Lunes, 16 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

La Santa Sede lidera un encuentro entre empresas tecnológicas y religiones contra el abuso infantil

ReL

El lado más oscuro de la red es el que empuja a niños y adolescentes inocentes hasta las garras de adultos pedófilos. Se ganan su confianza con artimañas de la peor calaña: perfiles falsos en las redes sociales que simulan pertenecer a un niño de la edad de la víctima y vídeos e imágenes pregrabados para ganarse su confianza. Después, explica la periodista Victoria Isabel Cardiel, el Alfa y Omega, llegan las peticiones de material comprometido. Más adelante, las exigencias de mayor contenido sexual. Y de ahí, parte una rueda de amenazas y chantajes para obtener relaciones sexuales bajo coacción. La técnica se llama grooming. El agresor ejerce un control absoluto de las emociones del menor que no tiene ninguna capacidad de reacción. Si no sigue enviándole material sexual, el extorsionador hará públicos las fotos o los vídeos que ya ha conseguido previamente. Un acoso en la sombra difícil de detectar por el silencio de quien lo sufre y en el que, además, el extorsionador tiene una ventaja: la memoria infinita de la red.

Las víctimas a veces acaban suicidándose porque las imágenes siguen circulando por internet. Es algo muy grave sobre lo que debemos insistir desde un punto de vista moral”, defiende el exportavoz del Vaticano, el sacerdote Federico Lombardi, unos de los promotores de la cumbre internacional convocada por el Papa en el Vaticano la semana pasada para atajar la violencia contra niños en internet, que reunió a más de 80 expertos en este campo, además de a líderes religiosos como el representante del mundo musulmán suní, Ravi Shankar, el imán de Al-Azhar, Ahmed Al-Tayeb, o el patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomeo, y representantes políticos de excelencia, como la reina Silvia de Suecia, quien desde hace años abraza la causa contra la explotación infantil.

Las primeras filas de la Casina Pío IV, un espectacular edificio renacentista enclavado en los jardines del Vaticano, sede de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales (PACS), estuvo reservada para los representantes de grandes compañías tecnológicas como Google, Amazon, Apple, o Microsoft. Antes de comenzar con las intervenciones, el Papa fue duro y les reprochó sin ambages que son parte responsable de esta lacra: “No pueden eximirse del uso de los instrumentos que facilitan a sus clientes”.

Un momento de la cumbre internacional para atajar la violencia contra los niños en internet, en la Casina Pío IV

Los datos son espeluznantes

Según el informe Violencia viral, elaborado por la ONG Save the Children, uno de cada cinco niños, niñas y adolescentes en España es contactado a través de medios digitales por adultos intentando ganarse su confianza e involucrarlos en actividades de carácter sexual. A escala global, cada día se suben a internet unas 720.000 imágenes con contenido sexual y toda clase de abusos a menores, 500 cada minuto, según Microsoft. El año pasado la organización International Watch Foundation (IWF), examinó 229.328 páginas web y encontró contenido pornográfico infantil en 105.047: el 23%.

Ernesto Caffo, presidente de Telefono Azurro, una ONG italiana que defiende los derechos de la infancia, y que fue incluido en la comisión instituida por el Papa para prevenir los abusos en la Iglesia, constata que internet “sigue siendo un mundo peligroso para niños y adolescentes. El monstruo del abuso infantil en la red sigue creciendo de manera exponencial”. Los datos le dan la razón. De acuerdo con INHOPE, una red internacional que reúne a decenas de líneas denuncias de pornografía infantil, el número de niños de entre 3 y 13 años que protagonizan vídeos de contenido sexual en la red aumentó un 56 % en 2016, un 79 % en 2017 y un 40 % el año pasado. A su juicio, la tecnología digital es clave en la lucha contra estos delitos: “La inteligencia artificial, por ejemplo, puede contribuir activamente a detectar, identificar y reportar los signos de abuso o violencia online”.

Hace dos décadas era una cuestión de suma gravedad. Pero los últimos siete años, la proliferación de material de abuso sexual infantil en internet se ha disparado. “La realidad de abusos sexuales a niños en la red no se limita solo a países en vías de desarrollo o a países del hemisferio sur. El año pasado, el Centro Nacional para Niños Desaparecidos (NCMEC) de Estados Unidos manejó 18 millones de documentos que incluían escenas de explotación sexual infantil en la red. También había 45 millones de imágenes de niños mientras eran abusados”, apunta el abogado estadounidense Ernie Allen, presidente de WePROTECT Global Alliance (NosotrosPROTEGEMOS Alianza Global). “La mayoría son víctimas ocultas. No poseemos medidas adecuadas para calibrar estos delitos. Ya que casi ninguno de los niños denuncia; no se lo dicen a nadie. Además, en muchos de los casos los abusadores son gente cercana a su entorno: familiares, amigos o vecinos. Los síntomas externos son pérdida de apetito, fracaso escolar, agresividad… Los niños se sienten solos, tienen vergüenza y sufren en silencio”, agrega.

El experto, que forma parte, del Comité de Child Dignity Alliance (Alianza para la Dignidad de la Infancia), incide en otra idea importante: no basta con que los padres estén atentos a lo que sus hijos hacen en internet. “Ellos solos no son capaces de frenarlo. No es suficiente con educar a los padres y a los hijos en el uso de internet de una forma segura. La complejidad del tema pone en el centro una solución que va del proveedor al usuario. Esta crisis global es un problema tecnológico y necesita respuestas tecnológicas”, manifiesta.

La impunidad

Esta cruel realidad se topa con otro aliado: la impunidad. Los creadores de estos contenidos ilegales utilizan tecnologías encriptadas y descargan la mayor parte en el llamado internet profundo (dark web o hidden web), es decir, todo el contenido de la red que no está en internet superficial. Las autoridades no cuentan con los recursos y el personal suficiente para perseguir lo que se mueve en la oscuridad. Y, además, hay un gran vacío legal: las grandes compañías están obligadas a reportar imágenes de abuso infantil solo si las descubren. Lo que les exime de tener que ir a buscarlas.

El responsable de Seguridad para Europa, Oriente Medio y África de Facebook, Dave Miles, defiende la labor de su empresa. “En el segundo trimestre de 2019, Facebook eliminó 6,9 millones de carpetas que mostraban niños desnudos o que reflejaban escenas de explotación sexual. El 99 % de ese contenido se eliminó antes de que alguien lo denunciara”, incide. En esta línea, el presidente de Relaciones Estratégicas de Google para Europa, Medio Oriente y África, Carlo d’Asaro Biondo, subraya que ninguna de las empresas ligadas al gigante de internet, como YouTube, permite la reproducción de “ningún contenido relacionado con pornografía, contenido sexual ni tampoco contenidos violentos”. Por su parte, Giorgio Busnelli, director de Relaciones con los Medios de Comunicación de Amazon, subraya su compromiso con la infancia: “Sabemos que los niños cogen los dispositivos de sus padres para navegar en nuestra tienda y por eso hemos desarrollado filtros especiales como Amazon Kids”.

Agente de la Policía Nacional Española luchando contra el abuso de menores en la red

Sin embargo, el profesor de Analítica de Imágenes y Datos Digitales en la Universidad de Berkeley en California (Estados Unidos) Hany Farid, que desarrolló en 2009 junto con Microsoft una herramienta capaz de detectar automáticamente cualquier contenido abusivo de menores, es más crítico: “El sector tecnológico ha tenido 15 años para ordenar la casa y no lo han hecho. No podemos simplemente seguir rogándoles o suplicándoles que lo hagan mejor”.

José A. Lorente, médico y catedrático de la Universidad de Granada, es un buen ejemplo de alianza entre tecnología y protección de la infancia. Ha ideado el Programa ADN-Prokids, con el que ha conseguido devolver a sus familiares a más de 1.400 niños robados. “Lo que hacemos es ayudar a los países donde esto es un problema acuciante a que generen una base de datos de ADN que permita identificar a los niños y devolverlos a las familias. Tratamos de cortar por la raíz con el problema y evitar que se puedan cometer de manera abusiva e impune estos delitos. Muchos de los niños abandonados o robados viven en grandes orfanatos, no tienen una familia que los proteja, y tienen muchas más papeletas de ser víctimas de delitos de explotación sexual digital”, señala.

En este contexto de alianza también surge Thorn, un software para detectar casos de abusos contra niños en la red que ya han usado más de 8.500 agentes en 45 países. “Las investigaciones son un 65 % más rápidas y ya se han identificado a 30.000 víctimas. Trabajamos codo con codo con Policía y gobiernos ofreciendo tecnología punta y bases de datos para rescatar a niños, reducir la cantidad de material pornográfico que se produce y erradicar su distribución viral”, dice su directora ejecutiva, Julie Cordua. La tecnología acelera el problema, pero es parte ineludible de la solución.

 

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