Si bien la jornada electoral y la preocupante ocupación de plazas públicas, por cuanto pudieran ser el compás previo a la definitiva argentinización de España, puedan haber acallado en la opinión pública española el caso de D. Strauss-Kahn, voy a dedicarle una pequeña reflexión, pues no tiene poco de sintomático de una época.
 
Una determinada comprensión de la libertad ha llevado a entender que lo único reprensible en un político o en una persona con responsabilidades públicas sean los ilícitos penales y, en menor medida, los civiles y administrativos. Aunque no siempre es así; la corrupción, v. gr., tiene grados de tolerancia sociales, en bastantes casos, totalmente intolerables.
 
¿Pero quién nos gobierna, quién ejerce los cargos públicos? Sencillamente una persona. Lo cual quiere decir alguien no escindible de su configuración moral. Ni siquiera de una aspecto de ella, la llamada vida privada. ¿Es indiferente que un cargo público sea, por ejemplo, infiel a su mujer? A efectos penales indudablemente sí. Pero los ciudadanos no somos jueces de asuntos delictivos. Si alguien es infiel a su mujer o a su marido, al padre o a la madre de sus hijos, a la persona que ve y trata con más cercanía, ¿por qué voy a creer que va a ser fiel a las promesas que haya hecho a los votantes con quienes no trata casi nunca? Puede que sea un buen gestor, ¿pero es esto suficiente?
 
¿Se trata de buscar héroes morales? Ciertamente no, pero el umbral de tolerancia tal vez deberíamos configurarlo pensado en qué tipo de personas nos gustaría tratar, a quiénes abriríamos la puerta de casa y confiaríamos asuntos importantes de nuestra vida, qué le pediríamos a un compañero o jefe en una empresa difícil,... y, sobre todo, tener en cuenta que un cargo público siempre tiene un papel de ejemplo social.
 
Las personas públicas, por cuanto tienen relevancia social, indican e invitan a determinadas formas de ser, son un factor importante en la configuración de una sociedad. No son un elemento más en la mecánica de un Estado, sino que ejercen también el liderazgo social. Pero los responsables sociales son también reflejo de una sociedad, expresan lo que ésta vive. La sociedad hace a sus líderes y viceversa. Y los círculos viciosos sociales los rompen las decisiones de las personas que no se resignan a la inercia de lo peor y se determinan a ir con otros cambiando las cosas.