Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Religión en Libertad

María llamó a su puerta y le llevó a Jesús

Vivir de fiesta le metió en las drogas y en una atmósfera «súper oscura»: entonces actuó la Virgen

Al principio tomaba poquito alcohol y fumaba marihuana, después cayó en las drogas duras
Al principio tomaba poquito alcohol y fumaba marihuana, después cayó en las drogas duras

ReL

Ana Beatriz Becerra ha contado en Portaluz la historia del colombiano Juan David. La carrera del rockero comenzó a decaer por culpa de las drogas. No fue hasta que recordó a la Virgen María, a la que conoció en su niñez, que se dio cuenta de la mala vida que llevaba.

Austeridad, orden, respeto, amor a Dios y sus semejantes y fe. Estos fueron los valores en los que se formó Juan David Tatis González. Su abuela le acogió tras la separación de sus padres, divorciados desde que él tenía 2 años.

Cuando era pequeño, Juan David pasaba las tardes en Bogotá, su ciudad natal, montando instrumentos improvisados. Con unas cacerolas o cualquier otro objeto arrancaba algunos sonidos. A sus vecinos les gustaba, y le escuchaban con agrado.

¿Cómo se colaron la rebeldía y el descontrol? ¿Qué le alejó del vínculo con Dios? Hoy, con 29 años de edad, recuerda que, incluso estando atrapado por una dinámica no sana, era consciente de la acción del demonio: “Yo vi, sentí ese espíritu, esa atmósfera súper oscura, sabía que eso no era de Dios…”

Satisfacer mis sentidos, un círculo vicioso
Siendo apenas un niño de 11 años, le encantaba la música que escuchaba su tío. Los estudios, la familia, ya no le importaban. El prefería la música.  Aquella pasión derivó en una banda que organizó con otros adolescentes. “El rock me fue absorbiendo, idolatraba la música y a los artistas, a los 15 años ya era rockero… pero cuando me gradué empezó el descontrol real”, cuenta Juan David. 


Así era Juan David en aquella época, delgado, con pelo largo, piercings y maquillaje

Al finalizar el bachillerato, intentó darle un rumbo a su vida, pensando estudiar música y a la vez trabajar. Los cuatro años siguientes trabajó, pero el dinero obtenido apenas le duraba en los bolsillos.

“Todos los sábados me iba de rumba y era un círculo vicioso en que no hacía nada más que satisfacer mis sentidos… Fui también conociendo bandas más pesadas con un ritmo, un mensaje, una densidad tremenda; como SepulturaCannibal Corpse, cosas fuertes que psíquicamente y en materia espiritual tienen componentes contrarios a la espiritualidad católica, muy contrarios. Sí, evidentemente yo estaba lejano de Dios”.

La ‘caspa del diablo’
En su adolescencia, bebió un poco de alcohol y fumó marihuana alguna vez. Pero poco a poco, fue necesitando drogas más duras para colocarse, y cayó en la cocaína, la "caspa del diablo". “La primera vez que la probé me fascinó y yo dije: uy qué locura. Luego me dije: esto está mal. Yo vi, sentí ese espíritu esa atmósfera súper oscura, sabía que eso no era de Dios”.

Sin embargo le resultó imposible resistir el "subidón" que le proporcionaba la droga. Aunque sabía que el bajón de después era amargo, pedía nuevas dosis. “Fue terrible… es un veneno. Esto es lo más tétrico y fuerte de mi vida porque consumía cocaína cada vez más seguido. También llevé a que otros consumieran; chicas que se metían en la rumba con uno y después terminaban haciendo lo que uno hace. Me arrepiento de muchas cosas que hice”.

Todo lo que ganaba en ocasionales trabajos lo gastaba noche tras noche, dice, emborrachándose y drogándose. “Los recitales y la vida desordenada hicieron eclosión hasta que un día, comencé a ver blanco todo y la respiración se me fue. Sentí que mi cuerpo se quedaba como frío y como si yo me saliera de mi mismo, me estaba muriendo. De pronto recuerdo una voz interior insinuándome: «Estoy tan mal que necesito arrodillarme y rezar»…”. 

Rezó un Padre Nuestro, tres Ave Marías y un Gloria, pero le volvió el mono y fue corriendo a comprar un par de gramos.

La Santísima Virgen llama a la puerta
Un domingo por la tarde estando solo en casa de la familia, Juan David se fijó en una imagen del Sagrado Corazón de Jesús que él había adornado en un pequeño altar para su madre. De forma espontánea, sin que fuera consciente, una presencia espiritual de paz, le invadió. “Me arrodillé a rezar y le dije a Dios que no quería seguir llevando esa vida, que no le encontraba ningún sentido, no me satisfacía nada. Le dije: «Estoy en peligro, me ofrezco a ti Señor para lo que tú quieras, si me quieres casado, sacerdote o religioso allí estaré pero por favor ven en mi auxilio»”, recuerda.

Al día siguiente, mientras navegaba por internet, aquella sensación de serenidad volvió. En la búsqueda de Google recuerda que sus dedos escribieron: ‘Apariciones marianas’. Disfrutó como en sus años de niño junto a su abuela con aquellas narraciones de acontecimientos e imágenes de la Virgen. Pocos días después, estando en casa de un amigo, llamaron a la puerta y le pidieron que fuera él a ver quién era… Resultaron ser unos miembros de un grupo católico que estaba difundiendo la devoción a la Virgen de Fátima. Comenzó entonces a pensar que todo aquello quizás no era  una simple casualidad

"¡La Virgen te trajo aquí!"
Al domingo siguiente, pasando frente a una iglesia de los franciscanos, Juan David se decidió a entrar un momento. Nada más acceder, se conmovió, y buscó una imagen de la Madre de Dios. Para mayor regalo, se trataba de la advocación de Nuestra Señora de los Desamparados. Confiado a ella, se arrodilló para rezar. Luego caminó hacia el altar donde, para su sorpresa, estaban rezando quienes días antes habían llamado a la puerta en casa de su amigo. Al verlo le dijeron lo evidente: “¡La Virgen lo trajo aquí!”

El alma de Juan David fue sanando. “Después de una confesión general, de llorar mis pecados, después de ver caer esa venda que cubría mis ojos… hoy ya no puedo vivir sin rezar a diario el Rosario, leer las Sagradas Escrituras, sin formarme, como lo he venido haciendo desde mi conversión. Recibir la Santa Comunión a diario, y sobre todo el Tratado a la Verdadera Devoción de San Luis María Grignon de Montfort es una base sólida para mi vida… Quisiera decirles a todos los jóvenes sin importar el credo, sin importar la ideología, sin importar de donde nacieron, pues que se esmeren en cuidar su alma, que es donde está la verdadera batalla, que no se dejen absorber por el mundo y que se consagren a la Santísima Virgen María”.

Artículo publicado originalmente en Portaluz.

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