Miércoles, 22 de enero de 2020

Religión en Libertad

Ella era provida, pero le asaltó la idea de abortar

Kristi fue violada: «No podía imaginar sentir una vida preciosa dentro de mí y negar su legitimidad»

Kristi, en una imagen tomada durante su embarazo.
Kristi, en una imagen tomada durante su embarazo.

ReL

Kristi Kollar es una joven soltera, madre como resultado de una violación. Es estudiante universitaria a tiempo completo, activista provida y conferenciante sobre cuestiones como el abuso sexual, el embarazo y la maternidad en adolescentes, la prevención del suicidio y los derechos de las mujeres. Ella ha relatado su historia en Salvar el 1, blog provida que defiende el derecho a nacer de los niños concebidos en violación.

Historia de mi embarazo

Tenía 17 años cuando quedé embarazada. El hombre que me violó era mi amigo, pero resultó ser un manipulador del que no me podía deshacer. Era el tipo de persona que amenazaba con suicidarse y le echaba la culpa a los demás por no hacer cosas por él. Vivir esta situación da miedo. Cuando me sujetaba del cuello en la parte trasera de su camioneta, le decía que no, pero eso no lo detenía. Recuerdo la lucha y el llanto. No se detenía hasta que yo estaba hiperventilando tanto que mi cuerpo se estremecía fuera de mi control.

Quizá pienses que doy demasiados detalles... pero créeme que no lo hago. Comparto esto para demostrar la severidad de la violación. Cómo te afecta en todos sentidos: emocional, mental, física y hasta espiritualmente.

Estudiaba en el último año de preparatoria en Montana y acababa de ser aceptada en la universidad de mis sueños en Nueva York. Un año antes del ataque, mi papá y yo habíamos sobrevivido el incendio de nuestra casa, nos habíamos quedado sin hogar, entrábamos y salíamos de hospitales, tuvimos emergencias familiares y muertes, y habíamos debutado en una película donde dábamos nuestro testimonio (crecí en un hogar lleno de abusos, antes de que mi papá ganara mi custodia a los 7 años y ambos fuéramos salvados).

Si existía un momento que fuera el tiempo “equivocado” para quedar embarazada, era éste. ¿Cómo podía poner más carga sobre mi papá cuando ya estaba lidiando con tanto? ¿Qué pasaría con la universidad?

Estaba muy involucrada en una escuela cristiana privada: tomaba cualquier actividad extracurricular que podía y tenía a muchas chicas menores que yo que me admiraban. ¿Qué pasaría con la iglesia? ¿Se irían mis amigas? ¿Me creerían? ¿Qué me haría él si lo contaba?

Todos estos pensamientos me acosaban todos los días durante los siete meses en los que escondí mi embarazo. Pero uno de ellos resonaba más fuerte que todos: tenía una pequeña persona viviendo en mí. Una vida. Dios me encomendó ayudarlo a crear un bebé humano. Y nada de esto era su culpa.

Siempre he sido provida, pero no dejaba de darle vueltas a mi cabeza. ¿Era conveniente abortar y olvidarme de todo? Seguir con mi vida, graduarme y mudarme a Nueva York. Estaba tan cerca de lograrlo... No teníamos el dinero para criar un bebé, especialmente después de todos los acontecimientos que mencioné antes. Tenía que cuidar mi reputación.

Pero nunca fue una opción real para mí. ¿Podía escoger ganar el mundo entero a cambio de perder un alma? ¿Realmente mataría a un bebé sólo porque ella no era parte del plan que yo tenía?

Recuerdo escribir un ensayo provida (como lo hacía cada año) cuando estaba de 20 semanas de embarazo. Recuerdo sus pequeños piecitos pateándome y su hipo mientras escribía. De pronto me detuve y me di cuenta de que en ese punto de mi embarazo aún es legal terminar con su vida. Ni siquiera podía imaginármelo: sentir una vida preciosa tan activa dentro de mí y aun así negar su legitimidad.

Mi plan era llegar a la graduación y luego contárselo a mi papá y a unos pocos más. Yo tenía una complexión tan pequeña que esconder el embarazo no era difícil. Sin embargo, la gente empezó a darse cuenta.

Tres semanas antes de mi graduación, mi pastor llamó a mi papá y yo sabía que él se había dado cuenta. Estaba aterrada. Recuerdo que él entró y empezó a decirme cuánto me amaba y lo orgulloso que estaba de mí. Entonces me preguntó si estaba embarazada y le conté lo que sucedió. De inmediato pidió una cita con el doctor y una junta con mi escuela y la iglesia.

Fueron muy corteses en mi escuela. El doctor dijo que todo se veía muy bien, a pesar de haber eludido todas las citas prenatales. Estaba esperando una niña.

Siguió la iglesia. Era el lugar en el que esperaba encontrar la mayor gracia y seguridad, pero en vez de eso recibí mucha confusión y rechazo. Los padres de mi agresor también iban a nuestra iglesia y ellos, mi agresor y los pastores, mi papá y yo, tuvimos una reunión para decidir qué haríamos. Él admitió lo que me hizo frente a todos. No hicieron nada. De hecho, trataron de presionarnos para que nos casáramos. Era claro que querían esconder todo para no perturbar la iglesia. Cuando yo no accedí, me pidieron que me fuera.

Después de esto, luché contra la depresión y la confusión espiritual. Perdí muchos amigos y ahora también la iglesia donde crecí. Sentía que yo no tenía perdón. Después de todo, me corrieron de la iglesia que fue mi hogar durante 9 años.

El 27 de Julio de 2018, nació Adeline Marie Kollar. Todo salió increíblemente bien. En el momento en el que la vi, todo el dolor previo de los 9 meses desapareció completamente. Realmente creo que, si no tuviera a Abby, no habría podido sanar de las agresiones. Ella era y es la luz y el propósito de mi vida.

Kris, con su hija. Foto: Salvar el 1.

Su padre no quería involucrarse y yo no me sentía segura cerca de él, así que me vino muy bien. Viví con mucha culpa durante un tiempo, ya que mi iglesia me había presionado diciéndome que Abby crecería sin su padre, pero le doy gracias a Dios por ser verdaderamente el Padre de Abby y jamás le hará falta un papá porque Dios es fiel.

También tenía el apoyo de mi increíble papá. Él alentó el sueño de mi universidad y mi vida en Nueva York. Se mudó conmigo a la ciudad para poder cuidar a Adeline mientras yo estudiaba.

Ahora, soy estudiante de actuación de tiempo completo y una madre soltera joven, así como activista provida. He creado un ministerio personal para la defensa de la vida en todas las etapas, desde la concepción hasta la muerte natural. He ayudado en centros de embarazo, tengo una plataforma en redes sociales y me piden que hable en eventos públicos. Guío y atiendo a jovencitas y puedo ayudar en frentes más personales como lidiar con asuntos como el abuso sexual, prevención de suicidio y embarazo de adolescentes. Mi historia es una de muchas.

Quiero señalar que la maternidad no mata los sueños y no se limita a cierta edad, siempre hay apoyo, aunque no venga de la familia o de los más cercanos. Hay centros, así como otras organizaciones y personas voluntarias que quieren hacer cualquier cosa para ayudar. No tiene que haber circunstancias perfectas. El aborto jamás es la mejor opción.

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