La regeneración social es tarea de todos. Y los cristianos tenemos el deber de promocionar los grandes valores morales que han configurado nuestro patrimonio cultural y religioso: vida, respeto, libertad, conciencia…

Ya he insistido varias veces en el respeto que se debe a las creencias y a las convicciones religiosas de los ciudadanos, sin lo cual no puede hablarse de una sociedad de progreso.

Los políticos deben ser conscientes de lo que la sociedad les ha encomendado. Deben ser responsables siempre, estén en el gobierno o en la oposición. Están en función del bien común. El Gobierno debe ser el abanderado en la lucha contra la corrupción; ni la oposición ni los periodistas. El Gobierno no se puede convertir en un acusado público ni en un encubridor de delincuentes. Nada de partitocracia; el bien común está por encima del bien del partido.

IR A LA RAÍZ

Uno mi voz, como cristiano y como obispo, a la de todos aquellos que están queriendo contribuir a la verdadera solución de nuestra problemática social. Y pienso: Si queremos que nuestra sociedad dé buenos frutos, y sabemos que sólo el árbol bueno los da, ¿no habrá que atender al árbol? Algo de esto ya dijo Jesús. Y aquí viene la pregunta ¿cómo empezar? ¿Dónde está la raíz?

EL MAYOR PROBLEMA

Desde mi punto de vista cristiano, creo que debemos encontrarnos todos en la verdad, la verdad del mundo, la del hombre y la de Dios. De lo contrario, todos nuestros esfuerzos serían inútiles. Y si nos preguntamos dónde está la verdad, para un cristiano no hay duda; en Jesús. Los no cristianos no lo verán así, pero busquemos juntos y si lo hacemos, quizá encontremos un camino que pueda unir nuestro trabajo: defender los derechos del hombre.

Cristianos y no cristianos vemos como algo fundamental la defensa del hombre, de todo hombre. Sería éste un fuerte punto de convergencia. Habremos de dialogar con claridad y sinceridad sobre cuestiones que nos separan.

¿Cómo veo el problema desde mi fe? Pues veo que en nuestra sociedad se está dando una desconexión entre la vida y el sentido religioso de la misma. Dios no cuenta y, no solamente no cuenta, sino que se le rechaza. El hombre actual no obra como quien ha de rendir cuentas de su actuar a un ser superior. Yo hago lo que me place, suele decir; soy libre. ¿Y qué es lo que busca? Pasárselo bien, asegurar su porvenir, enriquecerse con medios incluso injustos, con tal de que no me vean, no me pillen, no se enteren, no me denuncien. En otras palabras, se desconecta uno de la verdad de Dios, de la verdad de las cosas y de la verdad de sí mismo. Por otra parte desconecta libertad, de responsabilidad, Con ello se llega a situaciones que ni conducen ni pueden conducir a un progreso del hombre y de la sociedad, ni a metas nobles y positivas. Empezamos a vivir en la falsedad.

¿CUÁL ES EL CAMINO?
Es una constante en la Escritura: la vuelta a Dios. Primero, volviendo a Dios cada uno de nosotros. No hay soluciones globales sino personales. Y aquí entra el cumplimiento de las distintas responsabilidades, dando el testimonio de Jesús que estamos llamados a dar. Ahí está nuestra responsabilidad como cristianos.

Para mí, no son camino de solución algunos de los caminos que parece se están imponiendo en nuestro mundo: Fíjense si no, en las legislaciones que van apareciendo y que se van extendiendo por todo el mundo: la ampliación de las facilidades para abortar, la equiparación de las uniones homosexuales al matrimonio, incluso con la posibilidad de adoptar niños, la exclusión de la formación religiosa en las escuelas, la búsqueda de la libertad sin exigirse el cumplimiento de las responsabilidades y, sobre todo, en el prescindir de las normas morales en el enfoque de nuestras vidas; no son éstos caminos de solución.

¿Y la Iglesia? ¿Tiene o no, algo que decir? En el próximo artículo.

José Gea