Sábado, 07 de diciembre de 2019

Religión en Libertad

Beata María Emilia Riquelme

ReL

No quieras más que amar a Dios y hacerlo todo por agradarle; esto sí que es la alquimia que todo lo vuelve oro fino.

Mi Dios y mi Todo. En Dios todo lo encuentro, sin Él nada quiero. Él me satisface plenamente. Pero, Señor, que me conozca y te conozca, que sólo suspire por mi humillación y tu gloria. Madre mía, tú sola puedes alcanzarme esta gracia.

En el amor de Dios está toda la plenitud de la perfección, la fuerza contra los peligros, el descanso en los trabajos, un consuelo incomparable… remedio universal. El amor de Dios todo lo llena.

En el cielo y en la tierra lo que vale es el amor.

Amar es no pensar más que en amar a tu Dios, y el amor te irá enseñando lo que debes practicar.

¡Oh mi Dios! Si viéramos quién es nuestro Señor, cómo lo amaríamos, y sólo querríamos agradarle.

Amor se paga con amor… sacrificio con sacrificio… corazón con corazón… Gloria eterna será el premio magno de algún pobre sacrificio.

Qué humilde nos llama el Señor, parece que nos necesita; nosotros no te hacemos falta, tú eres quien nos hace falta a nosotros.

Siempre y en todas partes Dios, esto es lo único necesario, lo justo, lo que más nos conviene, lo más descansado, lo que nos hace más feliz en este mundo y en el otro. ¡Oh, qué dicha ser toda de Dios!

Pude seguir el impulso divino que me apremiaba, despreciando el humano respeto y perdiendo mi pobre nada en Dios, que fue siempre mi todo.

Yo, vuestra ruin esclava, juro por Vos, mi Dios y mi Señor, que os amo con todo mi corazón, que os prefiero y os preferiré sin comparación a cualquier otro amor por puro, grande y santo que sea, que prefiero perder mi vida mil veces, antes que perder un átomo de vuestro amor a mí, de mí a Vos, mi Dios y mi Señor, que sólo deseo amaros más, muy más.

 Ama a quien siempre te amó y te amará. Él sólo es fiel… Él ama más que nadie, ¿no lo ves? ¡quién como Jesús!

El amor de Jesús quita el miedo.

Ama a Dios, es el “solo BUENO”, los demás todos tenemos cositas, ingratitudes y miserias, quien más quien menos, siempre valemos nada.

Actos de amor de Dios sin amor, es algo tan frío, que ni lo mirará Dios; pero, una mirada de amor y un poquito de amor, recrean su corazón.

Amad a Jesús y a María en medio de penas, dolores, sequedades, abandono... amadle generosamente.

Ama a Jesús, mira sus penas y verás son un juego las tuyas; las criaturas qué poco o nada damos… Dios todo; busca al único y en Él hallarás todo.

En tu corazón no entre más que Jesús, a Él ama y Él será tu gozo y eterna corona.

Hoy Jesús te admite por esposa suya… sé fiel y paga con amor y sacrificio los infinitos que por ti hizo Él

Quiero ver tu corazón todo celestial, empezando en la tierra los cánticos celestiales del amor… ¡serías tan dichosa! ¡Vale todo tan poco, vale tanto Jesús!

¡Qué bueno es Dios!; sólo buscándole un poco se hace como el encontradizo.

¡Oh el amor de Dios a sus criaturas! Gracias mi Señor. Amar a Dios y hacer su voluntad es lo más grande que puede haber; pero, sin callejuela, lisa y llanamente, mirando a Dios.

Ama a Jesús y Él llenará todo tu corazón.

Ama a Dios, mira sólo a Él y no temas nada. Él es fiel y jamás nos abandona.

Dios es nuestro todo. Ama sin reservas a tu Dios que Él paga amor con amor.

Mira a Jesús, ¡aquí está todo!: el consuelo, la luz, la paz.

No pienses tanto en ti, sino en amar a Jesús; y olvídate de si atrasas o adelantas. Hazlo todo lo mejor que puedas; ama mucho y en paz.

¿Sabes lo que dulcifica las penas? El amor de Jesús. ¿Qué te dará dulzura, paciencia y caridad? El amor de Jesús. ¿Quién te dará una espléndida corona? El amor de Jesús. ¿Quieres ser valiente misionera? Ama. ¿Quieres ser Santa? Ama. ¿Quieres consolar a Jesús? Ama. ¿Quieres ser siempre fiel a Jesús? Humíllate siempre. ¿Quieres complacer a Dios? No quieras más que su santísima voluntad.

Ama a Dios de verdad. Esto sí que es lo único, lo verdadero, lo esencial. Humo o casi humo lo demás. Véncete en lo poco que hoy te pide Dios. Mañana ¡quién sabe lo que te pedirá!

Hermoso rostro que predica muy alto el amor. Yo te prefiero a todo lo deleitable del cielo y de la tierra; yo quiero por tu amor asemejarme a Ti; yo detesto cuanto de Ti me aparte. Corta, rasga, quema cuanto a tu misericordia plazca; pero, no me dejes sin Ti ni un solo instante, y recíbeme en tu celestial aprisco el día de mi partida. Que yo no te ofenda ni te deje, ni por mi propia miseria deje de manifestar tu gloria.

Es semejante tu misión a la de los ángeles. Pídeles que te enseñen a amar y reverenciar a Jesús.

Ama a Dios, trabaja por Dios y calla para escuchar a Dios.

Sólo Dios basta; y sin Dios, nada. Dios y siempre Dios; y a todo momento, Dios. Nuestra riqueza es el amor de Dios. Qué dicha vivir para Dios sin traba ni dique alguno.

Misericordia, Dios mío. Yo te amo, mi Dios, lo mismo me consueles o no. Siempre… besaré tu mano.

Todas a ser muy buenas, confiar en Dios y dejar correr la vida. Vivamos como gente del Cielo, que atraviesa el penoso puente de la vida para llegar a su hermosa, y felicísima, y eterna patria.

Acepta con igual gusto cuanto la Divina Providencia te envía, sol o sombra. Así se llenará tu corazón del divino Jesús.

Espíritu interior es, creo yo, vivir muy unida a Dios y tener el corazón muy cerca de Él, no deseando más que agradarle en lo chico y en lo grande.

Gracias a Dios está más que visto, que Él sólo quiere ser mi luz y mi único apoyo. Yo busco medios naturales y sólo encuentro espinas desgarradoras; pero Él y su Santísima Madre, son nuestra luz y nuestro todo, para nuestra amadísima Congregación.

Dios mío, yo extiendo mi mano: una limosnita si os place, un poco de amor, un poco de fuerza, un poco de alegría.

Si vierais todas qué tesoro es no querer más que la voluntad de Dios. Yo sólo pienso y hago esto. Sufro, sí, pero soy muy feliz.

Nuestro Señor, en su infinita bondad y sabiduría, se digna herirme en lo más sensible que tiene mi corazón; y ni un lazo, pequeño ni grande, me deja. Mi corazón se queja de tanto palo; digo el corazón físico, que mi voluntad es toda de Dios, así me consuele o me castigue. Yo beso y agradezco su mano; que, si bien todo me lo quita Él, le pido, por caridad, no me abandone.

Tanto golpe, tan fuerte y para mí inesperado, me ha dejado con una sola actitud, que a Dios y a su Santísima Madre debo; que es acatar, besar y agradecer la mano que me hiere y traspasa el corazón.

¡Qué cosa tan buena es esta vida de unión con Dios! Este sí que es el tesoro escondido de la perfección.

Amad a Dios todas, lo demás es pérdida de tiempo. Unión de todas con el tronco, y María Inmaculada nos lleva a todas a Jesús; obediencia que, en resumen, es humildad; caridad mutua que es amor de Dios.

Sed, ahora y siempre, todas una con caridad verdadera. Un solo corazón, un solo anhelo, la gloria de Dios y su amor.

Queriendo yo amar más a Dios le dije: Señor, Vos sólo me bastáis. No -me dijo mi Jesús- Yo quiero esta unión para fomentar la caridad.

El amor de Dios todo lo llena. Basta sólo el amor. Vivid como pide vuestro estado, en Dios; amad mucho a Dios, pedidle su amor… este es el cielo en la tierra.

Yo le pido a Jesús que por este dolor me dé más amor suyo; hemos hecho trato dulcísimo con mi Jesús; bendito mi dolor si me alcanza amar mucho a Dios.

Si en el tiempo de la prueba preguntas y no contestan, y sufres mucho sin consuelo, y permaneces firme en su amor, señal que amas.

Ama. Ámame muchísimo más… silencio, recogimiento… humíllate en todo y ante todos… piensa sólo en Mí; en los demás lo preciso nada más. Estarás en paz contigo cuando me sepas amar, cuando te dejes a ti misma para contentarme a Mí, cuando todo lo abandones para poder encontrarme. Tener paz es ser muy chiquita, no querer gobernar, renunciar a los halagos, al mundo, prosperidad, ir siempre contra corriente, hacia arriba.

¿Sabéis el gran negocio, el grandísimo tesoro que ansío procuréis ganar? Por Él sufro, por Él no me importa, si Dios lo quiere, sufrir más, aún muchísimo más… Es un poquito siquiera de más amor de Dios; ese hermosísimo fuego nos iluminará en nuestro camino y nos dará una felicísima eternidad.

Déjate llevar. Esta unión con la voluntad de Dios, con Él mismo, me absorbe por días más. Es lo único que absorbe mi vida: servir a Dios y agradarle.

No miréis mucho las cositas de la tierra, es como una pesadilla que tenemos por la noche; a lo eterno, a lo que no se acaba.

¿Quién valdrá más a los ojos de Dios? La que cumpla mejor, la que lo ame más, no con palabras vanas sino con obras. Sed buenas y estad prontas para todo, es decir, para ir y para venir, para subir y para bajar; pero no en un momento de entusiasmo, sino siempre.

Si somos misioneras, es preciso que suframos por Dios y por las almas.

Quiero agradar a Dios sin adornos y falsas humildades; prudencia, amor suyo y me basta.

Únete a Jesús… pero unión íntima, de corazón a corazón. Tú serás feliz en medio de tus penas, y Jesús será tu eterna corona.

Jesús sea tu mejor amigo, éste te será siempre fiel.

¿Es posible que eches algo de menos teniendo a Jesús, María y José? Ámalos, y en sus corazones encontrarás, con creces, con qué satisfacer los deseos de amar del tuyo.

Jesús sólo sea tu amor, tu descanso, tu reposo eterno, tu todo.

Tu corazón sólo en Dios; mira con despego todo lo que acaba; pero sirve a Dios con corazón ancho y tranquilo.

No mires mucho a la tierra; siempre remonta tu vuelo al cielo con las alas de la pureza y el amor.

A los pies de Jesús, qué bueno y seguro camino para gozar de sus ternuras divinas.

Jesús te llama y te espera para saciar tu alma de celestiales aguas. Responde… di… Señor ¿qué quieres de mí?

¿Quieres que consolemos a Jesús en su cruz? ¿sabes cómo? amándolo más, muchísimo más.

El amor de Dios santifica, el amor del prójimo consuela, el amor propio mata.

Las que amáis a Cristo, venid, llegad; os diré sin rodeos lo que es amar: amar es inmolarse al Sumo bien, es darse sin medida ni restricción; no querer ya más premio que el puro amor; pero amor sin barreras, amor de Dios.

Hijas, sólo Dios; y, todo lo demás, sólo por Dios.

Hijas, dejadlo todo por Él, que Él lo vale todo.

Amemos y sirvamos a Dios con toda el alma.

Hijas mías, vamos a amar mucho a Dios todas.

Dios está con quien cumple con su deber.

Amemos muchísimo a Dios; ya veréis, todo pasará.

Dios, y sólo Dios; y lo demás es necedad.

Jesús es el encanto de sus pobrecitas misioneras.

Es preciso tener valor y no achicarse; con Dios y su Madre todo lo podremos.

Dios nos ayudará. Amémosle mucho y así seremos felices.

Amad mucho a Dios; es el sanalotodo de la vida espiritual y temporal.

Amad a Dios y sed todas muy humildes.

Con Él siempre muy bien; sin Él imposible vivir.

Tienes a Dios y a tu Madre; no pidas más.

Qué hay más dulce que un AMÉN mirando a Dios. Sed buenas, mirad a Dios; es lo mejor.

Oración para pedir la humildad:

“Jesús mío, por tu amor, por tu infinita misericordia, dame un poquito de luz, QUE YO TE
CONOZCA Y ME CONOZCA A MÍ, aunque tenga mucho que sufrir.
Que yo sea buena y te busque en todo sólo a Ti, que yo sea sencilla y chiquita, que no busque más que esconderme en todo y siempre.
Jesús mío, dame la humildad y la dulzura de tu Corazón, dime lo que tengo que hacer y lo
que tengo que hablar, dímelo todo Jesús mío; hazme muy dócil, y que voluntariamente no te
desagrade nunca.

Jesús mío, ya no puedo más, pero Tú lo puedes todo.
Ayúdame, no me dejes, dame rectitud en todo.
Haz que te ame mucho. Jesús mío, soy tuya”.

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