Miércoles, 08 de abril de 2020

Religión en Libertad

Ayuno de whatsapp y de noticias


por Carmen Castiella

Opinión

Estoy saturada de información e iniciativas varias a través del whatsapp. No quiero amplificar el ruido escibiendo más... Seré breve. El móvil en modo avión me parece una bendición para vivir estos  días de aislamiento, de despojo de casi todo, de cierto silencio (aunque los niños y los no tan niños a ratos nos pongan de los nervios).  No desaprovechemos esta oportunidad de vivir en la medida que podamos la “espiritualidad del desierto”, la aridez existencial, la soledad que Jesús mismo vivió en su “cuarentena”. No se fue al desierto a pasar unos días tranquilos, sino a vivir la experiencia del ayuno de casi todo, para ser finalmente tentado por el diablo cuando más débil estaba. El móvil y el exceso de información pueden echar a perder este tiempo de purificación que nos está regalando el Cielo. "Te llevé al desierto para seducirte, para hablarte al corazón". Cada vez está más claro que esta situación tiene algo de apocalíptico, de tiempo especial de gracia y conversión mientras "la Creación entera gime con dolores de parto". Dios nos vuelve a gestar con esta oscuridad.

Con el silencio y  la oración de intercesión, ayudamos más a nuestros hermanos que bombardeándoles con cadenas de oración y vídeos. Es un tiempo de recogimiento en plena cuaresma, de intercesión por nuestros hermanos alejados de la fe, por los ancianos que tengan miedo, por las familias en las que falte la paz durante estos días (en China se han disparado los divorcios después del aislamiento). De tiempo para alabar al Creador y consolar el Corazón de Cristo, a estas alturas de la historia, tan herido de ingratitud, indiferencia y desprecio. Nuestra oración es pobre, inconstante como nosotros, pero Él la multiplica. La Virgen recoge todo, cada pequeña avemaría, cada misterio mediocremente rezado, cada intento de levantar la mirada al Cielo en medio del caos familiar, y se lo presenta al Señor para que lo multiplique. En mi casa somos cero ejemplares en nada. Nunca hemos logrado rezar un rosario entero en familia pero sí lo hemos conseguido con misterios sueltos. Con paz, sin forzar. Dios no quiere esclavos sino hijos.

He soñado durante años con una excedencia para dedicarme durante algún tiempo a cuidar de mi familia, a hacer más oración, a bajar el ritmo frenético en el que estaba inmersa. El Señor me la ha concedido con esta reclusión. Tengo dos semanas  por delante totalmente distintas a mi rutina ininterrumpida de los últimos quince años. Sin prisas, solo dedicada a los míos, a lo pequeño. A hacer despacio con ellos  la cama y la comida. A soportar con paciencia sus broncas y a disfrutar de su compañía en estas tardes eternas. No pienso permitir que el móvil eche a perder este tiempo. Con mirarlo un par de veces al día es más que suficiente. Estos días está a reventar, con cadenas de oración, vídeos, catequesis online, aplausos a los sanitarios, tareas infantiles, etc. Yo, al menos, estoy saturada con tanta iniciativa bienintencionada por llenar un tiempo que está llamado a estar vacío. Despojado de todo, como nosotros. Pascal escribió que "el problema del hombre moderno  es que no sabe estar solo en su habitación" (las madres diríamos a una que nuestro mayor deseo a las ocho de la tarde es encerrarnos en la nuestra, pero el diagnóstico es certero). El hombre que no sabe o no quiere reconocer lo que hay en las profundidades de su corazón: sus conflictos, sus miedos, sus heridas… tiende a amplificar el ruido, a llenar el tiempo de acción e incluso de esfuerzo e iniciativas bienintencionadas pero innecesarias.

El móvil y el exceso de información, contradictoria y todavía falta de perspectiva, pueden aturdirnos, confundirnos, inquietarnos inútilmente y hacernos desaprovechar esta oportunidad de crecimiento interior y de encuentro con Dios. La sobreinformación no nos hace estar mejor informados. ¡Hay tal cantidad de datos inútiles...! Hay que protegerse. El silencio ayuda a pacificar nuestro interior. Yo, por favor, pido que nadie me mande ni una lista más de cosas para hacer con los niños en casa. Creo que  a las madres nos  sobran las “ideas“, cada casa es un mundo  y no es sano asumir por sistema el rol de “animadoras infantiles”. Los profesores, por favor, que no se vengan arriba mandando tantísima tarea a los alumnos a través de plataformas digitales. Dejadnos experimentar con el homeschooling sin dirigir tanto los contenidos. Quiero enseñarles otras cosas además de matemáticas durante estos días de oro. Me ilusiona ser yo su profesora y me  voy a permitir durante dos semanas elegir yo los contenidos y, de las tareas que les manden, harán sin agobios lo que consideremos razonable mi marido y yo, para empezar porque hay un solo ordenador en el que turnarse y el router va lentísimo. Por si a alguien le sirve, estos días me recuerdo a mí misma aquello de "padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos". Sálvese quien pueda, pero educar no es corregir y dirigir constantemente.  También hay momentos de fluir y disimular.

Hagamos algo de silencio. ¡El Cielo nos los está pidiendo a gritos! Nos ha regalado las condiciones óptimas, catorce días de reclusión por decreto, para hacer un retiro espiritual en nuestras propias casas. La mía a ratos es una jaula de grillos, de ruido y caos, de enfados y desenfados, de intentos de teletrabajar, pero éste es nuestro lugar de encuentro con Cristo. Soportar ese exceso de ruido con buen humor es el mejor ayuno, aunque tampoco está mal hacer ayuno del de verdad, para no acabar como bolas después del atraco a Mercadona. Puede ser un viaje sorprendente hacia el interior. Echamos en falta la Eucaristía. Pero Él nos dijo "el Reino de DIos está dentro de vosotros" o "cuando dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos". Está con nosotros.

Me da miedo ampliar el ruido que critico con tanta palabra. Acabo ya porque me estoy poniendo cargante.

Unidos por la comunión de los santos nos sostenemos unos a otros.

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