Lunes, 14 de octubre de 2019

Religión en Libertad

Fray Bernardo Sastre explica cómo se acercó a la Iglesia y sintió la llamada a dejarlo todo

Con 25 años es físico, músico y también fraile dominico: 3 circunstancias le llevaron al convento

Fray Bernardo hizo el pasado año su primera profesión en Caleruega, localidad natal de Santo Domingo
Fray Bernardo hizo el pasado año su primera profesión en Caleruega, localidad natal de Santo Domingo

J. Lozano / ReL

Bernardo Sastre Zamora es un joven de la conocida generación ‘millennial’. Tiene 25 años y como casi todos en su generación ha crecido con las películas de Disney y compartiendo con los jóvenes de su edad otras muchas aficiones. Sin embargo, este joven vallisoletano es además fraile dominico.

Graduado en Física y también músico, su llamada a la vida religiosa tiene un fuerte componente intelectual, lo que además le ha acabado llevando la Orden de Predicadores, donde el estudio es uno de los aspectos centrales de la obra fundada por Santo Domingo de Guzmán.

Dejar todo para ser fraile

En una entrevista en la página de la orden, Bernardo explicaba cómo puede atraer este modo de vida a un joven de su edad. “Una de las cosas que me llama la atención es la cantidad de tiempo que lleva existiendo en la vida de la Iglesia (¡dese el siglo IV!), pero también es interesante la variedad que hay de institutos de vida consagrada: todos tienen una identidad y carisma propios, pero en conjunto son capaces de ir cubriendo, en la medida de lo posible, las necesidades de cada etapa social y eclesial. Y esta es también otra atractiva característica de la vida consagrada: la misión, es decir, ponernos al servicio de la humanidad de cada época para así poderle ser útil. Otro elemento que me atrae mucho es la vida comunitaria: ¿cómo es que personas tan distintas, de diferentes edades, procedencias, incluso culturas, son capaces no sólo de vivir en el mismo sitio, sino de convivir en fraternidad? En general, en las comunidades religiosas puede reconocerse cierta armonía interna, algo que nos sostiene… ¡Esto solo puede ser obra del Espíritu”.

entrevista novicio bernardo sastre

Fr. Esteban Nko, novicio dominico; Fr. Jesús Díaz Sariego, prior de la Provincia Hispania, y Fr. Bernardo Sastre

Volviendo a su llamada a la vida religiosa, Bernardo explica que su familia tenía desde siempre relación con un convento dominico de Valladolid, pero “hasta hace poco la Iglesia había formado parte de mi vida como otro compartimento más, y no como la estantería central. Cierto es que no renegaba de ella, pero tampoco me implicaba demasiado en su vida y misión”.

Tres circunstancias claves

Sin embargo, este joven novicio asegura que todo cambió hace relativamente poco a partir de tres circunstancias concretas: la curiosidad intelectual, el misterio de la música y el sentido de la vida.

“A raíz de este conjunto de sucesos personales, descubrí la acción de Dios en mi vida (hasta entonces creía en él, pero no lo había experimentado de manera tan clara y cercana como hasta ese momento). En definitiva, me encontré con el Señor: el Dios hecho hombre entró en mi historia como una persona más”, explica.

Asimismo, en su testimonio explica de manera más detallada y en primera persona estas tres circunstancias:

1) La curiosidad intelectual: A medida que me iba formando en temas relacionados con el cristianismo, la historia de la Iglesia y similares, me iba dando cuenta de que estas cuestiones iban resolviendo muchas de las intrigas que me inquietaban e incluso afectaban, sobre todo las relacionadas con la existencia del mundo, la naturaleza del ser humano o la divinidad.

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2) El misterio de la música: Empecé a tocar el violín de pequeño y en mi entorno la música siempre ha estado presente. El momento culminante fue la oportunidad de tocar El Mesías, de Händel, con la orquesta de mi universidad (al final de mi carrera de Física): esta obra hizo que el Mesías fuera entrando poco a poco en mi vida…

3) El sentido de la vida: En las vivencias que tenía hasta el momento, había elementos que no terminaba de encajar del todo, como el problema de la existencia del mal. Además, notaba que, en caso de dedicarme exclusivamente a la física, me iba a faltar algo importante…”.

Una llamada concreta a la Orden de Predicadores

Y después de esto llegó la llamada dentro de la llamada: quería ser fraile dominico. “Me fui acercando a la Orden de Predicadores a través del contacto directo con diversas personas (con las que terminé participando en varias experiencias vocacionales, pascuas juveniles…)”, señala.

¿Por qué precisamente ser dominico? Bernardo lo explica así: “Lleva siglos dando testimonio de su carisma y misión en el mundo, de lo cual me atraen especialmente dos aspectos: el estudio y la predicación. Por un lado, el estudio, porque me ha cautivado desde siempre: poder formar parte de la búsqueda de la verdad de las cosas a través del estudio (que tiene por base los libros, pero no solo) es una empresa fascinante. Además, me encanta que la Orden haya dado desde el principio tanta importancia a la ciencia y la razón como medios de profundización en la creación y su Creador. Por otro lado, la predicación, porque creo en el poder de la palabra para transformar la realidad a mejor (empezando por el interior de uno mismo); en especial, en la fuerza de la palabra de Dios, transmitida con sinceridad y cercanía”.

Por último, este castellano de 25 años responde a una última pregunta: ¿ser joven y optar por la vida consagrada hoy en dúa no es un poco raro? Y así responde fray Bernardo: “¡Lo cierto es que sí! La sociedad de hoy en día nos hace un montón de ofertas, pero no es lo habitual que aparezcan anuncios en la prensa para cubrir ‘plazas vacantes’ en un convento… [Risas]. También es verdad que, aunque sociológicamente no seamos un caso tan común, a veces nos encontramos con algunas sorpresas: ahí está, por ejemplo, la reciente noticia de Philip Mulryne, que ha pasado de ser jugador del Manchester United ¡a fraile dominico! En cualquier caso, creo que cada persona tiene que emprender el camino por el que se sienta llamado, independientemente de las tendencias sociales o modas de cada momento cultural: tampoco se trata de ir a contracorriente, pero sí de ser fiel a los propios principios, valores, cualidades personales, etc. Concretamente, en la vocación religiosa (aunque no exclusivamente), esta fidelidad se da principalmente hacia un llamamiento, al que intentamos responder con nuestra propia vida; esta llamada vocacional la hemos ido sintiendo y confirmando a lo largo de diversas experiencias de la propia historia personal, ligadas a personas, lugares, circunstancias, acontecimientos, etc. Cristo no te va a llamar por teléfono… pero sí que, respetando al máximo tu libertad, va ‘hablándote’ a través de todos estos elementos”.

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