El miércoles el Papa Francisco tuvo ocasión de reunirse con representantes del episcopado de su país, aquí identificados por el diario La Nación, de izquierda a derecha.

MARCELO SÁNCHEZ SORONDO: Es canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias. Referente del Vaticano en debates sobre fe y razón

EDUARDO GARCÍA: Obispo auxiliar de Buenos Aires y uno de los más estrechos colaboradores de Bergoglio

ALFONSO DELGADO: El arzobispo de San Juan es miembro de la Prelatura del Opus Dei

LUIS H. GARCÍA: Fue vicepresidente del Episcopado cuando lo conducía Bergoglio. Es obispo emérito de Tucumán

LEONARDO SANDRI: Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales. Es cardenal y participó del cónclave

JOSÉ MARÍA ARANCEDO: Sucedió a Bergoglio en el Episcopado. Es arzobispo de Santa Fe; de buen diálogo con Cristina

ENRIQUE EGUYÍA SEGUÍ: Es secretario general del Episcopado y otro de los obispos auxiliares porteños

SANTIAGO OLIVERA: Obispo de Cruz del Eje y gran impulsor de la causa de beatificación del Cura Brochero

El papa Francisco tiene decidido no viajar a la Argentina , por lo menos hasta fin de año, y ya se lo comunicó a Cristina Kirchner. Para evitar interferencias en el proceso electoral resolvió no extender su viaje a Río de Janeiro , donde encabezará en julio la Jornada Mundial de la Juventud. Tampoco asistirá a la beatificación del cura Brochero, prevista para el 14 de septiembre, en Córdoba, a la que enviará un delegado.

Así lo pudo saber el miércoles LA NACION al cierre de una jornada en la que el Pontífice recibió a obispos y sacerdotes de la Argentina, entre los que se encontraban el presidente del Episcopado, monseñor José María Arancedo, y los cardenales Estanislao Karlic, arzobispo emérito de Paraná, y Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, entre otros.

El papa Francisco confirmó, en cambio, su visita a Río de Janeiro, al recibir a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en la biblioteca privada del Palacio Apostólico.

La decisión de Bergoglio de no viajar por el momento a la Argentina se conoce luego de los esfuerzos de Cristina Kirchner por lograr un acercamiento con la Iglesia, que se refleja en los elogios que funcionarios de su gobierno le tributan ahora a su figura.

La estrategia generó reacciones, sin embargo, en sectores del kirchnerismo, que desempolvaron acusaciones contra el Pontífice por su actuación al frente de la orden jesuita durante la dictadura. Al respecto, Francisco recibe el jueves a Adolfo Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz y una de las figuras más reconocidas en la defensa de los derechos humanos.

Justamente Pérez Esquivel había dicho días atrás, en medio de las denuncias de sectores filokirchneristas, que "Bergoglio no fue cómplice de la dictadura".

Según pudo saber este diario, el Papa comunicó a la Presidenta su decisión de postergar un eventual viaje a la Argentina para no verse inmiscuido en el proceso electoral. Cristina Kirchner ya conocía la decisión antes de concluir su viaje a Roma y conversó del tema en la reunión que mantuvo con monseñor Arancedo, a última hora del martes, en el hotel Eden.

Allí se analizó la posibilidad de organizar la visita papal en diciembre próximo, aunque ello dependerá de la agenda del Pontífice, todavía incierta, informó una fuente eclesiástica a LA NACION.

En el prolongado almuerzo del martes, en la residencia de Santa Marta, Cristina Kirchner le insistió a Francisco que cuando visite la Argentina, no olvide ir a rezar a la Basílica de Luján.

El encuentro de ayer del Papa con los obispos argentinos, realizado al mediodía en una dependencia del Vaticano cercana al aula Pablo VI, tuvo carácter informal y reunió, además de a Arancedo, Karlic y Sandri, a los arzobispos Luis Villalba (emérito de Tucumán) y Alfonso Delgado (San Juan) y a los obispos Santiago Olivera (Cruz del Eje), Enrique Eguía Seguí (auxiliar de Buenos Aires y secretario general del Episcopado) y Eduardo García (también auxiliar de Buenos Aires).
Hubo, además, representación oficial -estuvieron el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, y el embajador argentino ante la Santa Sede, Juan Pablo Cafiero- y varios sacerdotes, entre ellos el padre Guillermo Marcó, que durante varios años fue vocero de Bergoglio en el Arzobispado de Buenos Aires.

La reunión se prolongó durante dos horas. Arancedo agradeció al Pontífice su cordialidad y sencillez y prometió seguir el hábito que ponía en práctica Bergoglio cuando presidía el Episcopado, que luego de cada asamblea de obispos renovaba su adhesión y fidelidad al Santo Padre.

Tras un breve agradecimiento, Francisco dijo que no iba a pronunciar un discurso porque prefería saludar personalmente a cada uno de los presentes en la reunión.

En ese clima relajado, el secretario de Culto le regaló al Pontífice una camiseta de San Lorenzo con la leyenda "Francisco" y una aureola arriba. En otro signo de informalidad, surgieron espontáneamente cantos de folklore, tango y temas religiosos.

Además de esta reunión conjunta, el Papa mantuvo en los últimos días encuentros personales con los obispos, con los que delineó el trabajo pastoral.

A monseñor Olivera, por ejemplo, le confirmó la fecha de la beatificación de Brochero, que se hará el 14 de septiembre en Alto Grande, a 28 kilómetros de la ciudad cordobesa de Villa Cura Brochero. En su representación, Francisco enviará al cardenal Angelo Amato, que preside la Congregación para las Causas de los Santos.

A pesar de que varios obispos argentinos esperaban una pronta visita del nuevo papa a su país, la mayoría acompaña la decisión de no viajar en medio de la campaña electoral para evitar especulaciones políticas.

La visita a Brasil coincide con los días previos a las internas abiertas de agosto, y la beatificación de Brochero será un mes antes de las cruciales elecciones de diputados y senadores nacionales. En la Casa Rosada algunas fuentes especulaban sobre la posibilidad de que Cristina Kirchner viaje a Brasil en julio cuando llegue Francisco, aunque eso está lejos de confirmarse.

Momentos después de saludar anteayer al papa Francisco en la Basílica de San Pedro (al final de la misa de inicio del pontificado), la Presidenta confió a dos obispos argentinos que en su escritorio de la Casa Rosada tiene una imagen de Brochero, que realizó su misión evangelizadora en la zona de Traslasierra, y otra de San Francisco de Asís, que le hicieron llegar recientemente.

Según fuentes eclesiásticas, en el encuentro que la Presidenta mantuvo con Arancedo en Roma se analizó el tema de la visita del Papa a la Argentina, con la hipótesis de que se pudiera realizar a lo largo de diciembre y no se abordaran cuestiones políticas espinosas, como el pedido de intermediación ante Gran Bretaña por las Malvinas y el proyecto oficial de reforma del Código Civil, que preocupa al presidente del Episcopado.