos hablan de su declive…

 He podido experimentar y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la vida justamente cuando la dona… El Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas en todo el mundo, y se siente seguro en el abrazo de su comunión; porque no se pertenece más así mismo, pertenece a todos y todos pertenecen a él.

El “siempre” es también para “siempre”: no se puede volver más a lo privado. Mi decisión de de renunciar al ejercicio activo del ministerio no revoca esto. No vuelvo a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, recibimientos, conferencias, etc. No abandono la cruz, sino que quedo de modo nuevo ante el Señor crucificado.”

 

¡¡¡BRAVO, BRAVÍSIMO!!!