Un mail de Austin Ruse, presidente de C-fam, sobre la conferencia Río+20 que acaba de concluir en Brasil me ha dado una alegría que comparto con vosotros.

El documento que se había consensuado previamente a la cita, impulsado por el gobierno brasileño, y que iban a firmar los jefes de Estado presentes incluía una serie de pasajes problemáticos. En concreto, las referencias a la igualdad de género y a la salud reproductiva hacían pensar que el documento iba a ser utilizado para presionar aún más a favor del aborto en aquellos países que aún mantienen alguna traba al mismo.

Pero aquí empezó lo divertido. Gracias a algunas personas y organizaciones, entre las que hay que destacar a Austin, algunos estados participantes empezaron a cuestionar el texto oficial argumentando que eso de los derechos reproductivos no tiene nada que ver con el desarrollo sostenible (al menos bien entendido). Lo que iba a ser una reunión de trámite con un documento ya pactado degeneró en intensas discusiones y negociaciones que acabaron por eliminar la referencia a los derechos reproductivos, causando la desolación de los grupos abortistas presentes en la conferencia de Río+20.

La lista de los países que lucharon hasta el final por el documento original, y de la que podríamos extraer interesantes conclusiones, es la siguiente: Noruega, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Perú, Bolivia, Uruguay, México, Islandia, Suiza e Israel. Lo que le da aún más mérito al éxito de quienes han estado en Río defendiendo la vida, pues tenían delante a algunos de los países más poderosos, empezando por los Estados Unidos de Obama, volcado en la promoción internacional del aborto.

En el bando de los buenos, encontramos a Rusia, Honduras, República Dominicana, Nicaragua, Chile, Siria, Egipto, Malta, Polonia, Costa Rica y el Vaticano, que sostuvieron frente a presiones de todo tipo que el aborto no sólo no ayuda a un teórico “desarrollo sostenible”, sino que mina sus bases. Enhorabuena a estos países que con su postura valiente han conseguido una importante victoria contra la cultura de la muerte.