Martes, 07 de julio de 2020

Religión en Libertad

«Si lo haces, no lo podrás deshacer»

Una frase a la desesperada sembró la duda en una pareja con dos hijos que iba a matar al tercero

Una mañana a las puertas de un abortorio: a veces en la quiniela de los rescatadores una única «X» es el único consuelo en un mar de «2».

C.L./ReL

Ante un abortorio de San Diego.
Ante un abortorio de San Diego.
El trabajo de los rescatadores a las puertas de los abortorios no se salda siempre con los éxitos que significan salvar vidas que parecían condenadas. Uno de los grupos más activos, y también más locuaces a la hora de contar sus experiencias, es el californiano Culture of Life Family Services (Servicios Familiares Cultura de la Vida, COLFS), de San Diego, que rinde cuenta periódica de lo más significativo de su trabajo y pide oraciones por cada caso: por las mujeres que deciden tener a su hijo... sin que ello elimine las dificultades que les hicieron vacilar; por las que aún vacilan; por las que llegan a consumar el aborto, sin convicción y convencidas de su horror; y las que se sienten orgullosas de ello.

En la última semana hubo de todo para COLFS, aunque predominó lo negativo. Tres personas de 14, 16 y 18 semanas perdieron la vida en un par de abortorios de dicha ciudad norteamericana, a pesar de que las gestantes llegaron a interaccionar con los rescatadores -en muchos casos, obviamente, no dan opción ni se les acosa para ello-.

Tres fracasos...
Claramente, la primera madre no estaba convencida de abortar... y su marido tampoco quería que lo hiciese. Pero lo hizo. En principio parecía una victoria, y tras la intervención del rescatador, se fueron del abortorio asegurando que acudirían al centro provida a buscar una alternativa. Pero no muchos minutos después regresaron. Por alguna razón, la mujer sentía "demasiado dolor" por ese embarazo, y, aunque entró con lágrimas en los ojos, lo suprimió.

También llegó, "doblada por el dolor" -afirma la asociación- una joven embarazada de cuatro meses. Entró con su novio en el abortorio, mientras el hermano de ella, que les había traído en coche, se quedaba afuera hablando con los rescatadores. El chico se sentía profundamente decepcionado por el hecho de que su hermana quisiera matar a su hijo. Afirmó que bebía demasiado desde que había empezado a considerar deshacerse de él. "Mi hermana necesita muchísimo que recen por ella", dijo.

También hay quien aborta sin remordimiento alguno. Ese día salió de la clínica una mujer que acababa de abortar. Salía "fuertemente sedada", según COLFS, pero dijo que el trato del personal había sido magnífico y que se encontraba estupendamente. Contestó con absoluta indiferencia a la pregunta de los rescatadores sobre la edad del feto: 18 semanas. Los provida le dieron información sobre los riesgos del aborto y sobre la carrera de matarife del médico que acababa de intervenirla: "Entonces buscaré otro sitio la próxima vez", respondió la mujer, encogiéndose de hombros.

No hay marcha atrás
Ese viernes sólo hubo una buena noticia para el grupo. Una pareja se dirigía a la clínica cuando el rescatador solicitó hablar con ellos. La mujer le ignoró, pero el hombre se detuvo. "Si tuvieras dos niños y estuvieras esperando el tercero, pero no fuese el momento oportuno, ¿qué harías? ¿Tienes hijos?", preguntó al rescatador. Éste también tenía dos, y pasó al ataque recordándole que Planned Parenthood -titulares del abortorio al que se dirigía- obtiene el 53% de sus ingresos de los abortos que realiza, y tiene por ello mucho interés en promoverlo.

El rescatador ofreció al matrimonio los servicios de su asociación, totalmente gratuitos, para encontrar opciones. Y, cuando todo parecía inútil y el hombre ya se metía en la clínica, le hizo una última reflexión: "¿Por qué no darle a tu hijo la misma oportunidad de vivir que te dieron a ti tus padres y a mí los míos? No tienes por qué tomar hoy esa decisión. Si lo haces, no lo podrás deshacer. Piénsalo".

Poco después (demasiado poco como para que el aborto hubiese tenido lugar), vieron salir a la pareja abandonando el abortorio en un coche. No dijeron nada a los rescatadores, pero todo apunta a que, efectivamente, lo iban a pensar mejor.

Una equis (¿tal vez un uno?) tras tres doses... a veces es el único premio que deja la dura quiniela de intentar salvar vidas a las puertas de un matadero.
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