Ayer mismo hemos celebrado, y en esta columna nos hemos hecho eco de ello, el . Como el de la homofobia y la transfobia, se celebran a lo largo del año múltiples jornadas mundiales que sirven para que los medios se hagan eco de la causa en cuestión y para que los ciudadanos reflexionen y tomen conciencia sobre las tribulaciones e injusticias que recaen sobre determinadas comunidades humanas: , , los niños, los diabéticos, el SIDA, tantas y tantas causas justas cuando correctamente enfocadas, tienen ya en el calendario un día mundial.
 
            Existe en el mundo una comunidad que sufre como la que más, y cuando decimos como la que más, lo decimos a conciencia: la de los cristianos perseguidos. Pues bien, la iniciativa ya está en marcha, con una propuesta y hasta con una fecha considerada como la idónea, para que también los cristianos perseguidos gocen de un Día Mundial en el que medios y opinión pública se hagan eco de su situación. Apenas falta darle un pequeño empujoncito.
 
            Lo reveló Massimo Introvigne en la conferencia que impartió en la II Jornada por la Libertad Religiosa que organizada por Ayuda a la Iglesia Necesitada se celebró el pasado viernes 11:
 
            “También he sugerido a la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación Europea el celebrar un día de los mártires cristianos contemporáneos, que se celebraría no –y no solamente- en las iglesias, donde ya existen iniciativas similares, sino en colegios, ciudades e instituciones públicas, porque la persecución de cristianos no afecta sólo a cristianos sino a todos. He sugerido que la fecha sea el 7 de mayo, recordando el gran evento ecuménico que el Beato Juan Pablo II (1920-2005) celebró en el Coliseo de Roma el 7 de mayo de 2000. Esta propuesta ha sido apoyada por el rotativo jesuita “la Civiltá Cattolica” en su edición número 3836 del 4 de junio de 2011 (leer Luciano Lariviera S.J. “La persecución de los cristianos en el mundo”) y también, por el Arz. Mamberti
[Secretario para las Relaciones con los Estados, suerte de ministro de exteriores vaticano] en su discurso de Vilnius en nombre de la Santa Sede”.
 
            El drama de los cristianos dispersos fuera de los países mayoritariamente cristianos que coinciden ser, en general, los estados democráticos del mundo, no es sólo el de constituir la comunidad más perseguida del mundo, probablemente más incluso que las mujeres en general, sino que contrariamente a otros colectivos, su caso es silenciado y despreciado como si nada les ocurriera, la opinión pública lo desconoce, y hasta resulta políticamente incorrecto referirse a ellos.
 
            De acuerdo con los estudios más autorizados sobre la cuestión, los realizados por los británicos David B. Barrett y Todd M. Johnson, una media de 150.000 cristianos al año, 100.000 en 2010, pierden la vida por causa de ser cristianos. No hablamos de mártires en el sentido teológico de la palabra, pues no consta en todos los casos que entreguen expresamente su vida por la fe. Pero sí de personas que, consciente o inconscientemente, deben su muerte al hecho único y exclusivo de ser cristianos, que han sido molestados, humillados, perseguidos, atacados y finalmente masacrados porque su condición de cristianos molestaba a sus agresores.
 
            Los escenarios de esa persecución son muchos. Tal vez los más dramáticos en este momento sean Corea del Norte, Sudán, Irak, Egipto y China, escenarios que no sólo no reciben la atención de occidente, sino que son un verdadero desconocido en nuestros países.
 
 
            ©L.A.
           
 
 
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