Desde Chiclayo (Perú), el sacerdote D. Jorge Clavijo que ejerce allí su sagrado ministerio, nos escribe sobre la película "Visión" acerca de Santa Hildegarda. Contra lo que nuestra supina ignorancia suponía, Chiclayo no es una aldea de la selva amazónica sino la cuarta ciudad del Perú, con más de medio millón de chiclayanos, cuya amabilidad y cortesía se han ganado el honroso título de "Ciudad de la Amistad". Don Jorge nos adelanta que, la verdad, a él la película no le ha gustado mucho, y nos pide que la comentemos.

Y no es de extrañar que no le haya gustado porque, dejando aparte la perfección técnica esperable en una película alemana que además tiene una directora de campanillas como Margarethe von Trotta, el filme resulta difícilmente digerible por diversas razones. No vamos a hacer la reseña que nos pide Don Jorge, porque para eso seguro que hay gente mucho mejor preparada, pero vamos a tratar de aclarar algunos puntos que son chocantes para cualquiera, y que desde luego no son justificables desde el punto de vista del historiador:

En primer lugar, en esta película se saludan con besos en los labios, y así se besan el padre de Hildegarda y el abad benedictino, la madre y la hija, la tutora y la novicia, Hildegarda con Fólmar y hasta con la agonizante Jutta. En un momento dado, Hildegarda corre a besar en los labios al monje Fólmar, su confesor y su escriba. En todo el filme solo hemos visto un beso en la mejilla.

Pero no piensen Vds que eso es alli lo normal. Nuestra impresión es que en Alemania los besos de saludo son más bien raros, y que el beso se lo guardan para momentos más íntimos. La madre alemana de un amigo mío, nativa de esa zona del Rin, no besó a su hijo en toda su vida, así, como suena. De modo que si a nosotros nos choca mucho tanto beso en los labios a sangre fría, allí ha tenido que chocar mucho más. Y es que la directora y autora del guión probablemente haya querido dar deliberadamente esa impresión. Pero que quede claro que no es eso lo que se desprende de las fuentes históricas, que son abundantes, inequívocas e incuestionables, y dudamos que se desprenda de ninguna otra fuente de la Alta Edad Media cristiana.

Otro aspecto chocante de la película que ha provocado rechazo en alguna espectadora es la secuencia del Auto Sacramental que Santa Hildegarda prepara a una abadesa visitante. Como en ningún momento se dice que se trata de un auto sacramental (tal vez porque en alemán no exista ese concepto) una sorprendida y acongojada espectadora se nos quejó de que las monjas bailaban en camisa en torno a un fraile.

No está mal realizada la secuencia en la que las monjas escenifican el Ordo Virtutum, la victoria de las virtudes contra el demonio que la directora del filme ha querido encarnar en el bendito Fólmar. Lo que pasa es que ninguna fuente histórica autoriza a suponer que las monjas representaran en camisa y destocadas en presencia de Fólmar. Más bien se hubieran puesto lienzos blancos y guirnaldas encima del negro hábito y la toca benedictinas. Tampoco es de recibo presentar a Fólmar dentro de la clausura entre las monjas, cuando las miniaturas lo ponen claramente al otro lado de la reja. Por otra parte, hacerle representar el papel de demonio es una concesión a inveterados prejuicios luteranos o invencibles tendencias antimasculinas. El Ordo Virtutum forma parte del libro Scivias, y no fue un producto elaborado para agasajar a una visitante ilustre.

Hildegarda dictaba lo que le inspiraba la Luz Viva (entre ello, el auto sacramental) y si se desmandaba, la Luz la prostraba en cama medio muerta. Eso es lo que dicen las fuentes, guste o no guste, y no hay derecho a ignorarlas.

Otra alegría de doña Margarethe es que las monjas se crucen en el claustro con los monjes, de cuyo cruce u otros más clandestinos termina saliendo en la pelicula un embarazo y un suicidio. Los monasterios dobles -y recordemos de paso que Castilla nació y se formó gracias a ellos- planteaban una situación delicada porque ya dice nuestro viejo romance que el hombre es lumbre y la mujer estopa y el diablo sopla. Por eso desde el principio se aplicó la sabia norma de que entre santa y santo, pared de canto.

Las fuentes históricas dicen claramente que las monjas de San Disibodo estaban en una clausura aneja al monasterio, y clausura es la palabra latina que significa cerramiento. Asi que de paseos por el claustro, nada. Las fuentes no lo especifican, pero puede suponerse que las monjas tuvieran su propio huerto para recreo y cultivo, así como una reja para el confesionario como lo pintan las miniaturas y un torno para comunicarse con el mundo exterior. De paseos por el claustro, nada. Y de monja embarazada y suicida (que desde luego es posible, siendo como es la naturaleza humana caída) lo menos que se puede decir es que hubiera sido muy difícil, como nos recuerda el chasco de Felipe IV que ya contamos al hablar de la pechina del Convento de San Plácido de Madrid. No conocemos tan bien las fuentes históricas como para saber si tal vez en alguna carta suya se dice algo por el estilo, pero lo dudamos muchísimo, y es de temer que sea otra alegría de doña Margarethe.

En dos o tres momentos, la película sugiere que Santa Hildegarda tuvo una cultura libresca importante y que era un ratón de biblioteca, amén de una botánica experimental y una científica en ciernes. Lo que pasa es que las fuentes no solo desautorizan esta suposición sino que dicen justamente lo contrario. Por dos veces, a sus cuarenta años largos, en el prologo del Scivias, y al final de sus días, Santa Hildegarda dejó bien claro que a ella solo la habían enseñado el Salterio; no había recibido instrucción alguna, ni tenía laboratorio, ni andaba haciendo ensayos con hierbas.

Santa Hildegarda dice cosas que solo han llegado a saberse en el siglo XIX o XX, y por otra parte, la mayoría de lo que dice sobre plantas y minerales es radicalmente distinto de los tratados de entonces y de la farmacopea actual. Santa Hildegarda no copió ni pudo copiar la danza de las bacterias que convierten el oxido ferroso en férrico, ni la bajada de las ballenas al fondo del mar. Si, como dice en la pelicula, le llegaron los libros del obispo de Upsala, que viajaba con biblioteca, seguro que no fueron fuente de inspiración, sino que tuvieron que darle mucha pena.

Lo que pasa es que si no se acepta que la sabiduría de Hildegarda era revelada, hay que buscarla otro origen, y entonces hay que ponerse a inventar. Pero las fuentes no dicen nada de eso.

Cada una de las herejías que han rasgado la Cristiandad ha dejado en herencia una cebolleta que renace una y otra vez en forma de prejuicios. Aquí, Margarethe von Trotta, guionista y directora de este filme, nos ha pintado los monjes e inquisidores con la misma generosa intención conque Goya los puso en los caprichos, de modo que, quitando a Fólmar, no se salva ni uno por sus caras y actitudes. En la película, Hildegarda lleva adelante la fundación del monasterio de San Roberto en Binguen gracias al apoyo de la marquesa, cuando la verdad es que fue un concilio casi universal y cuatro papas la dieron la razón, y dos arzobispos de Maguncia la levantaron el entredicho. Todos ellos varones, por supuesto.

Por último y para no extendernos más, un poco de justicia para sor Ricarda de Sponheim, la escriba tuerta de Santa Hildegarda, cuyo parche negro en el ojo no ha recogido el filme seguramente por exigencias del guión. En la película, Hildegarda quiere entrañablemente a sor Ricarda, lo cual es cierto; y apela al Papa para que no se la lleven de abadesa a otra parte, lo cual también es cierto. Finalmente, a Hildegarda la da una egoísta pataleta de celos con sabor a enamoramiento prohibido, lo cual es fábula y se debe a la fértil imaginación de doña Margarethe; da morbo a la película pero nada tiene que ver con la verdad histórica.

En fin, que esta película "Visión" es insidiosa en cuanto presenta como hechos rasgos que solo son prejuicios y conjeturas de la ilustre guionista. Una lástima, porque no era necesario. La vida de Santa Hildegarda hubiera dado para mucho más y mejor, más movimiento, más acción y, sobre todo, más verdad.

(Más sobre las fuentes acerca de la vida de Santa Hildegarda en: www.hildegardiana.es
José María Sánchez de Toca.
Rafael Renedo