El Arzobispo Emérito de Caracas (Venezuela), Cardenal Jorge Urosa Savino, destacó las fortalezas y fallas del Instrumentum laboris o documento de trabajo del Sínodo de la Amazonía que se realizará en el Vaticano del 6 al 27 de octubre.

En el artículo enviado a ACI Prensa, el Cardenal señala que si bien el documento de trabajo reviste gran importancia, ha resultado ser “incómodo y muy polémico, por lo cual ha sido muy controvertido. Por esta razón me he dado a la tarea de estudiarlo para –destacando sus fortalezas– ayudar a la superación por parte de los padres sinodales de las fallas y debilidades del texto”.

Sobre las fortalezas, el Purpurado afirma que “como Obispo venezolano apoyo la denuncia y rechazo que hace el Instrumentum laboris (I.L.) de toda violencia contra los pueblos y el territorio amazónico. Esta grave explotación se da hoy también en Venezuela”.

“Gracias a Dios, el Instrumentum pone de relieve y denuncia justa y acertadamente la gravedad de los atropellos que se están cometiendo contra los pueblos amazónicos, en particular contra los indígenas, llamados en el texto ‘pueblos originarios’”, agrega.

A continuación el Arzobispo Emérito de Caracas precisa que no toda la población amazónica es originaria y advierte que el documento de trabajo presenta a “la naturaleza en una redacción extraña a la visión cristiana como un todo en el cual están asumidos los seres humanos, y como ‘Madre Tierra’ (en mayúsculas) casi como de una persona (Cfr I. L 44)”.

El Cardenal Urosa indica también que “algo romántica es también la descripción del pueblo amazónico originario –los indígenas– como seres excepcionales, que viven en armonía con la naturaleza y el ser supremo, y que personificarían un utópico ‘buen salvaje’, virtuoso, amable, ingenuo y confiado”.

“Este poseería una sabiduría en la que se encontrarían las semillas del Verbo. Es una visión antropológica muy optimista, que ignora las deficiencias de las culturas indígenas, que omite sus limitaciones y fallas, y que es distinta y lejana de la muy realista antropología católica, de la visión bíblica y cristiana del hombre, sin duda imagen de Dios, pero golpeado por el pecado y en necesidad de redención”.

“¿Será por eso que se habla poco de la necesidad de salvación y redención, y se habla poco de fortalecer intensamente la acción pastoral y abiertamente evangelizadora de la Iglesia en Amazonas, como si Cristo no fuera necesario, y bastara la utópica armonía natural?”, cuestiona.

En el documento de trabajo, prosigue el Cardenal Urosa, se presenta a la Amazonía “casi personalizada, como un locus theologicus, un lugar teológico, donde se vive la fe y el cual sería una fuente nueva de revelación de Dios (Cfr I.L.18 y 19). Aquí encontramos un punto problemático, de seria discusión, pues se atribuye a un territorio particular y a la lucha por la justicia la categoría de nueva fuente de revelación. ¿O fuente de una nueva revelación?”.

El Cardenal señala que “la revelación plena ya ha tenido lugar en Jesucristo, y no se puede utilizar en un documento oficial un lenguaje ambiguo que oscurezca esa realidad teológica y doctrinal. Lo menos que se puede decir es que es un lenguaje inapropiado e impreciso, que debe siempre evitarse en un texto oficial. Se podría hablar simplemente de manifestación de Dios. Una de las debilidades del texto es precisamente un lenguaje difuso, equívoco, impreciso. Será necesario utilizar en el Sínodo mayor rigor conceptual, teológico y doctrinal”.

El Arzobispo indica luego que el Instrumentum laboris “presenta la Amazonia como un paradigma para el pacto social del diálogo (I.L. 37); se afirma que son los pueblos de Amazonía, especialmente los pobres, los originarios y culturalmente diferentes,  los principales interlocutores y protagonistas del diálogo. Eso podría aceptarse, si no se considera de carácter excluyente”.

“Pero: ¿un diálogo sin propuesta de conversión, sin invitación a acoger a Jesús como el único salvador, como el redentor del ser humano herido por el pecado? ¿Por qué no se dice expresamente? Pareciera estar ausente del texto el entusiasmo o una mayor conciencia de la necesidad de que la Iglesia realice allí una acción más intensamente evangelizadora, precisamente, algo vital para la Iglesia en todas partes”.

Esto, resalta el Cardenal Urosa, “debería estar en el centro, en el corazón del texto y luego del Sínodo: la revitalización de la Iglesia en la Amazonía. Pareciera estar ausente o está muy débilmente expresada la urgencia de llevar a cabo la misión evangelizadora de la Iglesia”.

En el texto además “no se insiste en el anuncio más explícito del kerygma, y en una acción más abiertamente evangelizadora, santificadora y pastoral de implantación y crecimiento de la Iglesia en toda la Amazonía y no solamente para las poblaciones originarias. Este desbalance es una gran debilidad del texto que esperamos los padres sinodales superarán en sus deliberaciones”.

En la cuenca amazónica viven unos 30 millones de personas,
aunque sólo 1 millón pertenece a los pueblos "indígenas", que son 
de unas 400 etnias distintas

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A continuación, el artículo completo del Cardenal Urosa.

EL SÍNODO AMAZÓNICO: COMENTARIOS AL INSTRUMENTUM LABORIS (1)

Cardenal Jorge Urosa Savino, arzobispo emérito de Caracas; septiembre de 2019

INTRODUCCIÓN

Dentro de pocos días comenzará el Sínodo Especial sobre la Amazonia, convocado por el Papa Francisco para abordar “Amazonia, Nuevos Caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral”.

Este es un Sínodo especialmente dedicado al estudio de los problemas de la Iglesia en una región particular, la Amazonía, que comprende buena parte de América del Sur. Sin embargo, reviste especial importancia para toda la Iglesia, pues tanto el Papa como quienes han trabajado en su preparación, dan a este Sínodo una proyección universal. De manera que esta asamblea sinodal influirá sobre toda la Iglesia y no solamente sobre los países amazónicos. Entre ellos se cuenta, por supuesto, nuestro país, Venezuela.

El Instrumentum laboris ha circulado desde junio pasado. Dada la metodología de los Sínodos, que utilizan dichos textos como base para la discusión sinodal, este documento reviste gran importancia. Tanto más cuanto que, sin duda, es muy complejo e innovador, también en su estructuración, e inclusive incómodo y muy polémico, por lo cual ha sido muy controvertido. Por esta razón me he dado a la tarea de estudiarlo para -destacando sus fortalezas- ayudar a la superación por parte de los padres sinodales de las fallas y debilidades del texto.

CONTENIDO DEL INSTRUMENTUM

El mismo tiene tres partes: la primera, titulada La Voz de la Amazonia, dedicada a aspectos fundamentales de la realidad social y cultural amazónica. La segunda, dedicada sobre todo a problemas de ecología y de orden socio económico, se llama Ecología Integral: clamor de la tierra y de los pobres. Y la tercera, que presenta propuestas de acción pastoral: Iglesia Profética en la Amazonia: desafíos y esperanzas. Sin embargo, los diversos temas se entremezclan en las tres partes, lo cual implica repeticiones, alarga innecesariamente el texto, y le resta claridad a los planteamientos. Lo más abundante en el texto son los temas culturales, ecológicos y socio económicos. Menos abundante, pero sumamente y más importante para nosotros, los pastores de la Iglesia, la evangelización y las propuestas para la acción pastoral.

ACERTADA DEFENSA DE LA AMAZONÍA Y DE LOS PUEBLOS AMAZÓNICOS

Sin duda es muy loable el interés en abordar la dramática situación de la Amazonía, amenazada actualmente por una agresión economicista voraz e irracional. Uno de los méritos del documento es que recoge las experiencias, problemas y aspiraciones de mucha gente, escuchada por los miembros del REPAM (Red Eclesial Panamazónica), precisamente en preparación al Sínodo. Por eso el Instrumentum laboris plantea la grave situación tanto ecológica como social y económica que sufren el territorio y los pueblos de la Amazonía.

Como Obispo venezolano apoyo la denuncia y rechazo que hace el Instrumentum laboris (I.L.) de toda violencia contra los pueblos y el territorio amazónico. Esta grave explotación se da hoy también en Venezuela. Concretamente, en nuestra región amazónica el actual Gobierno ha promovido en el “arco minero”, al sur del Orinoco, una agresiva y desordenada explotación minera que no tiene en cuenta para nada la protección del ambiente y los derechos de los pueblos indígenas.

Gracias a Dios, el Instrumentum pone de relieve y denuncia justa y acertadamente la gravedad de los atropellos que se están cometiendo contra los pueblos amazónicos, en particular contra los indígenas, llamados en el texto “pueblos originarios”. La agresión de la ambición humana ha convertido a la Amazonía en espacio de “desencuentros y exterminio de pueblos, culturas y generaciones” (23). Esta agresión plantea y exige justamente la defensa de la vida, del territorio y de los recursos naturales, así como de la cultura y organización de los pueblos (Cfr.I.L.17). Y en esta labor la Iglesia en la Amazonía ha actuado con energía, y - plantea acertadamente el documento-, sin duda lo debe seguir haciendo.

Apoyamos plenamente, pues, esa denuncia y el rechazo a toda injusticia. Eso está muy bien. Debemos estar de acuerdo con la defensa que el documento hace de los pueblos amazónicos y del ambiente natural, la ecología de esa zona privilegiada. También de acuerdo con afirmar la obligación de la Iglesia de acompañar y proteger a los pueblos oprimidos.

LA BELLEZA AMAZÓNICA Y UNA ANTROPOLOGÍA IDEALISTA

Una observación importante: el Instrumentum laboris pareciera pensar que toda la población amazónica es indígena, originaria. No es cierto, al menos en Venezuela. En nuestra región amazónica en las diócesis ya establecidas, -no en los vicariatos -, hay mayoría de criollos, venezolanos de raza blanca o mixta y afrovenezolanos que no tienen esa cultura indígena. No toda la población amazónica es originaria o indígena.

Otro de los aspectos que llama la atención en el texto es la visión optimista y laudatoria, casi utópica, con que es presentada la población indígena de la Amazonía en la primera parte del texto. Esta, el territorio, es presentada casi como una especie de paraíso terrenal, de belleza sin límites (I.L. 22) “llena de vida y sabiduría” (I.L5), donde los pueblos amazónicos – especialmente los indígenas, buscan “el buen vivir”, que es vivir en armonía consigo mismo, la naturaleza, los seres humanos y el ser supremo (CfrI. L. 11). También se habla de la naturaleza en una redacción extraña a la visión cristiana como un todo en el cual están asumidos los seres humanos, y como “Madre Tierra” (en mayúsculas) casi como de una persona (Cfr I. L 44).

Por otra parte, el texto alaba la sabiduría ancestral de los pueblos amazónicos manifestada en el cuidado de la tierra, el agua y los bosques… Y plantea que los nuevos caminos de evangelización se construyan en diálogo con ella, en la cual se manifiestan las semillas del Verbo (I.L. 29). “La diversidad original que ofrece la región amazónica –biológica, religiosa y cultural– evoca un nuevo Pentecostés.” (I.L.30) ¿Por qué esa diversidad original evocaría un nuevo Pentecostés? Habría que estudiar a fondo qué significa esa frase, a primera vista confusa y exagerada.

Algo romántica es también la descripción del pueblo amazónico originario –los indígenas - como seres excepcionales, que viven en armonía con la naturaleza y el ser supremo, y que personificarían un utópico “buen salvaje”, virtuoso, amable, ingenuo y confiado. Este poseería una sabiduría en la que se encontrarían las semillas del Verbo. Es una visión antropológica muy optimista, que ignora las deficiencias de las culturas indígenas, que omite sus limitaciones y fallas, y que es distinta y lejana de la muy realista antropología católica, de la visión bíblica y cristiana del hombre, sin duda imagen de Dios, pero golpeado por el pecado y en necesidad de redención. ¿Será por eso que se habla poco de la necesidad de salvación y redención, y se habla poco de fortalecer intensamente la acción pastoral y abiertamente evangelizadora de la Iglesia en Amazonas, como si Cristo no fuera necesario, y bastara la utópica armonía natural?

¿NUEVA REVELACIÓN?

Se habla también de los clamores de justicia del territorio de la Amazonía y se presenta esta región, casi personalizada…, como un locus theologicus, un lugar teológico, donde se vive la fe y el cual sería una fuente nueva de revelación de Dios (Cfr I.L.18 y 19). Aquí encontramos un punto problemático, de seria discusión, pues se atribuye a un territorio particular y a la lucha por la justicia, la categoría de nueva fuente de revelación. ¿O fuente de una nueva revelación?

Tengamos en cuenta que la palabra revelación en el magisterio eclesiástico y en teología en general, es muy concreta y específica y significa la comunicación, desvelamiento, manifestación que Dios ha hecho de sí mismo a la humanidad a través de Jesucristo. Eso está muy claro en el documento Dei Verbum, sobre la divina revelación, del Concilio Vaticano II (DV. 2). Sabemos que la revelación plena ya ha tenido lugar en Jesucristo, y no se puede utilizar en un documento oficial un lenguaje ambiguo que oscurezca esa realidad teológica y doctrinal. Lo menos que se puede decir es que es un lenguaje inapropiado e impreciso, que debe siempre evitarse en un texto oficial. Se podría hablar simplemente de manifestación de Dios. Una de las debilidades del texto es precisamente un lenguaje difuso, equívoco, impreciso. Será necesario utilizar en el Sínodo mayor rigor conceptual, teológico y doctrinal.

DIÁLOGO Y EVANGELIZACIÓN

En los párrafos finales de la primera parte el Instrumentum laboris aborda el tema del diálogo y la evangelización. Sin duda es muy acertada la afirmación de la necesidad del diálogo para evangelizar. Nuestro Señor Jesucristo dialogó con la samaritana. Y así debemos hacer nosotros hoy (Cfr. I.L.37). Pero el documento hace afirmaciones a primera vista románticas o excesivas. Se presenta la Amazonía como un paradigma para el pacto social del diálogo (I.L. 37); se afirma que son los pueblos de la Amazonía, especialmente los pobres, los originarios y culturalmente diferentes, los principales interlocutores y protagonistas del diálogo. Eso podría aceptarse, si no se considera de carácter excluyente.

Pero: ¿un diálogo sin propuesta de conversión, sin invitación a acoger a Jesús como el único salvador, como el redentor del ser humano herido por el pecado? ¿Por qué no se dice expresamente? Pareciera estar ausente del texto el entusiasmo o una mayor conciencia de la necesidad de que la Iglesia realice allí una acción más intensamente evangelizadora, precisamente, algo vital para la Iglesia en todas partes. Esto debería estar en el centro, en el corazón del texto y luego del Sínodo: la revitalización de la Iglesia en la Amazonía. Pareciera estar ausente o está muy débilmente expresada la urgencia de llevar a cabo la misión evangelizadora de la Iglesia. Por el contrario, es preciso acoger lo que sobre la evangelización dice el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, 14:

“La evangelización está esencialmente conectada con la proclamación del Evangelio a quienes no conocen a Jesucristo o siempre lo han rechazado…Todos tienen el derecho de recibir el Evangelio. Los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie, no como quien impone una nueva obligación, sino como quien comparte una alegría”.

Cierto que se habla de nuevos caminos, pero esos caminos parecerían sobre todo consistir según el I.L en un diálogo con sabidurías ancestrales y en una defensa firme de la ecología y de las poblaciones originarias. Eso no basta. No se insiste en el anuncio más explícito del kerygma, y en una acción más abiertamente evangelizadora, santificadora y pastoral de implantación y crecimiento de la Iglesia en toda la Amazonía y no solamente para las poblaciones originarias. Este desbalance es una gran debilidad del texto que esperamos los padres sinodales superarán en sus deliberaciones. Abundaremos sobre esto en un próximo artículo.