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Martes, 17 de octubre de 2017

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Voz de los sin voz


La opción del "mal menor" solo puede ser acogida por un cristiano de forma circunstancial y transitoria; sin caer en la tentación de hacer de ella su "santo y seña".



Monseñor José Ignacio Munilla

28 septiembre 2014

La retirada por parte del Presidente de Gobierno del “Anteproyecto de Ley Orgánica para la Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada” es una decisión política con unas implicaciones morales muy graves, dado que la medida del Sr. Rajoy condena a cientos de miles de vidas humanas al más absoluto de los desamparos.

El derecho a la vida no es un derecho más, sino uno anterior a todos los derechos, y sobre el que se sustentan todos los demás. Obviamente, el juicio moral de las políticas desarrolladas por un gobierno no se circunscribe a la tutela de la vida. La experiencia nos dice que unos partidos suelen ser más sensibles hacia determinados valores éticos, mientras que otros lo son hacia otro tipo de valores morales. Pero cuando lo que está en juego es el mismo derecho a vivir, no cabe entender que estemos ante una cuestión más, entre tantas otras. Se trata probablemente del mayor de los dramas morales de nuestra sociedad. Cada día son exterminadas en España más de trescientas vidas humanas, a las que se les niega el más elemental de los derechos: el derecho a vivir. Y esto se hace bajo el amparo de un ley inicua que reconoce el derecho a abortar, es decir, el derecho a matar.

Si bien el Partido Popular había manifestado mientras estaba en la oposición su desacuerdo con la ley abortista de Zapatero (2010), finalmente, ha terminado por asumir la aberración de considerar al aborto como un derecho humano. (Conviene puntualizar que no existe en el mundo otro estado que considere el aborto como un derecho en su legislación). Desgraciadamente, no es la primera vez que se produce una deriva semejante en el Partido Popular. Los hechos demuestran que la supuesta “izquierda” es la que termina marcando el camino a la supuesta “derecha”. Cada vez existen menos diferencias ideológicas reales entre los partidos políticos, dado que han asumido todos ellos los valores del neocapitalismo, el relativismo y la ideología de género. Alguien dijo que el pensamiento políticamente correcto de nuestros días se caracteriza por ser teóricamente marxista, prácticamente liberal, y psicológicamente freudiano.

La decisión tomada por el Presidente de Gobierno reabre de una forma definitiva el debate ya existente desde hace tiempo en el seno de la Iglesia Católica: ¿Qué tipo de presencia deben de tener los católicos en la vida política? ¿Es coherente que los católicos se integren en partidos políticos que acogen en sus programas propuestas diametralmente contrarias a los valores evangélicos? ¿Pueden los católicos votar a partidos políticos que están en esta situación, basándose en el principio del “mal menor”? El tiempo ha demostrado que por el camino del “mal menor” se termina llegando al “mal mayor”. La opción del “mal menor” solo puede ser acogida por un cristiano de forma circunstancial y transitoria; sin caer en la tentación de hacer de ella su “santo y seña”. Y es que… Jesucristo nos enseñó a apostar por el bien; no por el mal menor.

De forma similar a como me consta que un número significativo de militantes del Partido Nacionalista Vasco se dieron de baja en su militancia política cuando su partido asumió los postulados abortistas, tampoco me cabe duda de que ahora serán también muchos los que hagan lo propio en el Partido Popular (aunque los aparatos políticos intenten poner sordina a este hecho). Estamos ante un test importante para medir nuestra jerarquía de valores: ¿La ideología por encima de los valores morales? ¿O los valores morales por encima de la ideología? No caben las componendas; hay que optar.

Los creyentes tienen un serio problema: en el arco parlamentario actual no existe ningún partido de ámbito estatal capaz de representar al voto católico. Para decirlo claramente: un católico que aspire a ser fiel a los principios de la Doctrina Social Católica, no puede votar en coherencia a los partidos políticos de ámbito nacional presentes en el actual Congreso de Diputados.

El quehacer de los obispos es la iluminación moral, y no la conformación de alternativas políticas. He aquí uno de los retos específicos más importantes de los seglares en este momento. La vocación de los laicos católicos, a diferencia de los sacerdotes y obispos, es la de hacerse presentes en la vida pública proponiendo alternativas políticas, capaces de encarnar de forma coherente en la vida pública los principios que inspiran la Doctrina Social Católica.

Ni qué decir tiene que aunque estas reflexiones están referidas prioritariamente a los católicos, son también aplicables a los miembros de otras confesiones religiosas, e incluso a no pocos ciudadanos no creyentes que apuestan por la integridad de los valores morales, incluyendo el de la inviolabilidad de la vida humana en el seno materno.

La cuestión es la siguiente: ¿Quién prestará su voz a los que no tienen voz? ¿Quién está dispuesto a defender el derecho a la vida de cientos de miles de inocentes que todavía no pueden hablar por sí mismos? ¿Y quién ofrecerá a las mujeres embarazadas que están en situaciones difíciles una alternativa a esa trampa mortal llamada “derecho a abortar”?

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Comentarios

Manuel Morillo
02/10/2014
¡Zas, en toda la boca! del obispo Munilla a las organizaciones pantalla .


¡Zas, en toda la boca! del obispo Munilla a las organizaciones pantalla y su supuesta táctica provida que en realidad era de engaño de la derecha social para mantenerla secuestrada electoralmente para el PP
Javier Pereda Pereda
30/09/2014
Esto no es.
Muy bien don José Ignacio. Me parecen muy acertadas las tres intervenciones de los Señores obispos: Reig Plá, Iceta y Munilla. Las tres, en lo esencial, dicen lo mismo, aunque desde distintos prismas. Me parece aleccionador lo que dice don José Ignacio de que un cristiano sólo puede acoger la opción del mal menor de forma circunstancial y transitoria. Y llevamos con el mal menor del aborto de la ley González desde 1985, casi treinta años. Y claro, esto no es.
guadalupe
29/09/2014
alternativa de partido.
Estoy totalmente de acuerdo con su escrito. Estoy buscando por internet y he encontrado un partido (Alternativa Española)(AES) no solo para votar sino para implicarme... Que le parece ha usted? Gracias
Sancho
29/09/2014
La moral tampoco se impone, se propone.
Creo que lo que tienen que hacer los católicos es orar e intentar convencer a la sociedad de sus valores morales, como que el aborto es un verdadero asesinato de un ser humano y no la interrupción de un proyecto de ser humano como piensa la mayoría. Los gobernantes deben gobernar para toda la sociedad, y se equivocan los cristianos que pretenden que se imponga por la fuerza su moral a la sociedad provocando el odio de quienes se sienten víctimas de fanáticos y de sus locas creencias.
Cristina Blanco
28/09/2014
NO tengáis miedo de ellos.
Iría al fin del Mundo detrás de pastores como Munilla o Reig Plà. Respecto a los obispos que están callados, habría que recordarles lo que Dios dijo a través de jeremías (Jer, 1-17-19): ´´17 Por tu parte, te apretarás la cintura, te alzarás y les dirás todo lo que yo te mande. No tengas miedo de ellos, y no te haré yo desmayar delante de ellos;
18 pues, por mi parte, mira que hoy te he convertido en plaza fuerte, en pilar de hierro, en muralla de bronce frente a toda esta tierra, así se trate de los reyes de Judá como de sus jefes, de sus sacerdotes o del pueblo de la tierra.
19 Te harán la guerra, mas no podrán contigo, pues contigo estoy yo - oráculo de Yahveh - para salvarte.´´
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