¿Benedicto XVI, espiado en sus propias habitaciones? Una novela ya había sugerido la hipótesis

Paolo Gabriele en el papamóvil.
El Papa está "golpeado y dolorido", según recoge la agencia Ansa en su círculo más íntimo, y en el Vaticano todavía no se creen que Paolo Gabriele, de 46 años, padre de tres hijos, esté detenido bajo la acusación de haber traicionado la confianza de Benedicto XVI, y enfrentándose a posibles penas de treinta años de prisión.
Pero no parece haber dudas: "Los documentos que se le han encontrado y que no debía poseer son una prueba aplastante", transmiten al vaticanista Andrea Tornielli desde la Secretaría de Estado.
Un prelado "con larga experiencia en procedimientos judiciales vaticanos" añade que "la familia de Paolo está destruida. Pero quien le ha inducido a hacer esto es más culpable que él, porque se ha servido de una persona ingenua".
De hecho, hay quienes todavía esperan que de algún modo pueda demostrarse que el comportamiento del mayordomo del Santo Padre tiene una explicación: "Para quienes le conocemos, o bien se ha vuelto loco de repente, o bien ha caído en alguna trampa porque alguien muy importante le ha convencido de guardar esas cartas", dice un amigo suyo según esas mismas fuentes.
Paolo Gabriele no es sólo el mayordomo del Papa con Benedicto XVI. Llegó a la familia pontificia en 1998 de la mano del hoy cardenal Stanislaw Dziwisz, entonces secretario personal de Juan Pablo II. El actual arzobispo de Cracovia le apreciaba por su "sencillez y profunda fe", y el Papa Wojtyla, cuando le veía, le señalaba cariñosamente con el bastón y le llamaba Paulus.
Una novela... ¿de un autor que sabe algo?
Lo curioso es que la hipótesis de que Benedicto XVI pueda haber sido espiado en sus mismas habitaciones la recoge una novela publicada en 2010: La última revelación, de Joseph Thornborn, un libro que triunfó en Italia precisamente porque el autor es una persona profundamente conocedora de las interioridades vaticanas.