Martes, 19 de marzo de 2019

Religión en Libertad

Santa Bibiana de Roma, mártir.

Unas reliquias veneradas, un culto con altibajos y una leyenda.

Ramón Rabre

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Imagen de su iglesia romana.
Imagen de su iglesia romana.

Santa Bibiana de Roma, virgen y mártir. 2 de diciembre.

Como suele suceder con los mártires antiguos, de Bibiana tenemos referencias claras de sus reliquias y enterramiento, lo que proporcionó la necesidad de darle una “biografía”, que veremos después. 

Bibiana aparece por primera vez en la historia en el “Liber Pontificialis” (libro que también hay que mirar con ojo cauteloso), que dice que cerca del palacio Liciniano, el papa San Simplicio (2 y 10 de marzo) dedicó una basílica dedicada a Bibiana, en la cual reposan sus reliquias ("iuxta Licinianum ubi corpus eius requiescit"), junto a la de su hermana, Santa Demetria, y su madre, Santa Dafrosa. La tradición dice que fue la viuda Olimpia, quien en el siglo IV levantó la primera conmemoración o altar a estas tres mártires, en este mismo sitio. La basílica de Simplicio probaría que a finales del siglo V el culto a Bibiana sería el suficiente como para dedicarle su iglesia. Luego de avatares históricos, la iglesia existe aún, aunque reformada según la necesidad y estilo artístico de cada momento. En el siglo XVIII se comenzó a hacer una serie de excavaciones por parte de Bernini. Bajo el altar se descubrieron las reliquias, olvidadas, dentro de dos vasos de vidrio, perfectamente identificadas.

La excavación continuó, y se hallaron dos sarcófagos con sus esqueletos, cubiertos de cal, identificados como Demetria y Dafrosa. Podría pensarse en una traslación a aquel sitio, pero además del hecho de la cal (cuando se emplea en traslaciones, se usa antes, para descomponer el cuerpo y trasladar los huesos, no después de trasladados), está la evidencia que Bibiana sí habría sido trasladada a los vasos de vidrio. ¿Por qué no hacerlo con las otras dos, si se hubieran traído de fuera? Y por si fuera poco, el espacio en que estaban, había sido acondicionado para tres sarcófagos, de los que faltaba uno: el de Bibiana. O sea, que el sitio había sido acondicionado para tres, no para dos sarcófagos trasladados. La conclusión, luego de reflexionar y ver la posición de los ataúdes y la losa, fue que los dos sarcófagos hallados nunca se habían movido de allí, sino que solamente se habrían extraído de un tercer ataúd las reliquias de Bibiana. Al hallarlos en el XVIII sí que fueron trasladados y actualmente las reliquias de las tres se hallan juntas bajo el altar. También puede verse una columna roja, donde según la tradición, Bibiana habría sido flagelada.

El culto a Santa Bibiana tuvo sus altibajos, pues decayó durante siglos, para resurgir en la Edad Media, como patrona contra la epilepsia, la locura, los dolores de cabeza y males nerviosos en general. Con el tiempo volvió a hacerse casi desconocida, en la liturgia y en el arte. El papa San León III (12 de junio) trasladó los restos de los Santos Beatriz, Simplicio y Faustino (29 y 30, traslación; de julio) para fomentar la devoción a los mártires, junto a Bibiana.

 

Y visto el culto recibido… ¿a quien se le tributaba? ¿Quien era esa Bibiana con una iglesia dedicada? A ello vamos:

Las actas, de fecha imprecisa, dicen que el siglo IV, reinando Juliano el Apóstata, vivían en Roma el prefecto Flaviano, con su mujer Dafrosa y sus hijas Demetria y Bibiana. Eran cristianos y hacían numerosas obras de caridad. Una de ellas, y que le costó la vida, era la de recoger los cadáveres de los santos mártires y darles sepultura en medio de la noche. Avisado fue, pero su fe era mayor, por lo que siguió haciéndolo. Se supo que enterró a algunos santos en su propia casa y, en cumplimiento de las Doce Tablas, que prohibían expresamente enterrar o quemar cadáveres dentro de la ciudad, fue despojado de sus bienes y desterrado. Puede argumentarse que incumplió la ley civil, y que no se trata de un caso de “odium fidei”, pero olvidan los que así argumentan, que las persecuciones de todos los tiempos se basan en eso precisamente: leyes civiles que prohíben la manifestación pública o privada de la fe. No son dos cosas separadas. Fue la caridad cristiana lo que llevó a Flaviano a incumplir la ley, como llevó a otros mártires a no sacrificar a los dioses; o a los mártires franceses o mexicanos a seguir celebrando el culto y los sacramentos. Y así en cada persecución que parte del poder.

El prefecto sustituto de Flaviano, llamado Aproniano, hizo casar a Dafrosa con un pagano llamado Fausto, para que administrara los bienes y tuviera a raya a Dafrosa y sus hijas, pero sin embargo, Fausto se convirtió por el testimonio de su esposa e hijastras. Al saberlo Aproniano, lo mandó decapitar y el cuerpo fue echado a los perros. Dafrosa lo recuperó y, según su costumbre cristiana, los sepultó. Esto le valió ser apresada y decapitada inmediatamente. Aproniano mandó llamar a las hijas, las amenazó con castigos, pero ellas insistieron que seguirían enterrando a los cristianos, negándose a dejar sus cuerpos entre bandidos y paganos. Entonces las mandó a azotar hasta que muriesen. Pero en la cárcel, Demetria desfalleció por las privaciones y la insalubridad.

Aproniano, viendo a Bibiana sola, decidió entregarla a una vieja que se encargó de proponerle matrimonios ventajosos, intentando atemorizarla con los castigos que le venían encima. Pero fue en vano. Finalmente Bibiana fue flagelada con cordeles emplomados, cuatro días seguidos, en cuatro sesiones desgarradoras. Este tipo de flagelación, además del dolor de los golpes, era terrible, pues la sangre no brotaba como en una flagelación con escorpiones o cadenas, sino que al romperse las arterias y venas, la sangre formaba hematomas dolorosísimos, y el cuerpo quedaba totalmente hinchado por la sangre dispersa en el mismo y sin circular. Los tejidos y los órganos se necrosaban, causando la muerte a los pocos días, como el caso de Bibiana. Luego de muerta, fue apuñalada en el corazón, para confirmar su muerte. El cuerpo fue colgado en el Foro Tauri para que sirviera de escarmiento. Según esta passio, el presbítero Juan, esperó a la noche para recuperar el cuerpo, y le dio sepultura junto a su madre y su hermana. Pero otra versión dice que fue la viuda Olimpia, como vimos al tratar de las reliquias.

No es descabellado pensar que sabiéndose en la antigüedad de tres mártires que reposaban juntas, se hala armado una historia de madre e hijas, para explicar el hecho de los tres sepulcros juntos y, además, dar notoriedad a las desconocidas, al unirlas a Bibiana. No es algo extraño. Las passio de Santos Cecilia Valeriano y Tiburcio (22 de noviembre, 3 de noviembre y 14 de abril, respectivamente), la de Santos Proto y Jacinto (11 de septiembre y 25 de diciembre), o la de Santa Cirila de Roma (18 de septiembre), parten de esta idea: unir también en vida a mártires que reposan juntos y que tal vez no tuvieran nada que ver en realidad.

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