Viernes, 20 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

«Me diseñó un programa de formación a medida»

Tenía una fe a su medida... Pidió en Garabandal que la Iglesia cambiase, y la Virgen le cambió a él

José Ignacio Pérez ha contado su testimonio en el programa "Cambio de Agujas"
José Ignacio Pérez ha contado su testimonio en el programa "Cambio de Agujas"
José Ignacio Pérez pensó que la Iglesia debía cambiar durante gran parte de su vida. Dios estaba presente, pero como algo lejano y ajeno, que perdonaba todo siempre.

De repente, un verano, navegando por internet, se encuentra por casualidad con historias acerca de Garabandal y el Padre Pío. Le dejaron una semilla que, más tarde, floreció y dio fruto hasta su conversión. Lo cuenta en su testimonio, en dos partes, en programa Cambio de Agujas de HM Televisión.

Familia católica y colegio religioso
José Ignacio se crió en un ambiente católico. Su familia iba a misa los domingos y él iba a un colegio religioso. “No era un ambiente excesivamente católico, pero sí piadoso”


José Ignacio contando su testimonio en "Cambio de Agujas"

Un chico de su época
Siendo joven, vivió la Transición española. Para él fue una explosión de libertad. “Yo era un chico de mi época”, cuenta José Ignacio. “Comencé a alejarme. Rezaba por las noches, pero yo construía mi propia religión, a mí medida. No me gustaba la Iglesia”.

José Ignacio llevaba una vida normal. Estudió periodismo por vocación, pero luego se dedicó al márquetin y a los negocios. 

"¿Por qué nadie me había contado esto?"
En el verano del 2006, encontró por pura casualidad dos cosas que calaron en su alma: Garabandal, y el Padre Pío. “No tenía ni idea de ninguna de las dos cosas”, cuenta. “Yo pensé, ¿por qué nadie me había hablado de esto? Son unas apariciones que ocurrieron en España, y además más o menos cuando yo nací”.

José Ignacio se descargó un archivo PDF con una pequeña biografía del Padre Pío. “Me encantó su vida”, cuenta. Se impresionó por las coincidencias con la suya: habían nacido el mismo día, y la fecha de la muerte del santo era la misma en la que José Ignacio se separó de su primera mujer. “Me impresionaron muchas cosas de él”, cuenta. “Me impresiona que haya tenido una lucha con la jerarquía de la Iglesia, me impresiona su humildad…”.



Sin embargo, eso no le hace volver a la Iglesia “aunque me deja huella”, explica José Ignacio. Él seguía pensando que la Iglesia debía cambiar, que debía modernizarse. Además, el verano terminó, y llegaron la rutina, el trabajo y demás quehaceres.

No todo es éxito... Tiene que haber algo más
A partir de 2010, coincidiendo con la Crisis, José Ignacio empieza un muy duro periodo en su vida. A nivel familiar, su madre empezó a tener alzheimer, y en 2012, le echaron de su trabajo. Además, se separó de su segunda mujer. Todo eso fue un punto de inflexión.

“Las cosas me empezaron a ir muy mal, y yo no entendía nada”, recuerda José Ignacio. “En ese momento pensé que no todo en la vida puede ser éxito, algo más tiene que haber… Empecé a buscar”.

José Ignacio leyó sobre filosofías orientales, Zen, Budismo… “Cosas New Age”, como él mismo dice. Pero nada le llenaba, eran cosas pasajeras. Es cierto que su vida había dado un giro. “Sin embargo no encontraba tranquilidad”, cuenta.

Más tarde, comenzó a salir con otra mujer. Su nueva pareja, con la que sigue estando, sí que era practicante y empezó a ir a la Iglesia con más regularidad. Algo que no le costó demasiado porque años antes, su hijo había hecho la primera comunión y ya asistía con él a la Iglesia de vez en cuando.

“La Comunión de mi hijo fue un acto social”, cuenta José Ignacio. “Pero yo quería ser coherente, y empecé a ir con él a misa”.

Misa de una en Garabandal
No fue hasta más más tarde, en su primera visita a Garabandal, que José Ignacio cambió de raíz. “Estábamos pasando un fin de semana a Santander”, recuerda. “Yo me acordé de lo de Garabandal que había leído años atrás. En un acto impulsivo dije: ‘vamos a Garabandal, vamos a llegar a misa de una”.

Llegaron a misa por los pelos, y José Ignacio apenas pudo estar cinco minutos en la zona de los pinos, donde se apareció la Virgen. “Me quedé plantado delante de Su imagen”, recuerda. “A ver si ya de una vez la Iglesia se 'moderniza' y vuelvo a tener cabida, le dije. Yo siempre tenía la idea en la cabeza de que eran los demás los que tenían que cambiar”. Así quedó la cosa.


Pueblo de Garabandal, situado en el interior de Cantabria

La Virgen reía de felicidad
Otro acto impulsivo terminó de definir la conversión de José Ignacio. Justo antes del puente de mayo de 2016, consiguió reservar un apartamento de última hora en Garabandal. Al llegar a la iglesia del pueblo, vió en el confesionario una imagen de la Virgen de Fátima y del Padre Pío. "Sentía que la Virgen estaba muy contenta, riéndose incluso", recuerda José Ignacio. “No me atrevía a comentarlo, nunca había sentido algo así”.

“Esa noche sentí un tremendo impulso de ir a los pinos, pero estaba lloviendo y no pude ir”, cuenta José Ignacio. “A la mañana siguiente, una chica que no conocíamos de nada se acercó a hablar con mi pareja. Más tarde le pregunté de que estaban hablando, y ella me dijo que la chica le había recomendado que viésemos un vídeo”.

Un vídeo con un testimonio
José Ignacio pensó que aquello era una locura, pero buscaron un lugar con wi-fi, y vieron el vídeo. Era un testimonio del escritor José María Zavala, bloguero de ReL, y escritor de varios libros sobre el Padre Pío.

“Me impresionó su testimonio, no daba crédito”, cuenta José Ignacio. “Era como ver reflejada mi vida, había muchas coincidencias. Era como si la Virgen me estuviera diciendo 'no eres el único que tiene este tipo de problemas', hay salida para todo".

Testimonio de José María Zavala


José Ignacio recuerda que se emocionó, y empezó a llorar. "Yo estaba desbordado, no entendía lo que estaba pasando", recuerda. “Por un lado, sentía pena por todo el tiempo que había perdido, y por otro, una felicidad plena. A partir de ahí tuve la certeza absoluta de que mi vida iba a cambiar”.

Recordando sus pecados en sueños
Ahora solo quedaba la reconciliación con Dios. José Ignacio empezó a ir a misa con regularidad, pero no comulgaba. “No tenía paz suficiente como para comulgar, estaba confuso”.

Sin embargo, cree que la Virgen vino en su ayuda. “Comencé a confesarme con regularidad, pero seguía sin paz”, cuenta José Ignacio.

“Entonces empecé a recordar en sueños, por las noches, pecados que había cometido hacía años. No me hubiera acordado de ellos nunca. Después, los contaba en el confesionario”.

“Así transcurrió todo el mes de mayo, y al final sentí una paz total. La Virgen no solo me había ayudado con las confesiones, sino que me había diseñado un programa de formación a medida", cuenta José Ignacio.

Testimonio de José Ignacio en "Cambio de Agujas"


 
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