Viernes, 22 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

Para que la Misa emocione sin espectáculos

El cardenal Cañizares redacta un manual para preparar la Eucaristía «sin ruptura ni inmovilidad»

Cardenal Cañizares
Cardenal Cañizares

Zenit

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos está preparando un pequeño libro destinado a los sacerdotes, para ayudarlos a celebrar debidamente la santa misa y a los fieles a participar bien en la misma.

Lo anticipó ayer en Roma el cardenal Antonio Cañizares, durante la conferencia que dio en la embajada de España ante la Santa Sede, sobre “La liturgia católica a partir del Vaticano II: Continuidad y evolución”.

“Lo estamos preparando, servirá para ayudar a celebrar bien y a participar bien, espero que salga este año, para el verano”, declaró el purpurado. El cardenal durante la conferencia reiteró la importancia dada por el Concilio Vaticano II la la liturgia, “cuya renovación debe ser entendida en continuidad con la tradición de la Iglesia y no como ruptura o discontinuidad”. Ruptura sea por innovaciones que no respetan la continuidad o por una inmovilidad que congela todo a Pío XII, indicó en la misma.

El cardenal recordó en particular la importancia que el primer documento conciliar --la Sacrosantum Concilium- otorga a la sagrada liturgia, por cuyo medio “se ejerce la obra de nuestra Redención, sobre todo en el divino sacrificio de la Eucaristía”.

Precisó que “Dios quiere ser adorado de una manera concreta y nosotros no somos quienes para cambiarla”. Una reforma en la continuidad, contrariamente indicó el purpurado, “no entenderemos nada”.

Precisó que se habla de Iglesia renovada, lo que no debe ser entendido como una mera reforma de estructuras, sino como un cambio desde la liturgia, pues desde la liturgia se opera la obra de la salvación.

Y que cuando se habla de liturgia no se puede olvidar lo que dice el documento conciliar: “Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica. Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, ´ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz´, sea sobre todo bajo las especies eucarísticas”.

Subrayó que la finalidad de la liturgia “es la adoración de Dios y la salvación de los hombres”, que no se trata de una creación nuestra, sino fuente y cumbre de la Iglesia”

El cardenal prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos criticó abusos existentes como la espectacularización, en cambio elogió esos momentos de silencio “que son acción”, que le permiten al sacerdote y a los fieles hablar con Jesucristo, y que excluyen el predominio de la palabra, que muchas veces se convierte en protagonismo por parte del sacerdote. La actitud justa dijo, “es la indicada por san Juan Bautista, cuando dice que se eclipsa para dar lugar al Mesías”.

Ironizó sobre el "amenizar la misa" cuando se habla de los cantos. Pues, dijo, es necesario hacer entender el misterio que hace superar "el aburrimiento", en lugar de transformar la misa en un espectáculo.

Añadió que en concreto el Concilio no habló de la misa cara al pueblo, de la importancia de Cristo en el altar, lo que le permitió a Benedicto XVI celebrar la misa en la Capilla Sixtina hacia el altar, lo que no excluye la cara al pueblo, en particular durante la palabra de Dios. Subrayó la necesidad de la noción del misterio, y de algunos particulares interesantes que se respetaban como el altar hacia el oriente, y que no se pierda el sentido sacrifical de la eucaristía.

Interrogado por la embajadora de Panamá ante la Santa Sede sobre la acción de las culturas autóctonas en la liturgia, el cardenal precisó que “el Concilio habla de la inculturación de la liturgia”, respetando “las legitimas variedades”, sin que ellas quiten los principios.

Recordó una experiencia suya en España, en Santa Fe, el domingo de Ramos, cuando escuchó una misa gitana en la que un joven cantó el ´Cordero de Dios´, con un martinete [género del cante flamenco], “un verdadero quejido del alma”, que “emocionó e hizo participar a toda la asamblea”.

Analizó también el hecho que en muchas iglesias el santísimo es puesto en un altar o capilla lateral con lo que “el sagrario desaparece”, por lo que la gente conversa antes de la misa y llega menos preparada.

Sobre el caso Lefebvre, el cardenal recordó que Benedicto XVI ofreció una medida sanatoria, sin que ellos la correspondieran, y que “pensar que la tradición se queda en Pío XII esto también es ruptura”. 

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