Ya he pasado por muchas ocasiones en las que el mundo se iba a acabar de forma inminente. Recuerdo los años 1986, 1992, 1999, 2000, que fueron algunas de las “apuestas” seguras que se obtenían descifrando las profecías de Nostradamus, San Malaquías y otros muchas provenientes de todas partes del mundo. Ahora, en 2012, nos toca otra vez volver a pasar por lo mismo. ¿Por lo mismo? 

Claro. Pasar por la venta de libros sobre el tema, conferencias de videntes e iluminados, programas de radio y TV sobre el tema. Esto produce que haya personas que, en su inocencia, sienten miedo y se dejan llevar por la corriente de temáticas de la Nueva Era mezcladas con esoterismo barato y profetismo de andar por casa. 

Hoy me ha escrito una amiga contándome que sentía angustia por las noticias que le llegan desde amigos y grupos aparentemente católicos. Dicen ser católicos, pero se desmarcan de la enseñanza de la Iglesia, lo que es un evidencia de engaño. ¿Qué podemos decir al respecto? 

Lo primero es que en las Sagradas escrituras está claro que nadie sabe el día ni la hora: 

Pero el día ni la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre... Por tanto también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis»” (Mt. 24, 36, 44) 

Cristo deja claro que muchas personas se aprovecharán de la inocencia de quienes están predispuestos:

Estando luego sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a él en privado sus discípulos, y le dijeron: «Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo.» Jesús les respondió: «Mirad que no os engañe nadie. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: "Yo soy el Cristo", y engañarán a muchos.  Oiréis también hablar de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado, no os alarméis! Porque eso es necesario que suceda, pero no es todavía el fin” (Mt 24, 3-6)

 En el caso de que el fin del mundo fuera dentro de tres días ¿Qué hemos de temer? ¿No oramos continuamente pidiendo al Señor que vuelva? ¡Marana-tha Señor! ¿De dónde parte el miedo?

El miedo parte de la ignorancia y sólo se puede enfrentar si nos tomamos en serio formarnos y entender qué será el fin de los tiempos. Ahora que estamos en Adviento, cercanos a la Navidad, deberíamos estar llenando nuestros espíritus de Esperanza. Esperanza y felicidad, porque Dios nació y lo esperamos de tres formas diferentes: 

1.     En los sacramentos y particularmente, en la Eucaristía, recibimos a Cristo en nosotros mismos. Cuando dos o más nos reunimos en Su Nombre, El está entre nosotros.

2.  En cada Navidad y en cada Pascua, Cristo se hace presente entre nosotros con especial fuerza.

3.   Al final de lo tiempos, cuando venga en su gloria para cumplir la promesa de vida eterna ¿Qué hemos de temer si es lo que más esperamos?

Volvamos al miedo ¿Por qué el miedo se nos cuela con tanta facilidad? Primeramente porque tenemos poca Fe, nos falta la Esperanza que nos alimenta y nuestra Caridad se resiente al mirar únicamente nuestros intereses. ¿Quién es el más interesado en que el miedo nos invada?

El maligno es el más interesado, ya que el miedo corta de raíz la Esperanza que nos sustenta en el día a día. Si después de que pase el fatídico día, vemos que no ha sucedido nada, nos sentiremos engañados en nuestras creencias. Creencias que no son las de la Iglesia, pero que rápidamente asimilamos como tales. Es decir, tendemos a alejarnos de aquello que aparentemente nos creó angustia injustificada y asimilamos que la Iglesia es la que nos ha transmitido ese mensaje. 

Por desgracia este plan se escenifica cada pocos años y arrastra a más personas de las que creemos. Sobre el tema, el Papa nos hizo llegar algunas indicaciones certeras: (18 de noviembre del 2012) 

"Jesús no se comporta como un adivino. Al contrario, quiere eliminar en sus discípulos de cualquier época la curiosidad por las fechas, las previsiones y quiere darles una lectura profunda, esencial e indicarles la vía justa sobre la que caminar para llegar a la vida eterna"