Sábado, 07 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

Hay que integrar el sufrimiento en la vida, dice el doctor Manuel Serrano

«El hombre necesita serenidad para seguir viviendo y el dolor puede arrebatársela: debe minimizarse»

Cuando existe un buen sistema de cuidados paliativos, los enfermos abandonan, si la tuvieron, la idea de morir artificialmente.
Cuando existe un buen sistema de cuidados paliativos, los enfermos abandonan, si la tuvieron, la idea de morir artificialmente.

Enrique Chuvieco / ReL

“La dignidad es intrínseca al hombre en cualquier circunstancia y quitarse o quitar la vida es quitar la dignidad”: el doctor Manuel Serrano argumenta su rechazo al suicidio asistido y la eutanasia y, como médico especialista en cuidados paliativos, defiende esta alternativa. Acaba de publicar un libro al respecto, Los últimos días. Razón y práctica de los cuidados paliativos (Digital Reasons). 

-Dignidad y libertad... ¿considera que son dos de las principales características del ser humano? 

-El hombre es un ser dotado de un intelecto que le hace capaz de juzgar y elegir. Al resultado de este proceso llamamos libertad, específica del hombre. El hombre es libre sobre todo porque decide adherirse a un modo de explicar el significado de su existencia, en base al cual actúa con un sentido. Su presencia y sus actos, que le hacen irrepetible ante sus semejantes, definen su dignidad, la cual es la base del respeto que nos debemos como personas. Tanto el propio ser humano como todo el entorno social debe ser consciente de que son estas, libertad y dignidad, las propiedades que lo definen mejor y su pérdida entraña una alienación en el sentido más propio de la palabra.

Manuel Serrano Martínez es doctor en Medicina y especialista en Medicina Interna. Ha sido profesor en la Universidad de Navarra y en la Universidad Alfonso X el Sabio. Su experiencia clínica abaca la Clínica Universitaria de Navarra, el Mount Sinai Hospital de Nueva York, el Servicio Navarro de Salud y el Hospital La Luz de Madrid.

-¿Por qué propone que dolor y sufrimiento tienen sentido para el ser humano, en un contexto global nihilista que no percibe ningún provecho al dolor? 

-El hombre no quiere sufrir, el sufrimiento y el dolor son una sensación y un sentimiento desagradable. Pero el dolor tiene una misión: la de avisar de algo que pone en peligro la integridad física. Y el sufrimiento es ese sentimiento de que lo que se está viviendo no está de acuerdo con lo que interiormente se desea.

»Cuando se pretende principalmente el disfrute y la posesión material que dé acceso a los placeres de la vida, todo lo que se opone a ello causa sufrimiento. Sin embargo, la razón para vivir viene señalada por las circunstancias que debemos atravesar y que son irreversibles, es decir, por la realidad.

»Una enfermedad, un accidente ocurrido, la proximidad de la muerte son partes de una realidad que nos es dada la cual no puede arrebatar el ansia de felicidad. El hombre asentado en el significado de la vida puede ser feliz a pesar de todo aquello que le ocurre, basta con que ame su propia vida dotada de un destino. El dolor y el sufrimiento son parte de esa vida. Sin embargo, como el hombre necesita serenidad para seguir viviendo y el dolor puede arrebatársela, debe minimizarse y anularse eficazmente con todos los medios humanos posibles que hoy están al alcance de la medicina paliativa.

-En su larga experiencia médica, ¿ha experimentado o visto en otros el sentido del dolor?

-He visto a algunos soportar circunstancias dolorosas sin perder la alegría, y he podido comprobar que hay cierta clase de personas que mantienen la serenidad en medio de sufrimientos nada corrientes. Estas personas nunca habían sido héroes en su existencia diaria. Simplemente fueron capaces de integrar el dolor en su vida sin que esta perdiera su sentido

-Aborda en su libro conceptos actuales sobre bioética, suicidio asistido y eutanasia. ¿Qué entidad y propuesta les da usted?

-Este asunto es especialmente importante en nuestro tiempo. La organización social se está orquestando en base a la aparente seguridad de que el único sentido de la vida es gozar y no sufrir, y que el dolor arrebata la dignidad de las personas. Ya he dicho antes que tanto lo uno como lo otro se puede integrar en el significado que tiene la vida humana como valor supremo y digna de ser respetada. En el corazón de todo hombre podemos encontrar la inscripción de que la vida es buena, y que respetar al otro es bueno.

»Sin embargo, el hombre se ha empeñado siempre en dictar las ideas que se le ocurren, con las que pretende saldar las dudas que le sobrevienen cuando encuentra dificultades vitales. Estas ideas son las que dictan las éticas utilitarias que en nuestra sociedad se imponen por aquellos grupos convencidos de que el corazón del hombre se equivoca, que es su propio poder el que debe imponer lo que está bien y lo que está mal. Hay incluso quien basándose en una bioética ideologizada justifica atentados contra la vida. El suicidio asistido y la eutanasia son dos modos distintos de afrontar el pensamiento de que la vida no tiene sentido, con el falso planteamiento de que ante el sufrimiento su valor desaparece. La muerte provocada no puede formar parte de la lucha contra el dolor y el sufrimiento, solo los tratamientos paliativos pueden, aplicados oportunamente, conservar la dignidad del hombre hasta su muerte.

-La reivindicación sobre la libertad personal, en lo que se conoce como los nuevos derechos, afecta a suicidio asistido y a la eutanasia. A su juicio, ¿qué conllevará estas prácticas en lo social?

-Ya lo estamos viendo. La sociedad adopta posturas consensuadas por unos pocos, imponiéndolas al resto. Actualmente cualquier pensamiento, incluso sin ninguna evidencia ni certeza, basado en la conveniencia de algunos, se convierte en un derecho democrático. La democracia, desgraciadamente, se ha convertido en una ideología por la que se alcanza el poder personal y de grupo, cuando debería ser el modo más puro de gobierno y origen del respeto social para lo verdaderamente humano.

»La libertad no es el derecho a hacer lo que se quiera. Es la capacidad que tiene el hombre de juzgar y elegir el Bien; implica el respeto de aquello que engrandece al hombre y no la imposición de lo que reduce la grandeza de su humanidad. La dignidad no depende del parecer de nadie, es intrínseca al hombre en cualquier circunstancia y quitarse o quitar la vida es quitar la dignidad. Una sociedad futura en la que la dignidad humana no tuviera valor aterraría a las personas que no hubieran perdido el sentido de la vida. Pero me temo que este es el camino que actualmente se practica en las sociedades democráticas de Occidente.

-Parece evidente que los gobiernos favorecen el suicidio asistido y la eutanasia frente a los cuidados paliativos...

-Los gobiernos democráticos hoy están afectados de raíz por el poder. Ya he dicho antes que el hombre ante las dudas emite opiniones, estas se trasforman en ideas y las ideas, debidamente organizadas se imponen como derechos. Es consecuencia de la obediencia a una ética que se aparta de la moral original de la humanidad. Cuando esto se discute por mentes ideologizadas se puede llegar a concluir que son buenas para el hombre y la sociedad cosas que no lo son, mientras se desprecian otras que se proponen como alternativa.

»El derecho establecido desde siempre a recibir los cuidados que como seres humanos merecemos es primero que dictar nuevos derechos. Es decir, fomentar y extender los cuidados paliativos y la atención a todos los pacientes en situación inestable es primero. Ya veremos después, siendo esto útil de verdad, como ya se ha demostrado, si aún hay personas que abogan por lo que llaman muerte digna. La verdadera dignidad esta ligada a cuidados humanitarios y en ningún caso a promover la muerte como solución. Esto puede ser defendido sólo por aquellos para quienes la vida en sí misma no significa nada.

-"Afrontar la muerte" es el último capítulo del libro, una cuestión peliaguda para cada individuo...

-No podemos hablar tanto de la vida y de la dignidad sin considerar que estamos abocados a la muerte. La muerte no es un destino, es el fin de la vida biológica. Sería complicado entrar en consideraciones antropológicas en este momento. Pero sí es verdad que hay un tiempo en que el hombre es plenamente consciente de que la vida que conoce está próxima a terminar. Afrontar ese camino final no es tan complicado. Lo veo en muchos de mis pacientes, pero no en todos. Hay quien se rebela y quien se resigna. Pero yo pienso que hay que tener una actitud activa. Es necesario hacer las cuentas, enfrentarse consigo mismo y examinar el sentido de la vida que se ha vivido, y reenfocar lo que se considere necesario. Un solo instante puede iluminar toda la existencia.

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