Viernes, 29 de mayo de 2020

Religión en Libertad

«Cuando todos se van, ellos se quedan»

Los misioneros son «el testimonio absoluto de que Dios no abandona a los hombres»: nueve ejemplos

Guiar al pueblo bajo el signo de la Cruz en circunstancias hostiles: muchos se dejan la vida en ello.
Guiar al pueblo bajo el signo de la Cruz en circunstancias hostiles: muchos se dejan la vida en ello.
Cuando todos se van, ellos se quedan (Encuentro): el título del libro es también todo un titular y toda una descripción de lo que viven los Misioneros en zona de conflicto del subtítulo: Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, en República Centroafricana desde 1980; Jean-Pierre Schumacher, superviviente del martirio de Tibehirine (Argelia) en 1996; Luis Pérez, javeriano, en Sierra Leona durante la guerra civil de 1996 a 2002; Ascensión Fuertes, hermana del Amor de Dios, quien misionó en la difícil Angola de finales de los setenta; Miguel Ángel Ruiz, salesiano entre paquistaníes desde 2002; Expedita Pérez, comboniana, llegada a Egipto hace cuatro años desde Sudán; María Isabel Díaz, de Verbum Dei, dieciocho años en el Congo hasta que salió justo con el cambio de siglo; Manuel Gallego, de los Padres Blancos, destinado en Mali entre 1977 y 2013; y Sor Marita, Sor Mariangela, Sor Andreana y Sor Marta Luisa, las trapenses de Siria que tantas veces han informado de la realidad de la guerra que allí viven.

Pedro Gutiérrez Carreras
y Noelia García Ayuela les han entrevistado a fondo en lo que constituye un documento testimonial y periodístico de excepción.



Esta apasionante incursión en los escenarios de Cuando todos se van, ellos se quedan permite reconstruir de primera mano la mentalidad de los misioneros, la grandeza de su humildad, la fuente sobrenatural de donde obtienen las fuerzas cuando les faltan. Desde el día en el que deciden enrolarse en la aventura hasta el durísimo adiós, cuando llega.

-¿Cómo nace una vocación misionera?
-P.G.C.: Pues parece que la inquietud misionera es una planta que se siembra muy pronto. Algunos misioneros relatan que desde sus primeros atisbos de vocación religiosa ya sienten una peculiar inclinación por la misión; bien por oír a misioneros de primera mano, bien por leer revistas de misioneros, etc…



-A veces de forma imprevista, pues...

-P.G.C.: Lo que da mucho que pensar: una conversación, una mapa, una pequeña revista… pueden ser causa de que un hombre o una mujer se desplacen, años después, a territorios de misión y transformen, a mejor, la vida de cientos o de miles de personas.

-¿Hay diferencias en la vocación misionera entre hombres y mujeres?

-P.G.C.: No sé, deberían contestar ellos. Quizá sea similar las ganas de entregarse a los demás, especialmente a los más necesitados, en los inicios de la vocación misionera; en cuanto a la actividad en los países de misión, sí parece que hay una labor en que las misioneras están especialmente comprometidas y especialmente capacitadas: es todo el tema de atención y desarrollo de la mujer, desde cuestiones básicas como salud o cuidado personal hasta lo que atañe a cómo ayudarle a proteger su dignidad en culturas que a veces las minusvaloran.

-Ellos suelen decir que reciben más que lo que dan. ¿Es una frase hecha?
-N.G.A.: No es una frase hecha. Los misioneros reconocen que aprenden más de su pueblo que lo que ellos les ofrecen en su labor misionera. Te pongo por ejemplo el testimonio de María Isabel Díaz cuando dice que la cultura africana le ha enriquecido tanto que considera que ha sido un regalo para ella ser misionera en África.

-Una simbiosis perfecta...

-N.G.A.: Esa cercanía y esa relación tan estrecha que establecen con su pueblo también motiva que, en los momentos más duros de los conflictos que les toca vivir, sea ese mismo pueblo el que protege a los misioneros, porque saben que ellos no les van a abandonar. Cuenta María Isabel Díaz que esa cercanía con el pueblo hizo posible que, en los momentos más duros del pillaje y la guerra [del Congo], pudieran permanecer en el lugar, protegidas por las personas del barrio. Incluso los jóvenes del barrio, que no iban a la Iglesia, les decían que no tuviesen miedo, porque ellos estaban allí para protegerlas.

-Y, como personas normales que son, no superhombres ni supermujeres, tienen sus momentos de duda o debilidad...
-P.G.C.: Hay una película, de la que también se habla en el libro, De dioses y hombres en la que la comunidad de monjes, ante la amenaza real de la violencia (que acabará incluso con sus vidas), se plantea si permanecer en la misión o irse. La película, según el padre Jean-Pierre Schumacher -que vivió dichos momentos- refleja con mucha precisión el ambiente que vivieron.

-¿Cuál es el dilema les asalta?

-P.G.C.: La comunidad reflexiona en voz alta sobre los motivos que tienen para quedarse allí. Y ahí se ve que son las dificultades de personas normales, con dudas, con necesidad de sentirse apoyados. La motivación sobrenatural y la hermandad, el sentirse acompañados y sentir que otros les necesitan es lo que hace que al final se queden, aunque les costase después el martirio.

-Y, cuando no está el martirio en perspectiva, ¿qué es lo que más inquieta a un misionero en zonas complicadas?

-N.G.A.: Pues al tratarse de misioneros que desarrollan su misión en países en conflicto, la mayoría de las veces su mayor inquietud es la incertidumbre de qué va a pasar con su pueblo en medio de ese conflicto. De ahí que ellos decidan quedarse al lado de su pueblo pase lo que pase, a pesar de las inseguridades, los peligros, el riesgo a perder la vida, deciden compartir la suerte de su pueblo, tanto para bien como para mal, a pesar de que sería mucho más fácil volverse a sus países de origen. Esta actitud la ves reflejada en todos los testimonios que aparecen en el libro y, por ello, el título del mismo es Cuando todos se van, ellos se quedan.

-¿Qué fuerza les mantiene los pies pegados a la tierra cuando el peligro acecha?
-P.G.C.: Claramente son dos motivos, pero una fuerza. Como decía monseñor Aguirre, “la misión es de Dios” y Él da la fuerza; pero muchas veces Dios habla a través de los hermanos: la vida de los pueblos, de sus hombres, mujeres y niños, a los que los misioneros entregan la vida, son también la poderosa fuerza que les hace quedarse, pase lo que pase. Esta permanencia de los misioneros en la tierra de misión, jugándose la vida, es el testimonio absoluto de que Dios no abandona a los hombres. En ese aspecto, los misioneros son motivo de esperanza para todos, incluso para los que vivimos aquí.

-¿Cuándo es feliz un misionero?
-N.G.A.: También está relacionado con esa relación tan estrecha que establecen con su pueblo. La dicha para ellos es todo lo que aprenden de su pueblo, de su actitud ante el conflicto, ante el sufrimiento y ante el dolor. Lo refleja muy bien el testimonio de Ascensión Fuertes, cuando dice que la gente de allí les enseñó mucho sobre su capacidad de perdonar, su aceptación del dolor, su valor en el sufrimiento, su paciencia en la espera, su vivir con lo imprescindible y colocar siempre todo en manos de Dios. "La gente sencilla nos dio muchas lecciones de resignación, de fortaleza y de fe, siempre vividas con alegría”, dice ella.

-¿Qué aporta la dimensión evangelizadora?
-N.G.A.: Como bien dice monseñor Aguirre, la misión es una moneda que tiene dos caras. Una cara es que la vocación misionera se alimenta a través de la fe y la otra cara es el servicio a su pueblo. Leo un párrafo de su entrevista: “La gente con quien tengo que vivir, sus alegrías y sus penas, estar con ellos, oírlos, contar sus lágrimas, dejar que hablen, buscar ayuda para ellos, trabajar juntos, defenderlos y ser su voz, hacer comunidad juntos, hacer nacer estructuras de ayuda a los más pobres, preparar su futuro, llenar sus vidas de algo que la caliente...”.

-Eso es más que una ONG...

-N.G.A.: La labor misionera no es la de una ONG, su labor no es sólo una labor de desarrollo material de su pueblo, sino también una labor de desarrollo espiritual. Y eso su pueblo lo reconoce desde el primer momento, como bien explica Luis Pérez en su testimonio, cuando afirma que los misioneros están allí por Jesucristo -y por los hermanos- por una llamada muy personal. Ellos valoran que las ONG hacen una gran labor y además contribuyen a sensibilizar a la gente de aquí sobre los problemas de los países más pobres, pero... "la Iglesia ayuda, y es la que más ayuda”, subraya.

-Y un buen día mueren... o vuelven. ¿Cómo viven ese adiós?

-N.G.A.: Ellos reconocen que, humanamente, ese adiós es muy costoso de vivir. Tanto cuando llega el momento de volver a casa al final de la vida misionera como cuando toca cambiar de lugar de misión y dejar atrás a ese pueblo tan cercano y con el que han compartido tanto.

-¡La obediencia...!
-N.G.A.: María Isabel Díaz explica que la vida misionera es un discernimiento permanente en el que se busca la voluntad de Dios en cada momento y, por esa razón, sus destinos siempre los ha considerado como un deseo de Dios para su vida y, por ello, los ha vivido con alegría y libertad. "Uno de los desafíos es el de ser libre frente a lo que uno ha construido, para así poder pasar a otros el trabajo realizado”, añade. Por eso, los misioneros son conscientes de que es necesario saber retirarse cuando ya no somos tan necesarios, y así dar paso "a aquellos que tendrán el futuro en sus manos", como cuenta Ascensión Fuertes en su testimonio.

 FICHA TÉCNICA  COMPRA ONLINE
Título: Cuando todos se van, ellos se quedan Ocio Hispano
Autor: Pablo Gutiérrez Carreras y Noelia García Ayuela  
Editorial: Encuentro  
Páginas: 182 páginas  
Precio 14,00 €  


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