Miércoles, 28 de octubre de 2020

Religión en Libertad

Obras y edificios costaron 290 millones de dólares USA

El museo del «arte ateo» ya existe, es el MONA de Tasmania y está lleno de cochinadas

El dueño del museo, el multimillonario y militante ateo David Walsh, admite que una de las funciones del centro es ofender a las creencias religiosa y afirma que él no cree en "eso del bien".

Pablo Ginés/ReL

Museo del Arte Viejo y Nuevo (MONA)
Museo del Arte Viejo y Nuevo (MONA)
Los restos de un suicida con bomba esculpidos en chocolate negro, 150 esculturas en porcelana de genitales femeninos (la colección "C*ñ*s y otras conversaciones"), una máquina que representa el aparato defecador (generadora de fiemos), imágenes de niños asesinos, maniquís en los que órganos sexuales y defecadores sustituyen a bocas y narices, animales muertos en formol, sexo por aquí y por allá, cenizas de difuntos nada más entrar (los visitantes pueden añadir las suyas o de sus parientes),  imágenes o simbologías blasfemas...

Estas son algunas de las cosas que se pueden encontrar en el Museo del Arte Viejo y Nuevo (MONA, www.mona.net.au) en Hobart, capital de la isla-estado de Tasmania, en Australia.

Las temáticas, colecciones y objetos las ha decidido y pensado personalmente su dueño, el multimillonario y ateo militante David Walsh. Se hizo rico desarrollando una serie de sistemas matemáticos para ganar en los casinos y casas de apuestas: los usó y se llevó su dinero. Ahora comercia con propiedades inmobiliarias, tiene una empresa de vinos, una de licores y este Museo, donde se ha volcado con dinero y pasión.

Arte grosero para el ateismo grosero
Aunque Richard Dawkins, el activista más famoso del nuevo ateísmo grosero, haya declarado que "no hace falta un templo del ateísmo" y que es mejor gastarse el dinero en escuelas, Walsh decidió invertir 105 millones de dólares USA en las obras del museo y 185 millones más en el edificio, que abrió sus puertas en enero de 2011. Hay quien habla del MOMA de Tasmania como "el Bilbao del sur", como si se tratase de otro Guggenheim de arte moderno, pero en realidad tiene bastante más de arte grosero o arte blasfemo que de creatividad novedosa.

La prensa australiana calificó las colecciones de "macabras", "perturbadoras", "inspiradas en un burdel" o "Disneylandia para adultos".

El multimillonario Walsh admite sin complejos que una de las funciones del MONA es insultar a las creencias religiosas. Se declara "ateo radical" ("rabid atheist") y considera que la religión consiste, básicamente, en un "pensamiento grupal" absurdo, por no decir descerebrado.

El ateismo elegante quiere un "templo" elegante
Mientras el filósofo y escritor Alain de Bottom propone crear un "templo ateo" en la City de Londres, que transmita belleza y amor a la vida, al amor, a la amistad y "las cosas buenas" (Juanjo Romero, en su blog De Lapsis recuerda a los "ateos 2.0" que "la belleza también es un camino para encontrar a Dios"), el millonario Walsh es mucho más prosaico. ¿Belleza, cosas buenas? ¿Para qué?

"No existe eso del ´bien´", afirma Walsh. Y admite que él es "bastante anti-todo". El ser humano, dice Walsh, no es más que "un saco de carbón con laterales de bistec, eso es lo que somos" y también "tarea para bacterias que producen más bacterias".

¿Es lo grosero lo natural del arte ateo?
Steven Jacks, un escritor australiano que escribe en MercatorNet.com considera que Walsh marca la tendencia natural del materialismo y el ateísmo en el arte: "El MONA muestra que el arte, sin una idealidad, tiende hacia lo que queda, el hecho desnudo de la materialidad, lo brutal, efímero, el arte como manipulación solipsista de todo lo que decae y se pudre y produce orgasmos y aullidos y hiede y se muere".

Ahí está, por ejemplo, la máquina "Cloacais" que produce una imitación de excrementos, o el lavabo con taza de váter "Locus Focus", con espejos colocados en cada ángulo de forma que el usuario no se pierda nada de lo que sucede allí donde los ojos no llegan normalmente. Hay esculturas que imitan los cuerpos mutilados y colgados de los grabados de Goya. Y cualquier exposición blasfema del mundo puede pedir ser recibida y expuesta en el MOMA.

Jacks desarrolla más su argumento: "El ateismo lleva a la muerte y la anda porque el ateismo es muerte y nada. En términos artísticos, por su propia lógica, una visión atea de la realidad acabará dispensando al arte de toda idealidad y proclamará que arte es lo que queda, la vida como corrupción, depredación, caos animal y muerte. Un ateismo agresivo celebrará con insolencia esta muerte y fealdad, que para él será la vida desnuda de sus engaños; una zona cero de des-contemplación para asaltar a la conciencia humana... o lo que quede de ella".

Así, el ateismo grosero materialista ya tiene su caro templo-museo en Tasmania. Queda por ver si otro tipo de ateismo, que habla de belleza y de amor y amistad es capaz de crear algo que perdure en forma de edificio, algo hermoso que, como querría Alain de Bottom para la CIty londinense, esté dedicado a “cualquier cosa positiva y buena”. El escritor calcula que la mitad del millón de libras necesario lo pueden aportar ciudadanos desinteresados, y la otra mitad ya está comprometida por grandes donantes. ¿Se llevará a cabo?

Vídeo de 3 minutos con media docena de obras en el MONA (no las peores)
 
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