Viernes, 19 de agosto de 2022

Religión en Libertad

Habla una ex consagrada del Regnum Christi


Las mujeres consagradas no son títeres fabricados, son mujeres como cualquier mujer en el mundo, que sienten, que lloran, que ríen, pero sobre todo que tienen un corazón muy grande capaz de dejarlo todo por ayudar a los demás.

por Cecilia Flores

Opinión

La intención de este artículo es decir la verdad completa y no a medias y manipulada como en varios artículos que han salido recientemente en los medios de comunicación. La sociedad tiene el derecho a escuchar toda la verdad, y con TODA LA VERDAD me refiero a las cosas buenas y malas. Las malas ya las saben la mayoría de las personas porque ya han sido dadas a conocer por medio del comunicado oficial que mandaron los Legionarios, junto con el comunicado de la Santa Sede de hace pocos días.

Ahora yo quiero hablar de las cosas buenas de la vida consagrada. Yo soy una persona ex consagrada del Regnum Christi, así que sé de lo que hablo porque lo viví en primera persona. Fui un miembro consagrado libre y decidí salirme de la vida consagrada porque no era lo que Dios me pedía. Fui muy feliz esos 4 años y estoy muy agradecida de haber podido tener esa experiencia y haber conocido a las consagradas más de cerca.

Voy a hablar de mi experiencia, que es algo subjetivo ya que es personal, pero quiero mencionar los Estatutos y Reglamentos del Regnum Christi, para basarme también en hechos objetivos.

Salí de la vida consagrada con un título universitario en la Universidad Anáhuac y ahora tengo un master en marketing y comunicación, tengo 23 años. Los primeros 4 años de la vida consagrada se dedica al estudio, a la preparación INTEGRAL, pero sobre todo a la intelectual. Llevan materias como filosofía, metafísica, psicología, administración, medios de comunicación social, bioética, doctrina social de la Iglesia, historia del arte, entre otras. Y esa preparación, esas horas y horas de estudio, están motivadas por un deseo muy grande de poder hablarnos de la verdad, de poder iluminarnos y de poder darnos razones. Otra vez, lo hacen pensando en todos nosotros.

Las mujeres consagradas no son títeres fabricados, son mujeres como cualquier mujer en el mundo, que sienten, que lloran, que ríen, pero sobre todo que tienen un corazón muy grande capaz de dejarlo todo por ayudar a los demás. Ellas ayudan, ¿y que significa esa ayuda? Significa donación, significa sacrificio, significa oración en silencio, significa escucha, significa paciencia, significa comprensión, significa cariño. También significa luchas, caídas, volver a levantarse, aprender, superarse… Pero ese tipo de cosas desgraciadamente no salen en los periódicos. Todo esto lo digo, porque es lo que yo he recibido y aprendido de ellas y puedo poner mis manos en el fuego que hay miles como yo que podrían decir lo mismo.

Sí, son mujeres normales, libres, que habrían podido formar una familia, pero que encontraron a un Dios amor que las llevó a dar su vida para que otros hicieran esa misma experiencia. Y puedo decir que yo y muchas más hemos hecho esa experiencia gracias a ellas, y gracias a ellas mi vida y la vida de muchas ha cambiado completamente. Han cambiado vidas, ¿porqué somos tan ciegos y no podemos entender y valorar lo que significa cambiar una vida? ¿quién de nosotros ha cambiado la vida de alguien?

Yo viví en un centro de formación 4 años, gracias a Dios mi familia tiene medios económicos, y durante los 4 años mis papás no pagaron ni un peso para pagar mis gastos. Es verdad que se sugiere hacerlo, ¿y si la familia puede ayudar a su hija, por qué no? Si la consagradas como cualquier persona comen, duermen, estudian y viven en una casa donde se gasta luz, agua, gas…

Ahora hago mención a los Estatutos y Reglamentos del Regnum Christi. ¨La vida de equipo debe estar animada por todas las manifestaciones de caridad que ayude a satisfacer las necesidades primarias de la persona de seguridad, realización personal y equilibrio afectivo¨. Mi equipo, cada una de mis compañeras en la vida consagrada fueron una amiga y una hermana. Son amistades profundas, verdaderas y desinteresadas. Lo que las une y lo que me unió a ellas es un cariño que no podría describir con palabras. Me ayudaron en los momentos difíciles, y compartieron conmigo momentos felices. Me motivaban y me hicieron ser mejor persona.

Sobre la ¨inflexible normatividad¨ de la que habla un artículo, podría nombrar miles y miles de casos en los que se hacen excepciones a las reglas, pero comento los míos: Yo experimenté y vi en los directores un trato personalizado. Solo para nombrar algunos casos: Yo visité mi casa 2 veces en un año, cuando vivía fuera del país. Algunas veces hablé con mi familia hasta 2 veces a la semana porque lo necesitaba y no porque necesitábamos recursos económicos. En fin, es un hecho no son palabras, en la vida consagrada se trata con personas, no con robots, y los directores velan por el bien personal de cada una. Que tal vez han fallado algunas veces, no lo dudo porque son personas, pero sé que su intención ha sido siempre hacer el bien. Y al final, ¿qué padre o madre no ha cometido errores con sus hijos?

Un artículo que leí hace poco hace mención a la prohibición de utilizar los medios de comunicación; es verdad que se les recomienda usar los medios de comunicación con prudencia, pero sería algo recomendable para todos, no solo para los religiosos. Y sí tienen acceso a los medios de comunicación. Yo leía el periódico y veía las noticias todos los días.

En fin, podría seguir escribiendo, pero para concluir quisiera decir dos cosas. La primera, quisiera pedirles a las personas que han escrito o hablado sobre los fallos, defectos y males de la vida consagrada que abran los ojos y acepten también las cualidades y todo el bien que hacen las mujeres consagradas. Ellas ya han aceptado lo que no han hecho bien, aunque siempre su intención fue hacer el bien. Ahora hay que aceptar también que haber entregado su vida a Dios y a los demás no ha sido en vano. Hay que aceptar que en este mundo necesitamos de mujeres como ellas que nos hablen del amor de Dios, que nos acompañen y aconsejen en los momentos difíciles, que guíen a los jóvenes por el camino de la verdad y que nos recuerden que todos tenemos una misión en la vida. Ellas han estado siempre ahí por nosotros, ahora nos toca estar ahí con ellas acompañándolas en su dolor.

Lo segundo, quisiera motivar a todas las personas que han recibido algún bien de las consagradas que no se queden calladas. Son momentos duros y difíciles para ellas y qué mejor momento para agradecerles todo el bien que nos han hecho. Las invito a acompañarlas en estos momentos y a motivarlas a seguir adelante. Normalmente el mal es más ruidoso que el bien, pero en éste caso, el BIEN que han hecho las consagradas es mucho más grande. Hablemos de ello y pidamos mucho a Dios por ellas. Él, que un día las llamó, se encargará de sostenerlas y fortalecerlas para continuar con su indispensable misión en este mundo.

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