Lunes, 19 de agosto de 2019

Religión en Libertad

El Papa en el Angelus: Jesús entrega tres dones a la Iglesia: «Paz, alegría y misión apostólica»

ReL

El Papa Francisco en el Regina Coeli del domingo de la Divina Misericordia
El Papa Francisco en el Regina Coeli del domingo de la Divina Misericordia

Francisco en el Regina Coeli de este Segundo Domingo de Pascua y de la Divina Misericordia, recuerda el Evangelio de hoy: Este día, Jesús aparece a sus discípulos en el Cenáculo trayendo tres dones: paz, alegría, la misión apostólica. Ante el desconcierto y el miedo que nos inunde, acerquémonos a “Cristo con fe, abriendo nuestros corazones a la paz, la alegría y la misión, que es el anuncio de la misericordia divina”, explica la agencia de noticias de la Santa Sede.

Que el Espíritu de Cristo Resucitado, continuó, guíe y sostenga siempre la acción apostólica de la Iglesia, conservando fieles a su vocación a los obispos, sacerdotes, personas consagradas y todos los fieles bautizados.

Cuando Jesús invita a Tomás a tocar sus heridas, señaló el Papa, es una enseñanza para nosotros, como si Jesús nos dice, si tú no estás en paz, toca mis heridas. Y según el Papa, las heridas de Jesús son los problemas, las dificultades, las persecuciones, las enfermedades de tanta gente que sufre. ¿Tú no estés en paz? se pregunta, ve a visitar a alguien que es el símbolo de esas heridas de Jesús, dijo el Pontífice, toca sus heridas, porque es de ellas que surge la misericordia. Por esto hoy es domingo de la Misericordia. Y todos necesitamos de la Misericordia, lo sabemos dijo el Papa, acerquémonos a Jesús y toquemos sus heridas en nuestros hermanos que sufren. Seamos valientes, dijo, y toquemos sus heridas. Con estas heridas, Él está delante del Padre, se las hace ver, cómo si le dijera: "Padre, éste es el precio, estas heridas son lo que he pagado por mis hermanos". Con sus heridas, Jesús intercede por nosotros ante el Padre, dijo Francisco.

El Papa, recordando el Evangelio de hoy, nos dice que en el día de Pascua, Jesús aparece a sus discípulos en el Cenáculo trayendo tres dones: paz, alegría, la misión apostólica.

El don de la Paz

Las primeras palabras que dice Jesús a los apóstoles son: "La paz sea contigo". El Señor resucitado, dijo Francisco, trae paz auténtica, porque a través de su sacrificio en la cruz ha logrado la reconciliación entre Dios y la humanidad y ha vencido el pecado y la muerte. “Sus discípulos eran los primeros que necesitaban esta paz, porque, después de la captura y la sentencia de muerte contra el Maestro, habían caído en el desconcierto y el miedo. “Jesús se aparece vivo entre ellos y, mostrando sus heridas en el cuerpo glorioso, da la paz como el fruto de su victoria”.

“Pero esa tarde el apóstol Tomás no estuvo presente. Informado de este evento extraordinario, él, incrédulo ante el testimonio de los otros Apóstoles, pretende verificar personalmente la verdad de lo que ellos afirman. Ocho días después, como hoy, se repite la aparición: Jesús se encuentra con la incredulidad de Tomás y lo invita a tocar sus heridas”. Sus heridas, las heridas de Jesús, “son la fuente de paz, porque son el signo del inmenso amor de Jesús que derrotó a las fuerzas hostiles del hombre, es decir, el pecado, el mal y la muerte”.

El don de la Alegría

El segundo don que el Jesús resucitado trae a los discípulos es la alegría. El evangelista informa que "los discípulos se regocijaron al ver al Señor". Francisco afirma que el tiempo de Pascua es un momento de alegría, por lo que la liturgia nos hace repetir continuamente: "Este es el día que hizo el Señor, regocijémonos y alegrémonos". La resurrección de Jesús, dijo el Papa, es la razón más grande de nuestro gozo; Él ha destruido los obstáculos y las fuerzas negativas del mundo, que nos impiden ser felices. Así, nuestra existencia, gracias a su muerte y resurrección, se caracteriza por la positividad y la esperanza, y esto para nosotros es una razón de verdadera alegría.

El don de la Misión

Además de la paz y la alegría, Jesús también presenta la misión a los discípulos. Él les dice: "Como el Padre me envió, también yo os envío". El Papa dijo por último que la resurrección de Jesús es el comienzo de un nuevo dinamismo de amor, capaz de transformar el mundo con el poder del Espíritu Santo.

“Este amor se extendió a través de los apóstoles y sus sucesores, pero también a través de todos los demás fieles. De hecho, el Jesús resucitado confía la tarea de anunciar el maravilloso evento de su resurrección a cada cristiano”. Cada persona bautizada está llamada a transmitir los dones divinos de paz y alegría, dijo, continuando así la misión salvadora de Jesús en el mundo, cada uno de acuerdo con su propia vocación.

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