Lunes, 26 de agosto de 2019

Religión en Libertad

Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa.

Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa.

La amadísima Tutelar.

Ramón Rabre

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La Tutelar.
La Tutelar.

Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa. 15 de agosto.

Nace el poblado de Guanabacoa, La Habana, en 1554, como una reducción indígena, al ser abolidas las encomiendas y la esclavitud de los indios los cuales fueron dotados con tierras comunales. Guanabacoa será la primera población como municipio dependiente que tendrá la Habana. En 1578 ya existía la primera capilla, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, con cura propio. En 1607 fue elevada a la categoría de parroquia de ingreso. En el siglo XVIII lo sería de ascenso, y lo fue hasta que esta terminología fue abolida. En 1858 se estableció esta clasificación de las parroquias: "de ingreso", "de ascenso" y "de término", y dependía de la ubicación, capacidad económica y poblacional del territorio de la parroquia. De ingreso eran las iglesias menores, donde, precisamente, ingresaban los nuevos ordenados, que podían ser promovidos a una parroquia de ascenso. Las de término, luego de unos años de ordenado, si se accedía a una, solían ser vitalicias, de ahí el nombre de "término". Esta clasificación ya no está vigente, pero permanece escrita en manuscritos, sellos, libros e inventarios.

En 1689 Guanabacoa era la quinta población más importante a las afueras de la Habana, con 400 familias, en gran parte inmigrantes canarios, quienes a mediados del siglo XVIII levantarían la iglesia de la Candelaria, luego convento de Santo Domingo, de padres dominicos. Los franciscanos, por su parte, levantarían el convento San Antonio por las mismas fechas. Además, hay que mencionar la ermita del Señor Jesús Nazareno del Potosí, la iglesia más antigua de Cuba que permanece en pie. En 1743 fue nombrada Villa de Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa.

La imagen de Nuestra Señora.

La imagen que presidió el retablo, montado en 1750, procedente de algún taller español que no se ha identificado, no es la actual, sino que es una talla en madera, que tal vez llegó con el mismo retablo. Esta imagen tampoco sería la fundadora (se cree que sea un lienzo que se conserva en manos particulares y que se ha fechado como del siglo XVI). La talla estuvo durante años en el retablo, pero por su peso y dificultad de ser bajada y procesionada se decidió sustituirla por una de vestir y aquí entra una simpática anécdota: Decididos a no usar más la imagen tallada, y como no había otra, se llevaba  una imagen de Santa Catalina de Siena (1, Impresión de las llagas, y 29 de abril) del convento de las dominicas, se vestía como la asunción y se hacía la procesión. Todos los años se repetía la misma historia, el religioso franciscano encargado del quincenario y la Salve final, al llegar esta al final, en lugar de decir “Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix”, decía “Ora pro nobis, Sancta Catarina”, y como nadie sabía latín, pues más les daba. Se cuenta que el padre Guardián, cansado, un año le dijo: “Este es el último año que canta usted eso”. Y mandó a tallar la imagen vestida que hoy se venera.

La imagen tallada, retirada del retablo, estuvo durante años al exterior, perdiendo solidez y policromía, luego pasó al bautisterio cuando este se convirtió en casi un trastero (aquí la conocí yo) y luego, digamos que restaurada, pasó a la sacristía. En todo este ínterin y hasta hace unos años, una imagen de yeso sustituía a la vestida cuando se bajaba esta para el mes de agosto. Cosas que pasan y que ya no extrañan. En la década de 1930, el retablo y la imagen sufrieron algunas modificaciones, como unos alerones laterales, que en origen eran remates de unas cortinas pintadas que había en la pared del fondo del retablo. A la imagen se le cambió la base, que tomó forma de nube, por motivo de la ornamentación propia de la fiesta, que diré luego.

En 1883 comienza para la venerada imagen un período de gloria: La familia Lima se hace cargo del culto de la imagen, Rosario Lima Renté sería la primera Camarera. Las primeras procesiones se realizarían con una réplica que dicha familia tenía, hasta comenzar a ocuparse definitivamente de la imagen del templo. Dio esta familia un toque particular, mantenido hasta hoy día, al manto de la Virgen, único hasta donde yo haya visto: El manto en la asunción de María se vuelve hacia arriba, los laterales no caen, sino que, a la par de las manos, se eleva, dando el efecto de vuelo ascendente. Toma cuerpo ayudado por las ráfagas que rodean la imagen.

En esta época comienza la tradición del quincenario, con el izamiento de la bandera entre repiques  y cohetes. El día 14 la imagen salía en procesión desde la casa de la camarera (había sido llevada días antes en secreto, para ser vestida) hasta la iglesia parroquial. El día 15 era la procesión general, desde la iglesia, y de varias horas de duración. Tenía esta procesión la particularidad de ser con costaleros, como algunos pasos procesionales tradicionales de España y América. Eran los estibadores del puerto, que previamente ensayaban. Las andas eran un sepulcro, del que salía una nube llena de ángeles, a la que se acopló la nube de la base de la Virgen, hecha expresamente para esto. El día 22, la Octava, actual festividad de María Reina, volvía a celebrarse con solemnidad y se hacía la procesión de vuelta a la casa de la Camarera, para luego llevarla a la iglesia de nuevo de forma discreta.

Así hasta 1959. Los Lima perdieron todas las propiedades, se fueron del país, rumbo Estados Unidos y la casa de la Camarera (aún se le conoce así) se convirtió, con los muebles y artículos de la familia, en el museo de historia local. Y llegaron los años 90, de mi primera juventud. La ausencia de 40 años sin procesiones solo logró enardecer el deseo de los más jóvenes por "sacarla a la calle". Eran años difíciles y cualquier manifestación de fe, era manifestación de libertad y cambio, y las procesiones eran momentos de hacerlo presente. Así que la procesión de la Tutelar, por dentro del templo, donde la prohibición no llegó, se convirtió en verdadera batalla. Al asomarse la imagen a las puertas del templo, los gritos de "que la saquen", o "la Virgen a la calle", eran tremendos. Turbas de fieles al régimen empujaban el trono hacia dentro, mientras que cientos de fieles desde dentro de la iglesia empujaban hacia fuera. Nunca pasó de eso. Era fervor popular en toda regla: unos por la Virgen, otros por el régimen. Hoy de los últimos quedan pocos, y de los primeros, miles que la acompañan en la calle, desde el año 2001, que pudo volver a salir la procesión del 15 de agosto, hasta hoy. Siempre haciendo las paradas reglamentarias, como la iglesia de los Escolapios y la más emotiva, frente a la casa de la Camarera, y volteándose hacia la puerta.

Es la historia de Ella, la Asunta, pero es también la de nosotros, los que han nacido junto a ella, y los que, siendo cercanos, hemos aprendido a quererla, enamorados muchos, desde la primera vez que la vimos y más de una vez hemos cantado aquello de: "Con voz vibrante, Guanabacoa/canta a la Virgen ante su altar:/Es la Asunción, canta su loa,/es nuestra fiesta, la Tutelar".

A 15 de agosto además se celebra a:
San Napoleón, soldado mártir.
San Altfried de Hildesheim, obispo.
Nuestra Señora de la Asunción, Santa María de Cuaco.
Nuestra Señora de la Asunción de Tzocuilac.

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