Lunes, 22 de julio de 2019

Religión en Libertad

Laicismo


​​​​​​​La postura laicista tiene al menos el mérito de la claridad: para ser demócrata hay que ser laicista y el que no opina así sencillamente no es demócrata, con lo que estamos ante el pensamiento único obligatorio y políticamente correcto.

por Pedro Trevijano

Opinión

Este jueves, 3 de mayo, hubo un debate sobre el laicismo en el Parlamento de La Rioja. El periódico local La Rioja informó sucintamente sobre él diciendo: “Otros acuerdos. Laicidad institucional. Con el voto en contra del PP salió adelante esta proposición de Podemos”.
 
De no haber sido por Religión en Libertad no me hubiese ni enterado de lo que pasó.
 
Para empezar: ¿qué se entiende por laicismo? El laicismo se basa en la creencia en la no existencia de Dios, lo que supone la no aceptación de la Verdad absoluta, porque al no existir Dios, la Verdad absoluta no existe o es inalcanzable. Para ellos “el laicismo es condición indispensable de cualquier verdadero sistema democrático y defiende el pluralismo ideológico en pie de igualdad como regla fundamental del Estado de Derecho y el establecimiento de un marco jurídico adecuado y efectivo que lo garantice y lo proteja frente a toda interferencia de instituciones religiosas que implique ventajas o privilegios”.

La postura laicista tiene al menos el mérito de la claridad: para ser demócrata hay que ser laicista y el que no opina así sencillamente no es demócrata, con lo que estamos ante el pensamiento único obligatorio y políticamente correcto.
 
El problema del debate en el parlamento riojano es que los laicistas confunden Estado aconfesional con Estado laico. Nuestra Constitución dice: “Art. 16-3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. España no es un estado laico, es aconfesional: no reconoce ninguna religión como oficial, pero ello no significa que la religión deba quedar reducida al ámbito privado y que las autoridades no puedan ir como tales autoridades a ceremonias religiosas, pues en muchas ocasiones resulta absurdo un festejo popular sin ceremonia religiosa.
 
En el debate se oyeron cosas como la expresada por Raúl Díaz, portavoz del PSOE en el parlamento riojano, quien dijo que "nuestro país solo dará el paso a la madurez cuando abrace el laicismo". Simplemente deseo decir al autor de esta frase que si se lee la encíclica de Pío XI contra el nazismo Mit brennender Sorge se puede dar cuenta de que, en cuestiones de educación, nazis y laicistas dicen exactamente lo mismo (ver los números 34, 35, 37 y 40 de la encíclica y que alguien me explique cuáles son las diferencias entre ambos). Ahora bien, si se considera a los nazis como un ejemplo de madurez, entonces le doy la razón.
 
Votaron a favor de esta proposición no de ley: Podemos, cuyo odio a la Iglesia es bien conocido; el PSOE, que cada vez vuelve más a las andadas de su rancio anticatolicismo; Ciudadanos, que ha cometido el gran error de apuntarse al bando anticatólico, despreciando el voto católico, que estaba muy bien dispuesto hacia él, pero poco a poco nos estamos dando cuenta de su verdadero talante.
 
En cuanto al PP, votó en contra. Hay una clara división en el PP, entre los partidarios de la línea Rajoy, claramente anticristiana, que domina en el Ayuntamiento de Logroño, donde por unanimidad se decidió no admitir en la ciudad el autobús de Hazte Oír, aunque fuese un disparate jurídico, y los restos del humanismo cristiano, que todavía existen en algunos lugares, como ha sucedido en este caso en el Parlamento riojano, al votar en contra del laicismo institucional.
 
Lo que he dicho hace referencia a lo sucedido en el Parlamento. Pero cada vez hay más gente que me pregunta: ¿a quién votar? Rajoy, cuando ganó las elecciones con mayoría absoluta, se apoyó en el humanismo liberal y en el humanismo cristiano. Pero hoy está muy claro que ha traicionado a éste defendiendo el aborto y la ideología de género, cruzando varias líneas rojas señaladas por Benedicto XVI en la Sacramentum Caritatis nº 83, por lo que muchos nos preguntamos: ¿a quién daré mi voto la próxima vez? Creo que acabaré votando a quien defienda mis valores.
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