Jueves, 28 de marzo de 2024

Religión en Libertad

María Teresa Embid

ETA asesinó a su marido, pero ella cuidó a la madre de un etarra durante sus últimos días

Cuida de su consuegra Esperanza y la acompaña en los últimos momentos de su existencia marcada por el Alzheimer.

Juan Antonio Ruiz LC/ReL

Leyenda de la casa de Esperanza y sus hijos
Leyenda de la casa de Esperanza y sus hijos
En un patio de San Sebastián, dos ancianas se sientan una frente la otra. Consuegras desde hace ya algo de tiempo, disfrutan cada tarde como la primera y la última de sus vidas. Saben que el tiempo está arañándoles la vida a cachos.

Esperanza Chaos Lloret –ése es el nombre de una de ellas– lleva tiempo que ha olvidado quién es o en dónde está: el Alzheimer ha opacado el crepúsculo de su existencia. Allá, a lo lejos, algunos vagos recuerdos merodean aún por su mente…

La primera evocación de esta mujer nacida en Tetuán se traslada a su matrimonio con Daniel de Juana Rubio, un teniente de las tropas de Franco durante la guerra civil. Tras la boda, se trasladaron a vivir a Guipúzcoa, en donde nacieron sus dos hijos: Altamira y José Ignacio. Años hermosos, pero que ahora la memoria de Esperanza apenas advierte…

¿El segundo recuerdo? Las llamadas que años más tarde le haría su hijo Iñaki, encarcelado en lejanas prisiones por el asesinato de 25 personas. Hablaban de cosas banales, nunca de la pertenencia de su hijo a la banda terrorista ETA. «¿Necesitas un jersey? Con gusto te lo mando, hijo». Y así, los cinco minutos de cada llamada se perdían en la mente perdida de Esperanza.

Altamira, su hija, protagoniza la tercera reminiscencia. El hijo del militar José María Herrera le pide que se case con ella y Altamira acepta. El hermano Iñaki, preso, no puede asistir a la ceremonia. De hecho, la última vez que Esperanza puede verle será el 7 de julio de 2005, durante una visita a la cárcel madrileña de Aranjuez.

Por ello, la boda de Altamira es un pequeño oasis para su corazón. Y, ¡paradojas de la vida!, algunos anotan que al padre militar del novio lo acribillaron a balazos tres pistoleros de ETA el 2 de enero de 1979. La madre del novio, María Teresa Embid, asistió gozosa a la boda, a pesar de su viudez.

Y aquí, los recuerdos de Esperanza se asocian a los de María Teresa, pues es justamente ella quien, sentada en un patio de San Sebastián, cuida de su consuegra Esperanza y la acompaña en los últimos momentos de su obnubilada existencia, a pesar de que sus respectivos hijos están ya divorciados desde los años noventas. Y tras la muerte de Esperanza, acaecida el 27 de enero de 2007, muchos olvidaron que de la poca familia que le quedaba, figuraba la mujer de un militar asesinado por ETA.
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