Miércoles, 04 de agosto de 2021

Religión en Libertad

La fe no es una fuerza mágica, ni un superpoder, ni un consuelo, dijo el Papa, sino un hilo con Dios

ReL

Francisco pidió que no se confunda la fe con un consuelo, algo a la medida de nuestras necesidades.
Francisco pidió que no se confunda la fe con un consuelo, algo a la medida de nuestras necesidades.
Francisco se despidió de Georgia este domingo a primera hora en el aeropuerto de Tbilisi (Tiflis), y tras un vuelo que no llegó a hora y media aterrizó en Baku, la capital de Azerbaiyán, segunda etapa de este viaje apostólico al Cáucaso. Allí fue recibido oficialmente por las autoridades del país, donde los católicos son 572, un 0,01% de la población.

Como recoge Álvaro de Juana en Aciprensa, lo primero que hizo el Papa Francisco fue celebrar Misa en la iglesia de la Inmaculada, en el Centro Salesiano de la ciudad. Participó un grupo de fieles entre las que se encontraban algunas Misioneras de la Caridad, la congregación fundada por la recién proclamada Santa Teresa de Calcuta.



En su homilía, el Pontífice destacó el verdadero estilo de vida del cristiano: el servicio.
 
“El servicio es un estilo de vida, más aún, resume en sí todo el estilo de vida cristiana: servir a Dios en la adoración y la oración; estar abiertos y disponibles; amar concretamente al prójimo; trabajar con entusiasmo por el bien común”, dijo el Papa.
 
Francisco explicó que los cristianos no están llamados “a servir sólo para tener una recompensa, sino para imitar a Dios, que se hizo siervo por amor nuestro”. “Y no estamos llamados a servir de vez en cuando, sino a vivir sirviendo”, añadió.
 
Pero a su vez alerto de dos peligros que se pueden presentar: que el corazón se vuelva tibio y el hacer las cosas para ganar prestigio. “Un corazón tibio se encierra en una vida perezosa y sofoca el fuego del amor. El que es tibio vive para satisfacer sus comodidades, que nunca son suficientes, y de ese modo nunca está contento; poco a poco termina por conformarse con una vida mediocre”.
 
“El tibio reserva a Dios y a los demás algunos «porcentajes» de su tiempo y de su corazón, sin exagerar nunca, sino más bien buscando siempre recortar. Así su vida pierde sabor: es como un té que era muy bueno, pero que al enfriarse ya no se puede beber. Estoy convencido de que vosotros, viendo los ejemplos de quienes os han precedido en la fe, no dejaréis que vuestro corazón se vuelva tibio. Toda la Iglesia, que tiene una especial simpatía por vosotros, os mira y os anima: sois un pequeño rebaño pero de gran valor a los ojos de Dios”.
 
Y cuando uno es “demasiado activo” puede caer en la tentación “de pensar como dueños, de trabajar sólo para ganar prestigio y llegar a ser alguien”.
 
“Entonces, el servicio se convierte en un medio y no en un fin, porque el fin es ahora el prestigio, después vendrá el poder, el querer ser grandes”, explicó Francisco.



El don de la fe 
El Papa también pidió a los fieles del país que permanezcan siempre unidos, “viviendo humildemente en caridad y alegría; el Señor, que crea la armonía en la diferencia, os custodiará”.
 
El Santo Padre comentó las lecturas de la liturgia del día y reconoció que Dios “no favorece nuestros deseos de cambiar el mundo y a los demás de manera inmediata y continuamente, sino que busca ante todo curar el corazón, el mío, el tuyo, el corazón de cada uno; Dios cambia el mundo cambiando nuestros corazones, y esto no puede hacerlo sin nosotros”.
 
Al hablar de la fe, manifestó que se trata de “un don de Dios” que “hay que pedir siempre” pero que “también requiere que nosotros la cultivemos”. “No es una fuerza mágica que baja del cielo, no es una «dote» que se recibe de una vez para siempre, ni tampoco un súper poder que sirve para resolver los problemas de la vida”.
 
“Porque una fe concebida para satisfacer nuestras necesidades sería una fe egoísta, totalmente centrada en nosotros mismos. No hay que confundir la fe con el estar bien o sentirse bien, con el ser consolados para que tengamos un poco de paz en el corazón. La fe es un hilo de oro que nos une al Señor, la alegría pura de estar con él, de estar unidos a él; es un don que vale la vida entera, pero que fructifica si nosotros ponemos nuestra parte”.
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