Lunes, 22 de abril de 2019

Religión en Libertad

INICIADOR DEL CAMINO NEOCATECUMENAL

Kiko Argüello, ese gran desconocido

Kiko Arguello
Kiko Arguello

¿Quién es y cómo piensa el iniciador de la realidad eclesial numéricamente más importante de la Iglesia católica?, ¿De dónde sale?, ¿Cuál es la espiritualidad del Camino?

Como sucede desde hace ya tres años, en las postrimerías de las celebraciones por las familias, numerosos medios se placen en comentar y averiguar lo ocurrido durante las mismas, para señalar protagonistas y criticar –en su mayoría- lo transmitido

Han sido cientos de miles de personas las que han participado de manera anónima y silenciosa en las mismas, ayer venidas desde los rincones más recónditos de Europa, pero han sido dos los nombres más destacados en el antes y el después: el Cardenal y Arzobispo de Madrid Rouco Varela, y el iniciador del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello.

A Rouco todo el mundo lo conoce, por ser el Pastor de la diócesis de la capital española, además de Cardenal y Presidente de la Conferencia Episcopal por varios mandatos, pero a Argüello solo se le conoce de oídas, o de lo que la wikipedia puede aportar, de ahí la cantidad ingente de errores que nos podemos encontrar y que es necesario subsanar.

El desconocido
Francisco José Gómez de Argüello Wirtz nació en León, no en Madrid. Ciertamente se trasladó con sus padres a la capital, donde creció y estudió, licenciándose en Bellas Artes y obteniendo un premio nacional extraordinario de pintura que le aportó, desde muy joven, fama y dinero.

Influenciado por el ateísmo circundante de los años sesenta y por el ambiente marxista universitario, se refugia en el existencialismo e iluminismo francés para intentar asumir la no existencia del Dios que sus padres le habían transmitido, rompiendo con la fe tradicional en la que había crecido desde pequeño.

Llevado, sin embargo, por la intuición de filósofos como Kierkegaad, y ante la insatisfacción que sentía por la imposibilidad de encontrar respuestas al sentido de la vida, encuentra una luz en el sufrimiento de los inocentes, como relata Camus en el libro ‘La Peste’, y siguiendo las huellas del beato Charles de Foucauld, que pasó su vida en silencio con los tuaregs del desierto, se fue a vivir entre los más pobres de las chabolas de palomeras Altas, en el barrio de Vallecas de Madrid. En aquellas mismas fechas, la Iglesia Católica, celebraba el Concilio Vaticano II.

Aquella presencia entre gitanos, prostitutas, enfermos y desarraigados se fue fraguando de manera misteriosa y no programada en torno a una pequeña comunidad de personas con grandes sufrimientos, que se reunían esporádicamente y de forma espontánea para leer la Biblia, rezar y poner sus propias experiencias en común. La ‘casual’ visita del entonces Arzobispo de Madrid, Monseñor Casimiro Morcillo, al poblado chabolista de Palomeras propició que la experiencia que Kiko Argüello había, sin quererlo, comenzado entre los más pobres, diera su paso más determinante en los inicios. Fue Monseñor Morcillo quien le pidió ‘llevar la experiencia a las parroquias’. Eran mediados de los sesenta.

De la semilla al árbol
Así Kiko Argüello, junto con Carmen Hernández, una misionera Navarra que conoció en las barracas, iniciaron en diversas parroquias de Madrid lo que actualmente es el itinerario Neocatecumenal, un proceso gradual de iniciación cristiana vivido en las parroquias en pequeñas comunidades, formadas por personas de toda edad y condición, al estilo del Catecumenado de la Iglesia primitiva, cuyo propósito era formar e iniciar en la fe, durante los incipientes años del cristianismo, a los aspirantes al bautismo.

De Madrid pasaron a Roma donde fueron acogidos por el Vicario del Papa, por expreso deseo del Arzobispo Morcillo, y de ahí a los cinco continentes, gracias a los miles de misioneros -solteros, familias, seminaristas y presbíteros- que voluntariamente trabajan en la evangelización de todos los pueblos con el apoyo del Papa y los Obispos de todo el mundo.

A los artífices de esta movida sin precedentes, solo comparable en la historia de la Iglesia al surgimiento del monaquismo en los primeros siglos, y al impulso misionero de San Ignacio y San Francisco Javier con la Compañía de Jesús al inicio de la época moderna, se les ha tachado desde los sectores más anticlericales de integristas, radicales, ultraconservadores y visionarios, por la incomodidad que suponen en el ambiente ateísta en que se mueven; Pero también son repudiados y criticados por el cristianismo de base, más complaciente con los postulados contemporáneos del laicismo que con la doctrina milenaria de la Iglesia. Sin embargo tiene que haber algo de cierto y genuino en lo que enseñan, por los frutos que abundantemente aparecen. El itinerario de redescubrimiento de la fe propuesto por Argüello ha calado en los corazones más diversos de la geografía planetaria, y ha cuajado en los ambientes sociales y culturales más diversos, pues la fe no se ciñe a un prototipo concreto, sino que tiene como objeto la esencia misma del hombre, sin hacer distinción por su lengua, raza, condición social o intelectual.

Actualmente viven la fe católica en una comunidad del Camino Neocatecumenal alrededor de millón y medio de fieles de todo el mundo, en más de 20.000 comunidades de 6000 parroquias y en cerca de cien naciones, algunas tan sorprendentes y diversas como las Scheichells, China, Japón, Irak, Kazakistan, Líbano, Egipto, Corea del sur, Cuba, Finlandia o Camerún. Además de la evangelización realizan labores sociales en las zonas más complejas y pobres, ayudando en comedores, hospitales, escuelas, centros para mujeres, cárceles, y dando soporte y ayudando a drogadictos, alcohólicos, familias desestructuradas, jóvenes sin recursos, huérfanos…

Por otro lado el Camino está ayudando a estrechar lazos con otras religiones, promoviendo la paz entre las mismas según las directrices del ecumenismo del Concilio, especialmente significativas con el judaísmo, y está favoreciendo la unión de todos los cristianos, principalmente con los luteranos en Europa, y en Rusia y Oriente Próximo con los Ortodoxos, abriendo vías comunes de diálogo y oración. Solo hay que ver las ya numerosas comunidades en Nazaret o Jerusalén, formadas por cristianos de origen árabe y judío, cómo se dan la paz durante la Eucaristía, o las de Moscú, en que conviven gente de tradición católica y ortodoxa, históricamente enfrentadas.

En España es la realidad eclesial más numerosa con diferencia, con más de cien mil miembros en prácticamente todas las diócesis españolas. Además han abierto, a petición de los Obispos diocesanos, Seminarios misioneros en Madrid, Castellón, Murcia, Córdoba, Granada, León, y Pamplona, donde se preparan cerca de doscientos seminaristas. En Italia es donde se aglutinan mayor número de neocatecumenales, mas de doscientos mil (solo en la diócesis de Roma hay veinte mil) seguido de otros países como Brasil, con cien mil, Méjico, con noventa mil, Polonia, con treinta mil, Filipinas con veinte mil, Portugal con diez mil o Croacia, con ocho mil.

Pero, ¿Cómo es posible que una realidad eclesial tenga semejante crecimiento en poco más de cuarenta años en tantos países? Hay diversas respuestas:

* Uno, el modelo catequético y de formación en que viven y celebran la fe en pequeñas comunidades y que atrae a tanta gente que vive sola y alejada de la Iglesia, o necesitada de una experiencia más profunda de fe que la meramente dominical.

* Dos, el celo de sus iniciadores, Kiko y Carmen, que a sus setenta años, y dejándolo todo, continúan infatigables en la tarea encomendada, como equipo responsable internacional.

* Tres, el apoyo incondicional desde los orígenes de los Papas y Obispos, desde Pablo VI hasta Benedicto XVI; que han promovido y defendido este nuevo resurgir de la fe al estilo de la Iglesia primitiva.

* Cuatro, el ardor misionero de sus misioneros, que ha hecho posible extender esta experiencia por todo el mundo, dando a conocer el mensaje de Cristo.

* Cinco, la obediencia de sus miembros al Papa en la encíclica Humanae Vitae y en la doctrina de la Iglesia con la generosidad en la fecundidad procreativa en el matrimonio.

* Seis, la transmisión de la fe a los hijos dentro de la familia, que promueve nuevos cristianos y nuevas vocaciones.

* Siete, el testimonio de fe de sus miembros dentro de la familia, escuela, universidad y trabajo, que es llamativo y sorprendente para el que lo vive de cerca.

Realidad que transforma la parroquia en misionera
En España sorprende la realidad de numerosas parroquias que acogen, desde hace años el Neocatecumenado, por el movimiento y fuerza que generan.

En Barcelona, por ejemplo, la Parroquia de Santa Joaquina Vedruna de los padres Carmelitas, que tiene el Camino desde hace 38 años, es conocida en la diócesis porque siendo la de demarcación territorial más pequeña, es la que más fieles aglutina. Mientras las parroquias aledañas apenas reúnen un centenar de fieles para las fiestas pascuales, en Santa Joaquina tienen que organizarse con otra parroquia porque ya no caben en el Templo parroquial para la celebración de la Pascua.

En su seno recorren el itinerario neocatecumenal 16 comunidades con cerca de setecientas personas y cuatrocientos niños, un ejército que ya no es posible atender con la comunidad de carmelitas, por lo que se han ido apuntado presbíteros salesianos, dominicos y presbíteros diocesanos, atraídos por el clima que se respira, pues cabe destacar que son más de doscientos los jóvenes menores de treinta años que asisten a las celebraciones, un auténtico misterio en la Barcelona de hoy día.

Mientras las parroquias de los barrios radiales, históricamente hostiles a las enseñanzas del Papa, se van apagando por falta de fieles y pastorales, Santa Joaquina es un hervidero de jóvenes y vocaciones. Es la parroquia catalana con mayor número de seminaristas, seis actualmente -en diversos seminarios de Europa-, y recientes vocaciones religiosas, dos. Cuenta además con seis familias misioneras (en Finlandia, Rusia, Scheychells, Inglaterra, Lituania y Ecuador). Además todos están implicados en las numerosas pastorales que se llevan a cabo: de matrimonios, bautizos, enfermos, limpieza, liturgia, hoja parroquial, mantenimiento, esplai, ropero, alimentos… un auténtico espectáculo digno de contemplar.

Kiko Argüello lleva cuarenta años trabajando de manera silenciosa, sin medios ni propagandas, anunciando la Buena Noticia de manera sencilla y profunda en las parroquias, sin más poder que el de su Biblia y la guitarra, lo único que se llevó, siendo un veinteañero, a las barracas. Ese espíritu misionero, junto con el de tantas otras realidades entregadas a la causa del Evangelio, está nutriendo las venas de la Iglesia, que se renueva constantemente con frutos de amor y unidad.

Citando un artículo del galardonado periodista y miembro de la Real Academia de la Lengua Española, Luis Maria Ansón: «Kiko Argüello es el pintor de las almas. Ha bebido directamente la fe en el manantial evangélico. Su Camino Neocatecumenal es el de la palabra, el del Verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros. Es el del Cristo sencillo que acoge a los niños y entiende a los jóvenes. En torno a Kiko Argüello se multiplican las vocaciones y se encienden seminarios en todo el mundo, incluso en países como Dinamarca o Egipto. Hermosa, callada, discreta cosecha la de Kiko Argüello. Su Camino Neocatecumenal es el itinerario para volver a descubrir el Bautismo. No existe hoy un movimiento religioso tan auténtico, tan sincero, tan profundo como el de los Neocatecumenales orientados por Kiko Argüello y Carmen Hernández. Escribo estas palabras porque el Papa acaba de aprobar los estatutos de esta asociación de fieles, tan emocionante e incomparable, que se multiplica en un centenar de países. Kiko Argüello, el artista, el que fue ateo y provocador, el que no tenía otro horizonte serio como Camus, como Gide, que el suicidio, encabeza hoy por la gracia de Dios un Camino que recorre los cinco continentes desde el Bronx neoyorkino a los barrios miserables de los países del Este europeo, desde el Polo Norte a Australia, desde las zonas marginales de las grandes ciudades europeas a las favelas de las naciones iberoamericanas y las tierras duras del hambre en África o Asia».
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