Respeto escrupulosamente la decisión de Benedicto XVI de poner fin a su pontificado, pero confieso que su asombrosa renuncia sigue inquietándome, y mucho.
Creo, al decir esto mismo, no ser una “oveja negra” del redil sino compartir el sentir de muchas otras almas huérfanas del guía que hasta ahora las apacentaba en nombre de Cristo, el gran Pastor.

Me pregunto si la inesperada y grave decisión no habrá tenido algo que ver, aunque sea remotamente, con amenazantes cuervos o con lobos hambrientos que asediaban con sus fauces al sufriente pastor. Es evidente que los escándalos de pederastia o el llamado “caso Vatileaks”, sin ir más lejos, no proceden de Arriba sino de las abrasadoras calderas de Pedro Botero; no del rayo de Dios, sino del humo más negro de Satanás.
 
El propio Pablo VI ya advirtió en su día que “el humo de Satanás” se había infiltrado en las entrañas de la Iglesia. ¿Puede sorprenderse alguien entonces de que el demonio trate de enredar hasta lo indecible?

Recuerdo en estos amargos días de Cuaresma la entrevista que mantuve en Roma con el exorcista oficial del Vaticano, don Gabriele Amorth, el 25 de octubre de 2011, recogida en mi libro Así se vence al demonio (LibrosLibres).
Amigo del Padre Pío, por quien llevó la talla original de la Virgen de Fátima en helicóptero hasta San Giovanni Rotondo en agosto de 1959, para que la Madonna curase milagrosamente al capuchino desahuciado por los médicos, don Gabriele Amorth es tal vez el exorcista que más veces ha combatido cara a cara con el diablo.
 
Al preguntarle cuántos exorcismos había realizado desde que el cardenal Ugo Poletti, vicario del Papa en la diócesis de Roma, le nombró para tal fin en 1986, Amorth me respondió categórico: “Más de setenta mil… aunque de personas –matizó- muchos menos, pues a una misma la he exorcizado centenares de veces”.

Entonces, le formulé la pregunta que ahora más interesa:
-¿Hay sectas satánicas en el Vaticano?
-No puedo afirmarlo con rotundidad, pero tampoco puedo negarlo –contestó él.
-Pero usted –insistí yo- ha asegurado en alguna ocasión que entre los miembros de sectas satánicas figuran sacerdotes, obispos y cardenales, y que incluso el Papa ha sido informado de ello…
-Ciertamente, el Vaticano no se libra de las tentaciones del demonio. Se ha publicado un libro titulado Via col vento in Vaticano [Lo que el viento se llevó en el Vaticano], escrito por un antiguo empleado del Vaticano que fue a la cárcel, donde se describen con todo lujo de detalles las indecencias allí cometidas. El autor, que ha pasado casi toda su vida en el Vaticano, asegura también que la mayoría de los que trabajan entre sus muros lo hacen para gloria de Dios pero, por si acaso, alguien se ha encargado de retirar el libro de los puntos de venta.

“En el Vaticano –agregó Amorth- son maestros consumados en hacer desaparecer ciertas cosas de la circulación. Fíjese, si no, cómo acabó la noticia de la muerte de los guardias suizos en el Vaticano. Se acusó falsamente a uno de ellos de estar detrás. La madre de ese joven intentó en vano llegar al fondo del asunto para restituir el buen nombre de su hijo. Pero cada vez que reivindicaba justicia, se topaba con una barrera infranqueable. Como digo siempre, donde hay personas humanas también hay defectos humanos. Existen en todas partes. También en el Vaticano, y no debe sorprendernos”.

Y el demonio, que nadie lo olvide, es un consumado experto en trabajar las debilidades humanas.
 
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Espero que le guste. Gracias.