Sí; parece extraño que yo diga eso; en primer lugar, porque no dirigiría bien a la Iglesia porque no tengo las cualidades para esa misión; y en segundo, porque he superado la edad de entrar en el cónclave, aunque no sea preciso estar en el cónclave para ser elegido. Pero, en fin, no hay peligro de pueda serlo.

Pero sí quiero sugerir algo que puede resultar positivo siempre que no sea ningún obstáculo para la buena marcha de la Iglesia.

Acabo de leer en Religión en Libertad la noticia de que una joven de 17 años, evangélica, hace unos años murió por decir que creía en Dios.

Los hechos narrados fueron éstos:

Rachel Joy Scott, de 17 años, caía herida a causa de los disparos de dos alumnos que se precipitaron abriendo fuego indiscriminadamente. Uno de ellos se le acercó y, apuntándole en la cabeza, le preguntó: «Y ahora, ¿crees en Dios?». Respuesta: «Tú sabes que creo». Fueron sus últimas palabras, silenciadas por un disparo.

En uno de sus escritos dice: « ¡Ve tras de Dios! Donde sea que quiera llevarte, ve. Y no pongas la excusa “sólo soy un adolescente” o “lo haré cuando crezca”, porque no es así como funciona. ¡Dios quiere conocerte ahora!».

Sintetizó perfectamente qué es lo importante en la vida: «Ni para provecho de mi gloria, ni para provecho de mi fama, ni para provecho de mi éxito. ¡Por el provecho de mi alma!».

Era muy consciente de que lo que hacía tenía un sentido de eternidad. Sus poemas son los que, sin duda, transmiten mejor esta visión: «¿Qué pasaría si murieras hoy? ¿Qué sería de ti? ¿Adónde irías? No tienes asegurado el mañana, sólo es una posibilidad. Y puede que no la tengas. Y después de la muerte, ¿qué? ¿Dónde piensas pasar la eternidad?». Y concluía con esta resolución: «La eternidad está en tus manos, ¡Elige!».

Pero lo que tal vez impresiona más, entre todo el material, es el dibujo que pintó quince minutos antes de su muerte: sus ojos, de los que se desprenden trece lágrimas cayendo sobre una rosa.

¿Qué es lo extraordinario? Que trece fueron las víctimas esa mañana y que muchas confesiones cristianas en los Estados Unidos simbolizan la Resurrección de Cristo con una rosa (en inglés “rose”, que, en un juego de palabras, se traduciría “Él resucitó”).

Creía en Jesús. Era evangélica, no era católica, pero murió por confesar su fe en Dios. Y aquí viene mi reflexión:

Cuando se trata de canonizar a alguien, se estudia si poseía todas las virtudes en grado heroico, por lo que esta joven no puede considerarse como modelo para los católicos por no tener la fe católica; pero cuando se trata del martirio, lo que hay que constatar es si murió in odium fidei. En el caso de esta joven, como mártir sí puede presentarse como modelo, sobre todo, para tantos jóvenes católicos que son católicos porque están bautizados y poco más.

¿No se les podría decir que si esta joven fue mártir por confesar su fe en el Señor hasta su muerte violenta, cómo ellos no son capaces de dar la cara ante un mundo que va dejando de ser cristiano?

Es bueno recordar algunos pasajes evangélicos en los que Jesús alude a la fe en Él, incluso de los que no eran de los suyos:

Jesús, ante la actitud de la mujer cananea a la que dijo: « No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos »", ella le respondió: "« Sí, Señor, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. » Es cuando Jesús respondió: « Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas. » (Mt. 15, 25-28).

Y el caso del centurión: "Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: "Vete", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace. » Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: « Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande" (Mt. 8, 910).

También el caso de la hemorroísa: "Pues se decía para sí: Con sólo tocar su manto, me salvaré. Jesús se volvió, y al verla le dijo: “¡Animo!, hija, tu fe te ha salvado”. » Y se salvó la mujer desde aquel momento" (Mt. 9, 21-22).

Podemos añadir a los santos inocentes ¿en quién creían? Murieron por causa de Jesús y los veneramos como santos canonizados.

Es posible que no se pueda pensar en la canonización de una joven no católica aunque mártir por Jesús. Su martirio ¿no es un ejemplo válido para todos los cristianos? Y si los de su confesión religiosa no admiten el culto a los santos, ¿no podría tener algún gesto la Iglesia, algo así como celebrar con los dirigentes de su confesión, una acción de gracias al Señor por su fortaleza en el martirio? ¿No podría ser un paso positivo para la unión de las Iglesias? ¿No sería positivo que unos y otros le diésemos juntos gracias a Dios por los gestos de amor y de caridad manifestados sobre todo en el martirio, y lo celebrásemos todos juntos como hermanos? Separados, lo estamos, pero hermanos, lo somos.

José Gea