Sábado, 25 de mayo de 2019

Religión en Libertad

El padre Pesce, franciscano de 89 años, es una institución en Turín

La fértil misión del «fraile ferroviario»: confiesa y bendice a trabajadores, pasajeros y vagabundos

El padre Pesce tiene 89 años pero parece omnipresente en la estación de la Porta Nuova de Turín. En la imagen bendice al jefe de estación / Fotos- Avvenire
El padre Pesce tiene 89 años pero parece omnipresente en la estación de la Porta Nuova de Turín. En la imagen bendice al jefe de estación / Fotos- Avvenire

J. Lozano / ReL

El franciscano Pier Giuseppe Pesce ha sido durante muchos años profesor de Teología Moral y Pastoral en la Universidad Antonianum de Roma. También fue juez de la Corte Eclesiástica y vicepostulador de las Causas de los Santos en la Archidiócesis de Turín. Pero es ahora cuando ha logrado realmente cumplir su gran deseo y vocación. Es conocido como “fraile ferroviario”, capellán de la transitada estación de tren de Porta Nuova en Turín, utilizada diariamente por 192.000 pasajeros, lo que supone más de 70 millones de personas al año.

Este lugar es un gran campo abierto para la evangelización, que además se puede realizar en distintos planos. Es confesor, director espiritual o simplemente amigo de los ferroviarios y numerosos trabajadores de la estación, acompaña a los muchos pobres que viven o pasan el día en ella y sirve como bálsamo a los pasajeros que al ver un sacerdote se acercan a él a pedirle ayuda.

"Signo de que Dios está en todas partes"

El religioso tiene 89 años pero la vitalidad de un joven de 30 años. Vive el ministerio que le encargó su arzobispo entre los andenes y las vías de esta enorme estación. Está siempre visible pues son bastantes los que se le acercan para pedirle una confesión, una bendición, un saludo o algún tipo de ayuda espiritual.  Afirma convencido al diario Avvenire que su presencia como capellán de la estación es “signo de que Dios está en todas partes y donde quiera que esté puede traer su misericordia”.

Padre Pesce con un suo amico (Juzzolino)

El padre Pesce fue encomendado a esta misión para cuatro años y su ‘lugar de trabajo’ es una pequeña iglesia en desuso ubicada al fondo de uno de los andenes. “Es un lugar hermoso lleno de historia donde trato de llevar la Palabra de Dios y hacer que sus voz se escuche en medio de este ruido”.

Los pequeños logros que ha ido consiguiendo en la estación

Sus feligreses son diversos. Hay personas sin hogar, clientes de las tiendas o trabajadores de la estación. El franciscano cuenta orgulloso que por primera vez han podido celebrar la misa de Pascua para ferroviarios y viajeros en la sala de espera de la familia real que hay en la estación. Esta sala es una bellísima habitación con frescos realizada en 1861. Estaba destinada a los Saboya y generalmente no es accesible. Sin embargo, el religioso ha conseguido que se puedan realizar oficios religiosos también en este lugar.

Asimismo, se leyó la “oración del viajero” que este veterano fraile ha compuesto, y que enseña a todo aquel que se acerca a él en la estación.

La benedizione ai viaggiatori e al treno (Juzzolino)

Su prioridad es estar en todo momento disponible y visible. El padre Pesce asegura que la propia administración de la estación no sólo no está poniendo trabas a su ministerio sino que le está ayudando en todo cuanto puede.

En estos momentos asegura que su gran deseo y para el que está realizando ya las gestiones es que todos los domingos desde el altavoz de la estación, el mismo que anuncia la salida y llegada de los trenes, se informe sobre la Eucaristía dominical.

Su sueño sería, aunque lo considera más complicado, que los trabajadores ferroviarios de la estación puedan acudir a misa y el tiempo en el que están en la celebración religiosa les cuente dentro de su horario de trabajo.

Padre Pier Giuseppe Pesce nella stazione di Porta Nuova a Torino (Juzzolino)

Confesor de los trabajadores y ayudante de los pobres

En el transcurso de este tiempo como capellán, muy diferente a su labor como profesor o juez eclesiástico, se ha convertido en confesor de muchos conductores y del personal ferroviario. También ha celebrado el entierro de algunos de ellos, así como otros sacramentos.

Cada mañana este franciscano sale del convento de San Bernardino para ir a la estación. Y una de sus labores ha sido la de bendecir todos los rincones de este lugar: desde la sala de control hasta los propios vagones de los trenes.

Pero su amor por el mundo ferroviario viene de lejos ha sido uno de los responsables de la causa de beatificación de Paolo Pio Perazzo, conocido como “el santo ferroviario”. De hecho, es el autor de una biografía sobre él, del que asegura que “espero que pronto sea declarado santo. Creo que su ejemplo de hombre de fe y caridad me ayuda a tratar de evangelizar a la gente, y ser como él un amigo para todos, especialmente para los pobres”.

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