Martes, 07 de julio de 2020

Religión en Libertad

Audiencia pública sin público: el Papa hace la catequesis del miércoles sentado en la Biblioteca

Es una escena insólita ver al Papa predicar su catequesis del miércoles sin público, desde la Biblioteca, sólo con ayuda de sus traductores
Es una escena insólita ver al Papa predicar su catequesis del miércoles sin público, desde la Biblioteca, sólo con ayuda de sus traductores

ReL

Durante décadas, el miércoles ha sido el día en que los Papas salían a la Plaza de San Pedro o a un aula de gran tamaño en el Vaticano para encontrarse con las multitudes de peregrinos, darles la mano, acariciar niños, abrazar y saludar e impartir una catequesis.

Pero la crisis sanitaria por el coronavirus lo ha cambiado todo. Con 8.000 contagiados y 463 muertos en toda Italia, estando el país cerrado (no sólo las fronteras, sino mil actividades cotidianas) el Papa ha decidido realizar su catequesis a través de los medios de comunicación, comentándola sentado en la Biblioteca Apostólica, acompañado sólo de unos pocos colaboradores (traductores para las lecturas y resúmenes en distintos idiomas) que se mantenían a una distancia prudente.

De hecho, en todo el país están suspendidas las misas públicas: los sacerdotes ofrecen misa en su parroquia sin feligreses, pidiendo al Señor el fin de la epidemia.

Ánimos a los sanitarios y médicos contra el coronavirus

El Papa, terminada la catequesis, se dirigió "a todos los enfermos que tienen el virus y que sufren la enfermedad, y a los muchos que sufren la incertidumbre sobre sus enfermedades”, dijo.

Agradezco de corazón al personal hospitalario, a los médicos, las enfermeras y los enfermeros, a los voluntarios que en este momento tan difícil – precisó el Pontífice – están al lado de las personas que están sufriendo”.

Asimismo, el Santo Padre agradeció “a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que rezan por este momento, todos unidos, cualquiera que sea la tradición religiosa a la que pertenezcan”. Además, el obispo de Roma agradeció de corazón el esfuerzo que toda la población está haciendo para afrontar esta enfermedad y sobre todo, para evitar su propagación.

Además pidió "que este dolor, esta epidemia tan fuerte, nos haga olvidar a los pobres sirios, que están sufriendo en la frontera entre Grecia y Turquía: un pueblo que ha sufrido durante años. Deben huir de la guerra, del hambre, de las enfermedades. No olvidemos a los hermanos y hermanas, tantos niños, que están sufriendo allí”.

El Papa también agradeció a la comunidad parroquial de la cárcel de Padua, a quienes encomendó la composición de las meditaciones para el Vía Crucis en el Coliseo el próximo Viernes Santo. “También quisiera agradecer a la parroquia de la cárcel ‘Due Palazzi’ de Padua: muchas gracias. Ayer recibí el borrador del Vía Crucis, que han hecho para el próximo Viernes Santo. Gracias por haber trabajado todos juntos, toda la comunidad carcelaria. Gracias por la profundidad de sus meditaciones”.

"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia"

“Nuestra reflexión de hoy nos lleva a considerar la bienaventuranza: «Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados», que no se refiere a un deseo genérico sino a una exigencia vital y cotidiana de todo ser humano: la necesidad de nutrirse para sobrevivir”, concretó el Pontífice, que continúa su ciclo sobre las Bienaventuranzas.

En su catequesis, el Santo Padre continuó con el recorrido de este esplendente camino de la felicidad que el Señor nos ha dado en las Bienaventuranzas. “Hemos ya encontrado la pobreza de espíritu y el llanto – mencionó el Pontífice – ahora nos confrontamos con otro tipo de debilidad, aquella relacionada con el hambre y la sed. Hambre y sed son necesidades primarias, se refieren a la sobrevivencia”. Esto hay que subrayarlo, dijo el Papa, aquí no se trata de un deseo genérico, sino de una necesidad vital, de una exigencia cotidiana, como es la nutrición.

En este sentido, el Papa Francisco se pregunta: ¿qué significa tener hambre y sed de justicia? Ciertamente no se refiere a aquellos que quieren venganza; por el contrario afirmó el Pontífice, en la bienaventuranza anterior hemos hablado de mansedumbre. También es verdad que, las injusticias hieren a la humanidad; la sociedad humana tiene una necesidad urgente de equidad, de verdad y de justicia social; recordemos que el mal que sufren las mujeres y los hombres del mundo llega hasta el corazón de Dios Padre. ¿Qué padre no sufriría por el dolor de sus hijos?

Una justicia más grande que el derecho humano

El Santo Padre recordando que, las Escrituras hablan del dolor de los pobres y oprimidos que Dios conoce y comparte y ante ello baja para liberar a su pueblo, dijo que, “el hambre y la sed de justicia de la que nos habla el Señor es aún más profunda que la legítima necesidad de justicia humana que todo hombre lleva en su corazón”. En el mismo "Sermón de la Montaña", señaló el Papa, un poco más adelante, Jesús habla de una justicia más grande que el derecho humano o la perfección personal, diciendo: «Si vuestra justicia no es superior a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt 5, 20). Y esta es la justicia que viene de Dios (cf. 1 Cor 1:30).

En todo corazón se esconde un anhelo de luz

Si bien es cierto, en las Escrituras encontramos expresada una sed más profunda que aquella física, que es un deseo puesto en la raíz de nuestro ser, como dice el Salmo 63, también los Padres de la Iglesia hablan de esta inquietud que habita en el corazón del hombre.

San Agustín dice: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Existe una sed interior, un hambre interior, una inquietud. “En cada corazón, incluso en la persona más corrupta y alejada del bien – precisó el Pontífice – se esconde un anhelo de luz, aunque esté bajo los escombros del engaño y el error, pero siempre hay la sed de verdad y del bien, que es la sed de Dios. Es el Espíritu Santo quien suscita esta sed: es Él el agua viva que ha plasmado nuestro polvo, es Él el aliento creador que le ha dado vida”.

El Evangelio es la más grande justicia

Por esto, subrayó el Santo Padre, la Iglesia es enviada a anunciar a todos la Palabra de Dios, impregnada del Espíritu Santo. “Porque el Evangelio de Jesucristo es la más grande justicia que se puede ofrecer al corazón de la humanidad, que tiene una necesidad vital, aunque si no se dé cuenta”. Es con la ayuda de la gracia de Dios que los matrimonios, los jóvenes y los niños tienen que ir adelante, por ello es necesario proteger y alimentar en el corazón de todos este deseo de amor, de ternura, de acogida que expresan en sus impulsos sinceros y luminosos. Por esto, toda persona está llamada a descubrir lo que realmente importa, lo que realmente necesita, lo que le hace vivir bien y, al mismo tiempo, lo que es secundario y de que cosa se puede prescindir.

Pidamos la gracia de tener sed de justicia

Asimismo, el Papa Francisco señaló que, “Jesús anuncia en esta bienaventuranza – hambre y sed de justicia – que hay una sed que no será decepcionada; una sed que, si es sostenida, será saciada y siempre alcanzará el fin, porque corresponde al mismo corazón de Dios, a su Espíritu Santo que es amor, y también a la semilla que el Espíritu Santo ha sembrado en nuestros corazones”. “Que el Señor nos de esta gracia – concluyó el Papa – de tener esta sed de justicia que es precisamente el deseo de encontrarlo, de ver a Dios y de hacer el bien a los demás”.

El Evangelio, la única capaz de saciar nuestra sed de Dios

Antes de concluir su catequesis y saludando cordialmente a los fieles de lengua española, el Papa Francisco invitó a todos a pedir la gracia de que nunca nos falte la sed y hambre de Dios. “Pidamos al Señor Jesús que nunca nos haga faltar el agua viva del su Evangelio, única capaz de saciar nuestra sed de Dios, y nos conceda también su Espíritu Santo para poder cumplir la voluntad del Padre, con un corazón lleno del amor de Dios y bien dispuesto al servicio de los hermanos”.

Insólita catequesis de los miércoles: el Papa la predica sentado desde la Biblioteca apostólica, con sólo sus colaboradores traductores, a causa del coronavirus

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