Leo hoy mismo en un periódico de tirada nacional: “Conjuros, ritos, sortilegios… para atraer a la suerte” en la Lotería de Navidad.
“En los últimos años –añade el rotativo- ritos y conjuros navideños se han hecho cada vez más fuertes. Incluso en las propias administraciones que contratan a medium para que alguno de los números que hayan vendido sea el agraciado con El Gordo”.
 
Magia, brujería, cartomancia, santerías (donde se venden “güijas” como si fuesen tableros de parchís) –rendijas por las que se cuela Satanás, según me advertía en Roma don Gabriele Amorth, exorcista oficial del Vaticano- proliferan hoy en España como champiñones, desafiando constantemente a Dios.
 
La voz más valiente en este sentido fue la del beato Juan Pablo II, expresada a los obispos de las provincias eclesiásticas de Valladolid y Valencia el 23 de septiembre de 1991:
 
“También entre vosotros –advirtió el Papa entonces- se está produciendo, por desgracia, un preocupante fenómeno de descristianización. Con frecuencia, la indiferencia religiosa se instala en la conciencia personal y colectiva, y Dios deja de ser para muchos el origen y la meta, el sentido y la explicación última de la vida. Frente a este neopaganismo, la Iglesia en España ha de responder con un testimonio renovado y un decidido esfuerzo evangelizador”.
 
Más claro, agua: Juan Pablo II alertaba así de que España, antiguo bastión evangelizador, necesitaba ahora más que nunca ser evangelizado. Terrible paradoja. Sin ser catastrofista ni apocalíptico, sino ciñéndome exclusivamente a los hechos, una abrumadora mayoría coincidirá en que las cosas están mal o muy mal en España, pero sólo una minoría reconocerá por desgracia que el origen de todo es haber renegado de Jesucristo. De ahí precisamente las fatales consecuencias: el crimen execrable del aborto, la perversión sexual, el aumento de los suicidios y del consumo de estupefacientes, la agresividad, la división y el odio interterritoriales, la falta de honradez de los políticos… ¿No es al fin y al cabo la crisis económica consecuencia de la crisis moral? ¿Es posible construir una sociedad mejor si se falta continuamente a la caridad en un país donde reina la envidia? Y no sólo la envidia, sino todos y cada uno de los siete pecados capitales que Satanás es un consumado experto en explotar.
 
Diez años antes que Juan Pablo II, el 1 de mayo de 1981, la Virgen de los Dolores ya lo advirtió a Luz Amparo Cuevas en Prado Nuevo de El Escorial, donde el cardenal Rouco ha autorizado la construcción de una capilla en la que se celebra ya la Santa Misa a diario y se adora al Santísimo:
 
“No dejéis de rezar el Santo Rosario. Diles que, si no me escuchan, habrá muchas muertes y la Iglesia irá decayendo; no habrá trabajo y sí muchas miserias, sobre todo en España…".
Al cabo de diez días, Luz Amparo escuchó cómo la Virgen le insistía sobre el negro panorama que se cernía sobre España si sus habitantes seguían ofendiendo a Dios: “Acercaos más a la Eucaristía. Sed constantes en recibir el Cuerpo de Jesús. Pedid por la paz de España, especialmente por el País Vasco”.
Y eso, por no hablar de los mensajes marianos de La Salette (Francia), Akita (Japón) o Kibeho (Ruanda), que cuentan con el beneplácito de la Iglesia. Aunque quien quiera buscar excusas, siempre las encontrará…

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Espero que le guste. Gracias.