“Escribí a todos llorando que me hacía sacerdote, mientras sentía una gran paz.”

Fuente: Ana Minguella. BBC


-A los 14 años lo echaron de la selección catalana por mal comportamiento y en el colegio estuvieron a punto de expulsarlo.

- El libro Medjugorje, el triunfo del corazón, de Sor Emmanuel, una peregrinación a Medjugorje y un desamor fueron la mecha que encendió su vocación.

-Se marcha a Bélgica a estudiar idiomas.



Tras escapar de los dictados de su corazón, sentir miedo ante la vocación, no comprender nada y pedir una prueba a Dios, el jugador olímpico de hockey sobre hierba, Carlos Ballvé, “Litus” (Terrassa, 27 años) ha declarado al diario que escribió llorando a todos sus amigos diciéndoles que se iba a hacer sacerdote, “porque no me atrevía a hacerlo personalmente”. Mientras escribía el correo, sintió “una gran paz”.

Y es que el más sorprendido era él. A los 14 años, le echaron de la selección catalana de hockey sobre hierba por mal comportamiento,en el colegió Viaró (San Cugat) estuvieron a punto de expulsarle y en la selección le llamaban constantemente la atención por su actitud.

A los 16 años saltó al equipo de primera división juvenil y cambió su estilo de vida… “Ganaba 500 euros al mes, no tenía gastos y empecé una vida de viajes, dinero, diversión y malas compañías”. A los 17 entró en la Sub-21 y paralelamente iba de fiestas. Aún así, “todos los domingos me levantaba para ir a Misa a pesar de haber ido de juerga, aunque llegaba al final de la homilía, me sentaba en el último banco y no comulgaba”. Un domingo, un compañero de juergas ateo quiso acompañarle. “Dejó mucho dinero en el cepillo porque la iglesia estaba llena de chicas guapísimas y le dio un subidón”, recuerda Carlos divertido.

A los 18 años, empezó la carrera de Periodismo. “Iba de desastre en desastre, ya que además de ser mal estudiante, como deportista de élite tenía muchos cambios de clases y de exámenes a causa de los entrenamientos”. Y así llegó al verano de 2005, con el Mundial Sub-21 de Holanda en puertas. “En el equipo teníamos mal rollo y eso se notaba en el juego, por eso ví que mi sueño se volatilizaba”.

Cabizbajo, entró en su casa y vió encima del mueble del recibidor ellibro “El triunfo del corazón”, de Sor Emmanuel, una monja de la Comunidad de las Beatitudes con sede en Medjugorje (Bosnia y Herzegovina). Ese mismo día, su padre le pidió que le acompañara a una peregrinación a ese pueblo bosnio, donde la Virgen se aparece desde hace más de 30 años a tres videntes, de los seis que la veían inicialmente.

El domingo Litus se fue a Misa y le pidió a Dios: “Si me arreglas el Mundial iré a Medjugorje, leeré el libro y rezaré un Rosario”. Quedaron en tercer lugar y “fuimos la mejor media del mundo”, así que cumplió sus promesas. El primer día en Medjugorje “fue horrible porque sólo se rezaba, así que volví a Barcelona y seguí haciendo el crápula”.

Una noche de borrachera al volver en taxi a casa, oyó una voz que le decía “tú no eres feliz, puedes escoger, pero pasé página”. En verano de 2006 volvió con una novia “guapísima y con mucho dinero”. Ella le dejó y Carlos se refugió llorando en su madre, quien le dijo dos cosas que le marcaron: “ahora entiendes que sentían las chicas que dejaste” y “nunca encontrarás a la madre de tus hijos bailando encima de una barra a las 6 de la mañana”.

A este desamor se sumó la muerte de su abuela y empezó a pasarlo muy mal. “Hice ayuno, empecé a rezar y por primera vez vino a mi cabeza la idea de hacerme sacerdote”, mientras le caían ofertas deportivas “muy suculentas”. Volvió a Medjugorje y en una adoración eucarística, oyó “no estás jugando limpio, Dios te pide más”. Y Litus contestó: “Lo dejo todo, dime qué quieres” y se quedó con “mucha paz”. A continuación, tres peregrinos le preguntaron en qué seminario estaba cuando aún no había contado a nadie su experiencia.

Tras esta peregrinación, Carlos Ballvé deja el deporte de élite y se va a jugar con un equipo de Bruselas (Bélgica) para que le paguen los estudios de idiomas “pues sé que es algo que necesitaré”. Dentro de un año volverá a Barcelona para ingresar en el seminario. Y sigue sonriendo feliz.