Miércoles, 22 de mayo de 2019

Religión en Libertad

Se cumple medio siglo de reconciliación católica-ortodoxa

El Papa y el Patriarca ortodoxo se excomulgaron en 1054… y los rusos no se dieron por enterados

Pese a la mutua excomunión en el siglo XI entre los Patriarcas de Roma y Constantinopla, en Rusia durante siglos no se dieron por enterados y vivieron ignorando sus consecuencias canónicas
Pese a la mutua excomunión en el siglo XI entre los Patriarcas de Roma y Constantinopla, en Rusia durante siglos no se dieron por enterados y vivieron ignorando sus consecuencias canónicas
En 1054 el Patriarca de Constantinopla y el Papa de Roma, a través de su legado, se excomulgaron mutuamente y decretaron la división de sus iglesias. La excomunión no se levantó de forma firme y solemne hasta hace exactamente 50 años, el 7 de diciembre de 1965, cuando en la vigilia de la conclusión del Concilio Vaticano II, con una declaración común del Papa Pablo VI y del patriarca ecuménico Atenágoras.

La ruptura oficial de 1054 ha tenido graves y duraderas consecuencias de falta de unidad que aún dañan a los cristianos, pero vale la pena repasar algunos hechos que demuestran que durante varios siglos hubo territorios enteros en los que esta “excomunión” apenas se aplicaba: los fieles, simplemente, parecían no darse por enterados en Rusia, Ucrania y los territorios de su zona de influencia.

La bula de excomunión sobre el altar
La excomunión mutua, escenificada y protagonizada por el Patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario y el legado papal, el cardenal Humberto, en 1054, tardó en aplicarse en territorios enteros.

El cardenal Humberto dejó sobre el altar de Santa Sofía la bula de excomunión. Después volvió a Roma, pero varios códices sugieren que volvió pasando por Kiev, donde fue recibido con respeto y ceremonias eclesiásticas. El metropolita de la Rus de Kiev, al menos en ese momento, parecía estar en total comunión con Roma y no se daba por excomulgado.



Una ruptura que no se aplicaba
En muchas cátedras orientales no tenían nada clara la ruptura, según leemos en la “Historia de la Iglesia Católica en Rusia” (de Stanislav Kozlov-Strutinski y Pavel Parfentiev, edición de 2014 en ruso, un libro de 730 páginas).

Un ejemplo es el hecho de que durante el siglo XI y XII numerosas dinastías se entrecasaban sin impedimento alguno de credo o de ritual, las de rito latino con las de rito oriental. Los príncipes rusos casaban a sus hijos con príncipes y princesas de familias polacas, húngaras y nórdicas de rito latino (suecas, noruegas, sajonas y, en general, varegas, es decir, vikingos de las rutas fluviales rusas).

El príncipe de Kiev peregrino en Roma
La ruptura tardó mucho en llegar a la conciencia de los clérigos y príncipes de la Rus. Un ejemplo lo vemos cuando Iziaslav Yaroslavich (hijo de Yaroslav el Sabio, que casó a su docena de hijos e hijas con príncipes de toda Europa), heredero de Kiev, se peleó con sus hermanos y huyó a Polonia y luego a Alemania buscando aliados. Desde allí contactó con el Emperador Enrique IV y el Papa Gregorio VII.

Como cualquier otro líder católico, envió a su hijo Yaropolk (usaba el nombre cristiano de Pedro) en formato “peregrinación a la tumba de los Apóstoles”, y quería recuperar su principado por la autoridad del Papa, presentando a Kiev como un regalo para Pedro.

Yaropolk llegó a Roma en 1075, veinte años después de la excomunión, y se mostró en todo un devoto papista sin que nadie le tratase como a un excomulgado. El Papa Gregorio pidió al rey polaco Boleslav ayudarle a recuperar Kiev. Iziaslav logró recuperar Kiev acompañado de tropas varegas (vikingos de tierras eslavas); su esposa era polaca y acuñó monedas dedicadas a San Pedro y construyó una iglesia dedicada a San Pedro. Un código escrito a petición de su esposa (la princesa polaca Gertruda) dibuja a la princesa postrada a los pies del apóstol San Pedro y muestra también a Yaropolk y su esposa orando ante el apóstol.

Hoy en día Yaropolk, devoto petrino y peregrino a Roma, es considerado oficialmente santo de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Su padre Iziaslav era además gran amigo de San Teodosio de las Cuevas de Kiev al que visitaba con frecuencia. Esto es un ejemplo de una dinastía a caballo entre Oriente y Occidente, que no parecía darse por aludida por las excomuniones mutuas.



Las listas de “errores” latinos… no hablan del papado
Un detalle interesante se da en el hecho de que el mismo Patriarca Cerulario estableció y difundió una lista de errores de los cristianos de rito latino que se supone debían indignar a los cristianos de rito griego.

Por ejemplo: ¡los latinos usaban pan sin levadura en la eucaristía, comían carne de presa estrangulada, se afeitaban la barba, ayunaban en sábados y dejaban a los monjes comer carne!

Sin embargo, en las listas de Cerulario y de otros autores de la primera época de la ruptura no se menciona como agravio la primacía papal, aunque es evidente que conocían las reivindicaciones papales sobre esta primacía. Padres de la Iglesia como San León Magno, San Teodoro Estudita y San Máximo Confesor –los 3 hoy son santos comunes para oriente y occidente- habían dejado clara su apuesta por la primacía papal y durante esa época de la ruptura la facción pro-Constantinopla no se atrevía a abordar el tema.

Los textos anti-latinos que se encuentran en Rusia en esta época no los escriben rusos, sino enviados griegos llegados a Rusia, que molestos por la fluidez del trato con el mundo latino en la Rus de Kiev se sienten obligados a escribir contra ello. Estos textos anti-latinos durante mucho tiempo no influyeron en el trato ruso con el mundo latino, pero sí fortalecieron la idea del cristiano ruso de a pie de que todos esos temas menores (la barba, el ayuno de carne en los monjes, etc…) eran importantísimos, idea que hoy perdura.

En realidad, según los historiadores, la ruptura con el Occidente latino en Rusia no llegó hasta el s.XV y XVI, con el paso del poder de Kiev a Moscú y la ruptura administrativa con Constantinopla, al aparecer un Patriarcado propio en Moscú.

El caso de San Nicolás: ¡de Italia a Rusia!
En 1087 en Mira, ciudad griega costera en Licia (Anatolia), unos marineros latinos arrebataron las reliquias de San Nicolás y las llevaron a Bari, en Italia, y las colocaron en una iglesia dedicada al santo. El papa Urbano declaró una Fiesta de Traslado de las Reliquias de San Nicolás Taumaturgo.

Es curioso que esta fiesta de origen papal en Rusia se recibió, aceptó y se extendió en esa época: Rusia, treinta años tras la “ruptura” en Constantinopla, se hace devota de San Nicolás como santo milagroso por influencia del decreto papal, desplazando algo al espacio como taumaturgo que hasta entonces ostentaba, sobre todo, el culto a ¡San Clemente Papa de Roma!

En Kiev escribieron una crónica sobre ese traslado de las reliquias de Nicolás: a los latinos los llama “fieles” y al Papa “Santísimo Patriarca”. Y es evidente que el autor de la crónica conocía la excomunión mutua decretada 30 años antes, pero al parecer no le daba importancia alguna.

En un evangelio en Rusia de 1056-1057 hablan de la devoción popular rusa al santo latino San Apolinario (un santo que en Grecia no interesaba nada). Hay textos rusos de esta época con letanías a todos los santos que incluyen a montones de reyes vikingos, germánicos y anglos santos como Adabelto, Olaf, Magnus, Canuto, Wotulfo, Alban, Wenceslao…



Príncipes rusos financiando monasterios latinos
Otro ejemplo de la fluidez de trato de la nobleza rusa con los “excomulgados” de Occidente se nota en los donativos de las familias a monasterios y conventos latinos. Los documenta Nazarenko A.V. en “La Rus Antigua en los Caminos Internacionales” (libro de 2001, editado en Moscú en ruso, página 585-606).

Por ejemplo, a finales del s.XI y principios del s.XII se sabe que un monje irlandés, un tal Mauricio, fue enviado a Kiev a buscar donativos para construir un monasterio en Ratisbona (Alemania) dedicado a Santiago y Santa Gertrudis. Fue recibido con honores por el príncipe y regresó con grandes donativos con los que se finalizó el monasterio. Más aún, en el s.XIII había un monasterio filial de este en Kiev.

Otro monasterio latino que recibió grandes donativos de los príncipes de Kiev fue el de San Pantaleón en Colonia (Alemania), que los recibió de Mstislav I Vladimírovich (hijo de Gytha de Wessex, que era hija del último rey sajón de Inglaterra, Harold, que murió en 1066 en la famosa batalla de Hastings contra los normandos) y de su hijo Iziaslav II, que fue bautizado como Pantaleón (muchos príncipes rusos tenían 3 o 4 nombres: uno eslavo, otro griego o latino de bautizo, otro germánico y algún sobrenombre… sin contar el patronímico).

Dice la leyenda que un oso atacó a Mstislav y lo dejó herido, moribundo, pero un joven se le apareció en una visión y le dijo: “Mi nombre es Pantaleón, y mi casa amada está en Colonia”, y lo sanó. Al recuperarse Mstislav la familia se hizo devota del santo y de su convento en la lejana Colonia. Iziaslav II Pantaleón, el hijo del milagrado, murió a los 54 años en 1154, un siglo después de la excomunión mutua, sin que parezca que dejara de apoyar al convento latino de Colonia. 

Iglesias latinas había por toda la Rus de Kiev y hasta el siglo XIII fue frecuente la llegada de misioneros latinos a Rusia, a la “Bulgaria del Volga” y hasta las estepas del Mar Negro.

Cuando las rusas bautizaban en iglesias varegas
Un documento del siglo XII en ruso llamado "Las preguntas de Kirik", escrito en Novgorod, de derecho canónico, recoge que muchas mujeres rusas (eslavas) llevaban sus bebés a bautizar a iglesias "varegas" (es decir, germánicas-latinas) pero el texto, aunque parece entender que es algo erróneo (se impone una ligera penitencia a la mujer) da por supuesto que el bautismo en otras iglesias es válido.

La santa ortodoxa que vivía en Roma en el siglo XIII

Una santa rusa del calendario ortodoxa, Santa Parasceva, princesa de la familia de los príncipes de Polotsk (un principado importante del siglo XI y XII, en lo que hoy es Bielerrusia, con sede episcopal) fue peregrina a Roma, vivió allí 7 años y murió en 1239. La Iglesia Ortodoxa Rusa la canonizó en 1273, más de dos siglos después de la "excomunión mutua", sin que pareceriera molestarles sus años de vida devota en tierra latina. (Lo cuenta
M.A. Taube, "Roma y Rusia en el periodo antes de los mongoles", Almanaque Católico, 2, París, 1928, en francés).


Catedral de la Natividad en Suzdal, un ejemplo del románico entendido al estilo ruso

La Rusia “románica” llena de constructores latinos
Es cosa bien sabida, además, que las iglesias del siglo XII que hoy contemplan los turistas en el llamado "Anillo de Oro" (en los antiguos principados de Suzdal y Vladimir, por ejemplo) las construían y diseñaban técnicos occidentales, llegados a petición de los príncipes desde Alemania, Polonia y Lombardía. El príncipe Yuri "Dolgoruki" (es decir, "Jorge Brazolargo", que sería el fundador de Moscú) y su hijo San Andrés Bogolubski (el primero en dedicar una iglesia rusa a la Virgen) fueron los grandes impulsores de este arte, un auténtico románico en el Oriente europeo.

Todos estos indicios muestran que tardó mucho en consumarse la ruptura decretada en 1054. Ojalá tarde menos en consumarse y llevarse a plenitud la reconciliación y plena comunión.
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