Arturo Sosa, el nuevo Superior General de la Compañía de Jesús -con 17.000 jesuitas en 127 países y 3 millones de alumnos en sus colegios- es venezolano y politólogo, además de sacerdote, y tiene claro que el sistema implantado en Venezuela por el difunto Hugo Chávez y el actual presidente Nicolás Maduro no se puede sostener, y apenas logra sacar renta del petróleo del país.

Durante una rueda de prensa ofrecida en la Curia General de la Compañía de Jesús, en Roma, Arturo Sosa dijo que “el movimiento político que ha encabezado el comandante Chávez a finales del siglo pasado y comienzos de este, y que ahora encabeza el presidente Maduro, es un proyecto que también es rentista, y que no se sostiene en sí mismo, ni económica, ni política, ni ideológicamente”.


El Prepósito General de los jesuitas dijo también que algo parecido se puede decir “de la oposición venezolana, que tampoco tiene un proyecto que permita pensar en un futuro no rentista, que es la única manera de progresar a largo plazo y de que mejore la situación de los venezolanos”.

Para entender lo que sucede en Venezuela, explicó el sacerdote, es necesario recordar “que es un país que vive de la renta petrolera, y que esa renta petrolera la administra con exclusividad el Estado”.

Como consecuencia, indicó, “se pone muy cuesta arriba la formación de una sociedad democrática. Normalmente, la sociedad democrática tiene su fundamento en que el Estado está subordinado a los ciudadanos. En una democracia, son los ciudadanos los que producen y mantienen al Estado”.

“En el caso de Venezuela -dijo- el hecho de que la venta petrolera esté exclusivamente dirigida al Estado, hace que sea el Estado el que mantenga a la sociedad. Con lo cual, se hace difícil esa creación democrática”.


La mala gestión económica provoca que “en este momento la renta petrolera no alcance. Por lo tanto, la sociedad venezolana está mal mantenida por un Estado que es gigante, un Estado que ha engordado, que se ha hecho muy grande. Eso produce mucho sufrimiento”.

El nuevo superior general también hizo un llamado al diálogo, aunque reconoció que hay un largo camino que recorrer: “en la sociedad venezolana, en el pueblo venezolano, hay una aspiración a que se puedan construir esos puentes, porque nadie quiere más violencia”, dijo.


Sosa ha agradecido el trabajo de su predecesor, el español Adolfo Nicolás, «a quien me une una gran amistad». Nicolás, después de un descanso en España, se trasladará a Filipinas, para dedicarse a la asistencia espiritual en la universidad de los jesuitas en Manila.

El cargo de Superior General es vitalicio, como el del Papa, y por eso (y por la presencia jesuita en todo el mundo) a veces se le llama "el papa negro", pero a Sosa no le gusta esta apelación. «La elección es de por vida, pero tanto el padre Arrupe como el padre Kolvenbach y el padre Nicolás han tomado la decisión de renunciar. No es una decisión propia sino que la debe aceptar la compañía. Pero es la lógica ahora que la vida es mucho más larga, y lo que ha hecho el Papa Benedicto».

Al cabo de toda una vida, conoce bien a Jorge Bergoglio y asegura que «con el Papa Francisco es muy fácil entrar en una relación muy cordial».