EL BUEY Y LA MULA

Juan García Inza

Estamos ya plenamente en la Navidad. La gente corre y compra comida. Hay ilusión y nerviosismo. Las amas de casa, y también ellos, se afanan por tener todo preparado para la Noche Buena. Muchos padres esperan con ilusión a los hijos que vienen de fuera para celebrar las fiestas en  familia. Hay cantos de villancicos. Por la calle oigo una charanda que toca música navideña. El ambiente se va caldeando. Hay nervios y prisas por llegar pronto.  Mi vivienda es vecina de un Hospital importante de Murcia, y pienso en la cantidad de enfermos que pasarán la Navidad luchando con su enfermedad… La ciudad, como todas las ciudades, están totalmente engalanada y llena de luz. Pero yo me pregunto, ¿realmente saben lo que celebramos? ¿Somos conscientes de que no se trata de revivir una tradición, sino de vivir una realidad? Jesús, el Hijo de Dios, quiere nacer espiritualmente en mí, en cada uno.

            Recuerdo un cuento que habla de una conversación de Jesús con su madre María. Le dice el Niño a su Madre: -Mamá, oigo mucho ruido, todo el mundo se felicita la Navidad, se desea lo mejor, pero a Mí nadie me felicita, nadie me dice nada… ¿Realmente es Navidad?

            Pues esa es la realidad. Hemos perdido la fe en Dios, y nos hemos conformado con cierta fe en el hombre, en la vida, en el progreso, en la fiesta… Nos cuenta la historia que San Francisco de Asís quiso que en la cueva de Greccio hubiera una mula y un buey de verdad. Quiso reproducir lo que realmente ocurrió en Belén. Desde entonces en todos los Nacimientos están presentes estos dos animales. El Papa Benedicto XVI dice que el buey y la mula no son simple producto de una fantasía. La misma Sagrada Escritura nos hablen de ellos. Dice el profeta Isaías (1,3): “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo, pero Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento”. Los padres de la Iglesia han querido ver en ellos representado al pueblo de Dios, que corre siempre el peligro de estar como ausente del Misterio. Los animales son irracionales, pero el Niño les ha abierto los ojos para que contemplen lo que los humanos no ven. El Misterio se esconde a los ojos de los que no tienen visión sobrenatural, de los que no quieren ver. Dice Benedicto XVI: También nosotros somos bueyes y asnos a los que hay que abrir los ojos en la Noche Buena para que puedan conocer a su Señor en el pesebre.

            Amigos, nos falta alma para descubrir a Dios entre nosotros. La Navidad puede ser la gran oportunidad de hacer posible que El Niño nazca en nuestro corazón  por medio de la Gracia. No olvidemos que cada vez que celebramos la Eucaristía el Señor Nace en el Belén del Altar y en nuestra alma.

Feliz Noche Buena. Feliz Navidad. Acoge a Jesús Niño que nace para ti estos días.