Los dos hermanos entrenadores que se disputaron la Super Bowl, católicos practicantes
La XLVII Super Bowl jugada este domingo en Nueva Orleáns ha sido noticia por muchas razones.
Beyoncé, inocente
Primero, porque lo es todos los años en Estados Unidos, donde constituye el mayor evento deportivo del año. Segundo, porque la victoria de los Baltimore Ravens sobre los San Francisco 49ers está considerada por algunos especialistas como la quinta mejor final de toda la historia: eran claros favoritos los californianos, pero empezaron siendo vapuleados (28-6) y tuvieron que protagonizar una épica remontada en el marcador que disparó la emoción a extremos inenarrables para los aficionados, pero no llegó a ser suficiente: 34-31 para los de Maryland. Tercero, por el espectacular duelo de quarterbacks entre el cuervo [raven] Joe Flacco y el cuadragésimonoveno [49er] Colin Kaepernick.
Cuarto, porque ha sido el cuarto evento más visto en la historia de la televisión norteamericana. Quinto, por el apagón que, por primera vez también en la historia, sufrió el estadio al poco de la intervención de Beyoncé (no se ha demostrado que fuese ella quien fundiese los plomos, bromeó Roger Goodell, comisionado de la liga profesional de fútbol).
Cristianos por doquier
Pero además ha habido diversas circunstancias que hacían atractivo el encuentro bajo otros puntos de vista. El título que conseguía Matt Birk, por ejemplo, un activo militante pro vida y pro familia que fue decisivo en las formaciones ofensivas.