El Papa evoca en Líbano «la verdad más grande»: que «el proyecto de Dios es que seamos una familia»
El primer acto de León XIV en el País de los Cedros fue un encuentro con las autoridades en el Palacio Presidencial.

León XIV se dirige a las autoridades libanesas en su primer día de estancia en el país, ante la mirada del presidente Joseph Aoun.
Líbano es la segunda etapa del primer viaje apostólico de León XIV. Tras cuatro días en Turquía (de jueves a domingo), le esperan dos jornadas en el País de los Cedros, desde donde el martes regresará a Roma.
Pablo VI con una breve escala camino de la India en 1964, Juan Pablo II en 1997 y Benedicto XVI en 2012 le han precedido.
- El adiós del Papa a Turquía y la ceremonia de bienvenida en el Líbano, en un minuto.
Durante el pontificado de Francisco, la intensa crisis política y social que sufre el Líbano, los problemas creados por la acogida a los refugiados sirios -como en su tiempo a los palestinos-, el intercambio de ataques entre Israel y el grupo terrorista chií Hezbolá (que controla zonas del Líbano), así como el crecimiento progresivo del islam en detrimento del cristianismo (en muy pocas décadas se han invertido sus proporciones: de un 60-40 con mayoría cristiana en 1956 a un 65-35 de mayoría musulmana en 2020), todo ello unido a la gran explosión del puerto de Beirut en 2020, desaconsejaron el viaje pontificio.
Justo se espera que la presencia de León XIV actúe como bálsamo para impulsar una solución a todos estos conflictos.
A su llegada fue recibido por el presidente libanés Joseph Aoun, el presidente de la Asamblea Nacional Nabih Berri y el primer ministro Nawaf Salam, junto al cardenal Béchara Boutros Raï, patriarca de Antioquía de los Maronitas.
Luego León XIV se desplazó hasta el Palacio Presidencial de Baabda, en una colina en los alrededores de Beirut, para una visita de cortesía al presidente Aoun. Juntos plantaron un Cedro de la Amistad en el jardín presidencial.
Constructores de la paz: tres características
Posteriormente, el Papa fue recibido por una representación de las autoridades políticas, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, a quienes se dirigió en el último acto del día.
Su discurso fue largo y amplio en su temática, centrada en los esfuerzos por la paz en la región.
Comenzó dirigiendo a los presentes unas "palabras de Jesús" en el Sermón de la Montaña, "elegidas como inspiración fundamental" de su viaje: "¡Bienaventurados los que trabajan por la paz!".

León XIV detalló las características del pueblo libanés que deben ayudar a la construcción de la paz en el país y en la región.
Y se esforzó por explicar tres características de los "constructores de la paz" en circunstancias "muy complejas, conflictivas e inciertas" como las del Líbano.
- La primera es "una cualidad que distingue a los libaneses: ustedes son un pueblo que no se rinde, sino que, ante las pruebas, siempre sabe renacer con valentía". Elogió esa "resiliencia", "compromiso", "tenacidad", "perseverancia" como imprescindibles para "engendrar vida y custodiarla". "Interroguen a su historia", les dijo, "pregúntense de dónde viene la gran fortaleza que nunca ha dejado a su pueblo abatido". Proviene de la "esperanza" que distingue al pueblo libanés a pesar de "la radicalización de las identidades y de los conflictos". Esa esperanza hace que "el deseo de vivir y crecer juntos, como pueblo, haga de cada grupo la voz de una polifonía", a la que se une "el profundo vínculo de afecto que une a su país a tantos libaneses dispersos por el mundo".
- La segunda característica de los constructores de paz es que "no sólo saben recomenzar, sino que ante todo lo hacen a través del arduo camino de la reconciliación". Porque "hay heridas personales y colectivas que requieren largos años, a veces generaciones enteras, para poder sanar". Aislado cada cual en su "dolor" y en sus "razones", se olvida que "la verdad solo puede ser honrada mediante el encuentro... La verdad y la reconciliación siempre crecen juntas". Y "no hay reconciliación duradera sin un objetivo común", que es "el bien común" del que surge una paz auténtica, que es "mucho más que un equilibrio siempre precario": "La paz es saber convivir, en comunión, como personas reconciliadas". Porque "la verdad más grande de todas es que estamos juntos insertados en un proyecto que Dios ha preparado para que seamos una familia".
- Por último, una tercera característica de los constructores de paz es que "se atreven a quedarse, incluso cuando ello supone un sacrificio". El Papa citó la "hemorragia de jóvenes y familias" que sufre el país "a pesar del gran dolor que representa dejar su patria". Pero "permanecer en la patria y colaborar día a día al desarrollo de la civilización del amor y de la paz sigue siendo algo muy loable". Por eso hay que "alentar" a quienes favorecen los "vínculos geográficos, históricos y espirituales", pero "sin ceder al localismo y al nacionalismo".
El "baile" de la paz
Para concluir su alocución, León XIV se apoyó en "otra característica preciosa de su tradición milenaria": "Son un pueblo que ama la música, la cual, en los días de fiesta, se convierte en danza, lenguaje de alegría y comunión".
Este rasgo de su cultura, añadió el Papa, nos ayuda a comprender que la paz "no es sólo el resultado de un compromiso humano, por necesario que sea", sino "un don que viene de Dios y que, ante todo, habita en nuestro corazón" y se expande desde él permitiendo que "nos dejemos guiar por una melodía más grande que nosotros mismos, la del amor divino".
"Quien baila avanza con ligereza, sin pisar la tierra, armonizando sus pasos con los de los demás. Así es la paz", remató su metáfora: "Un camino movido por el Espíritu, que dispone al corazón a escuchar y lo hace más atento y respetuoso hacia el otro".