Domingo, 16 de junio de 2019

Religión en Libertad

Se abre el proceso de beatificación del padre Arrupe, general de los jesuitas en el postconcilio

ReL

El padre Arrupe presidió el periodo más convulso en la historia de la Compañía de Jesús.
El padre Arrupe presidió el periodo más convulso en la historia de la Compañía de Jesús.

Según informó Vatican News, la diócesis de Roma ha abierto la causa de beatificación del jesuita Pedro Arrupe (1907-1991), prepósito general de la Compañía de Jesús entre 1965 y 1983.

El actual general, Arturo Sosa, anunció el pasado 11 de julio, durante un encuentro internacional de universidades jesuitas celebrado en Bilbao, que el cardenal Angelo de Donatis, vicario del Papa, ha dado "la aprobación diocesana" al inicio del proceso.

Nacido en Bilbao en 1907, el padre Arrupe estudió Medicina en Madrid antes de entrar como novicio en la Compañía en 1927 y ser ordenado sacerdote en 1936. Su primer destino fue Japón, donde fue misionero durante veinte años.

Vivió personalmente en Hiroshima el lanzamiento de la primera bomba atómica el 6 de agosto de 1945. Así vio el momento: “Tan pronto como las baldosas y las explosiones de cristal y de vigas terminaron de caer y cesó el estruendo, me levanté del suelo y vi el reloj frente a mí, todavía sujeto a la pared, pero me detuve: parecía como si el reloj hubiera permanecido clavado. Eran las 8:10. Este reloj silencioso e inmóvil era para mí un símbolo. La explosión de la primera bomba atómica puede considerarse como un evento por encima de la historia. No es un recuerdo, es una experiencia perpetua, que no se detiene con el tic-tac del reloj. Hiroshima no tiene relación con el tiempo: pertenece a la eternidad”.

Pablo VI y el padre Arrupe, durante el sínodo romano de 1971.

A la conclusión del Concilio Vaticano II, el padre Arrupe fue elegido como 28º prepósito general de los jesuitas. Durante sus más de tres lustros de gobierno efectivo la Compañía vivió un periodo de profunda crisis interna que obligó a una intervención de San Juan Pablo II en 1981, tras sufrir Arrupe un ictus que le produjo inmovilidad y graves dificultades en el habla hasta su muerte, abriéndose un incierto proceso sucesorio. En 1983 fue elegido como prepósito general del jesuita holandés Peter Hans Kolvenbach (1928-2016).

Juan Pablo II visitió al Padre Arrupe durante su enfermedad.

El Papa Francisco, que fue seis años (1973-1979) provincial de los jesuitas argentinos, ha mostrado en reiteradas ocasiones su aprecio por la "visión profética" y el "coraje" del padre Arrupe.

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