Los venezolanos en Colombia buscan artículos de primera necesidad, alimentos, artículos de aseo personal y medicinas. Pero como también hay un espacio de servicio a los más pobres y necesitados gracias a la solidaridad de los laicos y religiosos que trabajan en la frontera, concretamente en la diócesis de Cúcuta, la principal puerta de ingreso a Colombia desde Venezuela.
 
La diócesis de Cúcuta lleva más de dos años prestando su ayuda y suscitando en los fieles la solidaridad para con los hermanos en dificultad que llegan desde Venezuela. Desde que dos años atrás se originara la crisis humanitaria, primero con la deportación de colombianos de Venezuela, y luego con el agudizarse de la crisis económica que llevó a miles de sus ciudadanos a cruzar las fronteras del país para escapar de la hiperinflación, la escasez de alimentos, medicinas y asistencia médica, la diócesis de Cúcuta brindó su ayuda a los connacionales que dejaron sus pertenencias emigrando hacia Colombia.


 
En la casa de paso Divina Providencia ofrecen a los hermanos venezolanos y colombianos atención humanitaria: al día de hoy se cuentan en 320.000 las raciones de alimentos, ocho mil almuerzos o cenas diarios, distribuidas por los voluntarios, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas en la casa de paso y en las ocho casas de caridad abiertas en ocho parroquias de la zona.
 
Griselda Mutual, de Vatican News, ha entrevistado al Obispo de Cúcuta, monseñor Víctor Manuel Ochoa sobre la situación en su diócesis y el servicio a los inmigrantes.
  

- Tenemos un gran número de hermanos que está cruzando a través de la frontera colombiana, que es muy grande (más de 2.200 km, ndr.) pero especialmente en Cúcuta, en dos puentes, el Simón Bolívar y el Puente General Santander, tenemos un flujo altísimo de migrantes venezolanos. Unas setenta mil personas diariamente atraviesan la frontera en Cúcuta. Muchos de ellos son colombianos que regresan, o hijos de colombianos, y cerca de la mitad son venezolanos, que vienen a quedarse en Colombia, buscando oportunidades en Cúcuta, en Bogotá, en Cali, Medellín, y en otras ciudades de Colombia, y de ellos, otra mitad va de paso hacia el Ecuador, Perú y Chile. Algunos logran pasar a través de Ecuador a Brasil. Es un número grande que ha crecido mucho en las últimas semanas. La diócesis de Cúcuta trata desde hace ocho meses de atenderlos establemente con café, pan y alimentos a la hora del almuerzo y de la cena. Hemos completado una media de trescientas veinte mil raciones distribuidas a estos hermanos venezolanos.



- Sí. La situación está empeorando en los últimos días, desde hace dos semanas el números de venezolanos ha crecido al menos el doble. La Iglesia de Cúcuta tiene una Casa de Paso en la parroquia de san Pedro de la Parada, es una iglesita que está a cien metros de la frontera. Allí distribuimos alimentos calientes y también hemos abierto ocho casas de caridad en ocho parroquias, que atienden un gran número de venezolanos y colombianos que retornan de Venezuela con agua, café y pan a la mañana y también con la posibilidad de hacer aseo personal, y luego repartimos almuerzos y cenas. La situación está creciendo muchísimo en los últimos días. Vemos un deterioro muy grande en la calidad de vida de las personas que llegan desde Venezuela, y en particular un drama en los temas de medicina y en situaciones que requieren atención hospitalaria y quirúrgica.
 

- Desde el inicio de la crisis, que comenzó hace dos años y medio con la deportación de 32.000 colombianos de Venezuela, la Iglesia de Cúcuta comenzó -con sus presbíteros y diáconos- a dar una atención pastoral al drama de la frontera, y lo seguimos haciendo. En la parroquia de san Pedro de la Parada y en las otras ocho parroquias donde atendemos a estos hermanos, se brinda también atención espiritual. Tenemos encuentros de evangelización y la celebración de la Santa Misa, y acompañamiento personal para muchas de estas personas que viven crisis muy dramáticas: dejan sus bienes y sus familias, y muchas familias son rotas por esta situación. Tenemos para ellos una mano espiritual, una caricia espiritual con las palabras del Papa Francisco que ha estado muy cercano a nosotros. He tenido la oportunidad de encontrar al Santo Padre en dos ocasiones y él ha estado muy cerca de este trabajo espiritual que realizamos con estos hermanos. También realizamos asistencia en campo psicológico y jurídico.


 

- El número de personas es alto, y creo que comienza a crear dificultades. Destaco la ayuda y empeño de los laicos de nuestras parroquias, de los movimientos apostólicos, la ayuda e intervención de los sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas. Pero tenemos grandes dificultades y podemos dividirlas en dos: las que tocan las personas que regresan o vienen a Colombia y también las de la ciudad que los acoge.
 
» Los venezolanos que están llegando, vienen con grandes situaciones de necesidad: pobreza, falta de medios materiales, muchos de ellos vienen con los bolsillos vacíos, con poco dinero que para ellos es muchísimo, pero que al cambio es pequeñísimo. Ésa es la gran dificultad. Muchos tienen necesidades inmensas en medicinas y en temas médicos, y también por su condición física, muchos están probados por las situaciones difíciles.
 
» La segunda gran dificultad es que Cúcuta es una ciudad pequeña, tienen apenas un millón de habitantes, y muchos han ingresado en los barrios pobres de Cúcuta o en las situaciones de miseria de las ciudades grandes colombianas. El número es muy grande. Colombia considera que 800.000 venezolanos se han radicado en los últimos meses, y también hay un número grande de venezolanos que han pasado a Ecuador, Perú y Chile.


 

- En los últimos días, la comunidad internacional se ha movido mucho para ayudar a estos hermanos. La diócesis de Cúcuta con la caridad de la misma Iglesia diocesana ha tratado de estar cercana a estas necesidades. Hoy tenemos muchas necesidades, son ocho mil almuerzos o cenas que distribuimos cada día. Es una suma ingente pero que con la caridad y la ayuda de san José, que nos protege siempre, hemos logrado atender. Hemos tenido ayuda de Caritas Internationalis, que está presente desde el inicio de esta tragedia. También Caritas española y los fondos propios de la Conferencia Episcopal de Colombia de la campaña anual de Cuaresma, han servido para ayudar en parte a estos hermanos. Hoy necesitamos ayuda. Creo que es una tragedia muy grande y todos los recursos materiales son pequeños y son cortos ante esta nueva realidad que tenemos para vivir la caridad, y creo que al comienzo de la Cuaresma con el bellísimo mensaje que el Papa nos ha dirigido, estamos tratando de despertar la caridad y la ayuda a estos hermanos. Es el dulce remedio del cual nos habla el Papa, el ejercicio de esa limosna que nos lleva a controlar la avidez y a no pensar sólo en los bienes materiales. En nuestra página de internet de la diócesis de Cúcuta está la posibilidad de ayudarnos para contribuir a la atención de los hermanos de Venezuela.
 
» Tenemos que agradecer profundamente al Papa Francisco que ha seguido a partir de la deportación de los colombianos, con gran cuidado y con gran atención la situación de la frontera. Hemos podido encontrar al Santo Padre junto con monseñor Mario Moronta de la Diócesis de san Cristóbal en Venezuela, y él ha tenido siempre una pregunta clara y precisa sobre la situación de los hermanos venezolanos y ha tenido también una palabra de apoyo y gestos muy concretos de ayuda para con esta crisis de la frontera.