Mi buen amigo y compañero en este medio. Manuel Morillo, la diferencia entre “patriotismo” y “patrioterismo”. Yo por mi parte hoy me propongo explicar la diferencia entre “patriotismo” y “nacionalismo”.
 
            Pues bien, en mi opinión, consiste el patriotismo en el sano y desinteresado amor a la que es la patria propia, un amor parecido, salvando las oportunas diferencias, al que se siente por el padre o por la madre. Como tal patriotismo, no tiene por qué entrar en conflicto con cualquier otro patriotismo, como nadie necesita odiar al padre de nadie para querer al propio. Ni necesita convencerse de que la patria propia es la mejor, como nadie que alcanza la pubertad necesita afirmar que su padre es el mejor del mundo para quererlo: es, simplemente, su padre, es simplemente su patria, y por eso lo quiere, y por eso la quiere. Por ser, ni siquiera es excluyente, y es perfectamente compatible con otros sentimientos similares. Es decir, para ser un buen patriota no es necesario dejar de querer junto a la patria propia a la propia región o a la propia ciudad, o incluso a otras naciones distintas de la propia.
 
            Una única limitación tiene el patriotismo, no poco importante. Y es que la patria, como el padre, como la madre, no se elige, viene dada. Se es buen patriota si se la quiere, como se es buen hijo si se quiere al padre y a la madre. No se es buen patriota si no se la quiere, como no se es buen hijo si no se quiere a los propios padres. Tan sencillo como eso. Pero nadie puede decir que es un buen patriota porque quiere a una patria que no es la suya, y menos aún por adorar una patria que se ha inventado a su tamaño y conveniencia. Como nadie puede decir que es un buen hijo porque quiere a un señor o a una señora que no son su padre o su madre: podrá decirse lo que se quiera de tal persona, menos que sea un buen hijo.
 
            Nacionalismo es, en cambio, otra cosa. Y bien diferente. Nacionalismo es poner el concepto de la nación que se entiende como propia en el centro de todo el pensamiento político, económico, social, cotidiano y hasta religioso, y condicionar toda la antropología personal a él.
 
            El nacionalismo sí necesita odiar a otros nacionalismos para afirmarse. El nacionalismo sí puede elegir entre una nación u otra. El nacionalismo sí puede diseñar su nación a la medida: más pequeña (como Cataluña respecto de España), más grande (como los Paisos Catalans respecto a Cataluña, como el III Reich). El nacionalismo sí puede llevar a quien lo practica a cerrarse al mundo para concentrarse en el estricto y celoso amor a lo que se considera la nación propia, convertido en centro de todas las cosas y única razón para vivir.

            Y matar ¿se puede matar por patriotismo o por nacionalismo? Pues bien sí, en ambos casos se puede. El patriota lo hará en defensa de la patria. El nacionalista puede hacerlo simplemente "para crear" su nación, sin necesidad ni de ser atacado: su fantasía interior lo justifica todo.
 
            Dicho en pocas palabras y para terminar: el patriotismo es un sentimiento, el nacionalismo una religión, donde Dios es la nación. Más aún: el nacionalismo es la enfermedad del patriotismo. Tanto que no conozco manifestación de nacionalismo en toda la historia de la que quepa extraer una sola lección positiva para la convivencia y la armonía de los seres humanos.
 
 
            ©L.A.
           
 
 
 
 
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