Este domingo se cumplieron dos años de la ya histórica imagen en la que la Iglesia de Nicaragua, con su cardenal, obispos y hasta el Nuncio se interponían con el Santísimo por delante para evitar una gran masacre de paramilitares favorables a Daniel Ortega contra la población.

"No temas a los que matan el cuerpo" (Mt 10,28). Hace dos años, el 21 de junio de 2018, los obispos fueron a la ciudad de Masaya para estar cerca de la gente, rezar con la gente y evitar otra masacre por parte de las fuerzas violentas del régimen", escribía este domingo en Twitter el obispo auxiliar de Managua, Silvio José Baez, que desde hace meses vive en Roma por motivos de seguridad.

Tal y como recuerda Fides, aquel 21 de junio de 2018 las campanas de las iglesias de la ciudad de Masaya repicaron sin parar pero en esta ocasión no para advertir sobre la llegada de los escuadrones de la muerte, formados por policías y paramilitares sino por un motivo de esperanza.

Llegaban a la ciudad en la que se iba a producir una matanza miembros de la Conferencia Episcopal y el nuncio apostólico tras haber sido informados de que Masaya iba a ser una auténtica carnicería. Y su objetivo era evitarlo.

"Fue muy arriesgado, pero al ver a los obispos caminando por la calle, toda la población salió de sus casas y se unió a ellos. Eran creyentes, católicos y no católicos, pero todos juntos, en silencio, se aseguraron de que la policía saliera corriendo de las calles”, comentaban las crómicas en aquel momento y se vio en las imágenes que dieron la vuelta al mundo.

En ellas se veía al cardenal Brenes, al nuncio, a varios obispos y sacerdotes comandados por el Santísimo Sacramento.

En la puerta de la iglesia de Masaya, frente a una gran multitud de personas, Monseñor Báez, obispo auxiliar de Managua, recordó a la población que "hay un mandamiento de Dios para todos: no matar".

El Nuncio también se dirigió pidiéndole a la gente que rezara el Padre Nuestro, y finalmente dijo: "El Santo Padre está informado de lo que está sucediendo aquí en Nicaragua". Luego pidió a la gente de Masaya que no usara la violencia, instando a todos a creer en Dios como medio para vencer la violencia".

Después de dos años, la situación no ha cambiado mucho, el diálogo se ha detenido en varias ocasiones y muchos líderes se han convertido en presos políticos. La Iglesia ha informado a los organismos internacionales para que puedan seguir de cerca y hacer cumplir los derechos humanos en un país que permanece estancado no por la pandemia, sino por la falta de democracia que no existe en la realidad nicaragüense.