Miércoles, 23 de octubre de 2019

Religión en Libertad

«Una cosa es decir tus pecados» y otra «reconocerse pecadores, necesitados de Jesús», dice Francisco

ReL

Francisco explicó en Santa Marta la carta a los Efesios y su visión experiencial del amor de Dios
Francisco explicó en Santa Marta la carta a los Efesios y su visión experiencial del amor de Dios

El Papa Francisco predicó este jueves en la misa matinal en Casa Santa Marta sobre la necesidad de reconocerse pecadores y de acudir a Jesús para no ser meros “cristianos de palabras”.

"Si alguien nos pregunta: “¿Quién es Jesucristo?”, nosotros responderemos lo que hemos aprendido: Es el Salvador del mundo, el Hijo del Padre, lo que “rezamos en el Credo”, empezó el Papa Francisco. "Pero un poco más difícil responder a la pregunta acerca de quién es Jesucristo “para mí”. Es una pregunta que “nos cohíbe un poco”, porque para responder “debo llegar a mi corazón”, es decir, partir de la experiencia".

Por ejemplo, San Pablo no llegó a Cristo a través de estudios teológicos. Habla de su experiencia: ‘Me amó y se entregó por mí’. Quiere que los cristianos – en este caso los cristianos de Éfeso – tengan esta experiencia y lo digan como algo propio, señaló el Papa, remitiéndose a la lectura del día (Efesios 3,14-21). Él desea que los cristianos comprendan “cuál es la amplitud, el largo, la altura y la profundidad del amor de Cristo que supera todo conocimiento, porque están repletos de toda la plenitud de Dios”.

Elegido por amor, pero pecador

Francisco comentó que rezar muchas veces el Credo "ayuda", pero que el mejor camino hacia Dios es reconocerse pecadores.

Cuando Pablo dice que Jesús se ha entregado por él, quiere decir que ha pagado por él y lo relata en sus Cartas. La primera definición que da de sí mismo es, por lo tanto, la de “ser un pecador”, contando que ha perseguido a los cristianos, y parte precisamente del ser “elegido por amor, pero siendo pecador”.

“El primer paso para el conocimiento de Cristo, para entrar en este misterio – reafirmó el Papa – es el conocimiento del propio pecado, de los propios pecados”.

Después Francisco puso de manifiesto que en el Sacramento de la Reconciliación “nosotros decimos nuestros pecados” pero “una cosa es decir los pecados”, y otra cosa es reconocerse pecadores por naturaleza, “capaces de hacer cualquier cosa”, “reconocerse una inmundicia”.

San Pablo – reafirmó el Pontífice – ha hecho esta experiencia de su propia miseria, sabe “que tiene necesidad de ser redimido”, de alguien que “pague el derecho de decirse ‘Hijo de Dios’”: “Todos lo somos, pero hay que decirlo, sentirlo, y había necesidad del sacrificio de Cristo”. Por lo tanto, hay que reconocerse pecadores concretamente, avergonzándose de sí mismos.

Conocer a Jesús, no cristianos de palabras

Hay un segundo paso para conocer a Jesús: el de la contemplación, de la oración para pedir conocer a Jesús. “Hay una bella oración de un Santo que dice: “Señor, que te conozca y que me conozca”. “Conocerse a sí mismos y conocer a Jesús”, recordó nuevamente Francisco. Aquí se da esta relación de salvación, dijo el Papa y exhortó también a “no contentarse con decir tres, cuatro palabras justas sobre Jesús” porque, en cambio, “conocer a Jesús es una aventura, pero una aventura en serio, no una aventura de chicos”, porque el amor de Jesús es ilimitado.

“El mismo Pablo lo dice: ‘Él tiene todo el poder de hacer mucho más de lo que podemos preguntar o pensar. Tiene el poder para hacerlo. Pero debemos pedirle: ‘Señor, que yo te conozca; que cuando yo hable de ti, no diga palabras de papagayo, sino que diga palabras nacidas de mi experiencia. Y que pueda decir como Pablo: ‘Me amó y se entregó por mí’, y decirlo con convicción’. Ésta es nuestra fuerza, éste es nuestro testimonio. Cristianos de palabras, tenemos tantos; también nosotros, muchas veces, lo somos. Ésta no es la santidad; santidad es ser cristianos que obran en la vida lo que Jesús ha enseñado y lo que Jesús ha sembrado en el corazón”.

Rezar para conocer al Señor y a nosotros mismos

“Primer paso, conocerse a sí mismos: pecadores; pecadores. Sin este conocimiento y también sin esta confesión interior, que soy un pecador, no podemos ir adelante. Segundo paso, la oración al Señor, que con su poder nos haga conocer este misterio de Jesús que es el fuego que Él ha traído a la Tierra. Será un buen hábito si todos los días, en algún momento, pudiéramos decir: ‘Señor, que te conozca y me conozca’. Y así ir adelante”.

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