Verdad y coherencia: León XIV pide dejar atrás los prejuicios y las modas que oscurecen el Evangelio
El Papa presidió la misa de Pentecostés en la basílica de San Pedro, en el Vaticano.
"La misión no es tarea de unos pocos —afirmó—, sino de toda la comunidad reunida en torno a la Palabra".
En la solemnidad de Pentecostés, el Papa León XIV presidió la Eucaristía en la Basílica de San Pedro, donde ofreció una reflexión centrada en la acción transformadora del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia y del mundo.
Ante miles de fieles, el Pontífice subrayó que el Espíritu del Resucitado "abre caminos de paz, impulsa a la misión y conduce a la verdad", tres dimensiones que, según explicó, siguen siendo urgentes en un tiempo marcado por conflictos, desigualdades y confusión moral.
Generosidad del Espíritu
Durante la celebración, León XIV invitó a los presentes a pedir con insistencia el don de la paz, recordando que "la violencia no se supera con poder, sino con amor".
El Papa situó este mensaje en el contexto de las guerras que afectan a diversas regiones del planeta y llamó a los cristianos a convertirse en "artesanos de reconciliación", capaces de romper la lógica del enfrentamiento y abrir espacios de diálogo.
También pidió no olvidar a quienes sufren pobreza extrema, insistiendo en que la dignidad humana "no se rescata con riqueza acumulada, sino con la generosidad que nace del Espíritu".
En su homilía, el Papa destacó que Pentecostés no es solo el cierre del tiempo pascual, sino el inicio de una Iglesia enviada al mundo. Recordó que el Espíritu Santo "no es un recuerdo del pasado, sino una fuerza que renueva", y animó a los fieles a asumir su papel como protagonistas del anuncio del Evangelio.
"La misión no es tarea de unos pocos —afirmó—, sino de toda la comunidad reunida en torno a la Palabra", subrayando que cada gesto de misericordia y cada acto de fe contribuyen a iluminar una sociedad que a menudo "se envejece entre errores y violencia".
Puedes ver aquí completa la misa del Papa de Pentecostés.
León XIV dedicó también un espacio a la dimensión de la verdad, señalando que el Espíritu Santo "defiende de la hipocresía, los prejuicios y las modas que oscurecen el Evangelio".
En un mundo saturado de información contradictoria, el Papa insistió en la necesidad de cultivar la coherencia interior y la escucha, recordando que la verdad cristiana "no oprime, sino que libera". Antes de concluir, pidió a la Virgen María —a quien llamó "Madre de la Iglesia y compañera en el camino"— que acompañe a los creyentes en su deseo de vivir con valentía la fe recibida.